La curvatura de la córnea

06 octubre 2009

Día de estreno


El Bus Circular 1 nos recogió frente a las piscinas de Alberto Maestro, 180º después nos bajamos a los pies de la Torre del Agua. Hicimos fila con el veranillo de San Miguel en nuestros cogotes. El interior del Palacio de Congresos de la Expo cumplió las expectativas arquitectónicas de esta ciudad: Aburridas líneas rectas y apabullante presencia de figuras geométricas cuadrangulares. Platea, fila 9, de la butaca 36 hasta la 41. La representación empezó con quince minutos de retraso. Obertura.
Mi chica a la derecha y más allá mis sobrinos: Javier (12 años), Paula (9 años), Julia (10 años) y María (12 años) Miré a cada uno de ellos una y cien veces mientras la vida sobre el escenario transcurría en un musical: Canciones de ABBA con letras arregladas para encajar con el texto del libreto, alegrías de guitarra acústica, dramas adornados por luces violetas, situaciones disco divertidas y bailarines con bañadores fosforitos. Mi chica y los zagales embelesados, ellos ríen o se quedan boquiabiertos, ella tararea las canciones, todos aplaudimos.
Llegó de improvisto. La ráfaga de emoción comenzó en la boca del estómago. Aparté la vista para no ver a mis cinco acompañantes. No sirvió de nada. La emoción alcanzó los lagrimales. Lloré lágrimas, lagrimitas de satisfacción. Me gustó tanto verles disfrutar.
Los últimos aplausos llegaron de noche. De nuevo al autobús que da vueltas sin parar. Regresé cantando y hasta me atreví con algún baile, me encantaría vivir en un musical, allí seguro que no desafinaba. Mi sobrino Javier bajó y cruzó la calle a toda pastilla, su madre lo esperaba junto al portero automático. Mis sobrinas Julia y María subieron cinco pisos en ascensor para encontrarse con sus padres y su hermana. Para ir a casa de mi sobrina Paula hicimos trasbordo, el 24 iba casi vacío. Empezaba a refrescar. Mis cuñados nos esperaban con un plato de jamón.
Mi chica y yo llegamos andando a casa. Silencio. Mañana tengo que madrugar. Telón rápido.



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