La curvatura de la córnea

28 octubre 2024

Las criadas

 


De la crueldad a la risa

El sociólogo Durkheim afirma que los ritos distinguen entre lo profano y lo religioso, separan lo sagrado de lo colectivo y regulan las relaciones entre la existencia humana y aquello que parece sobrepasar lo humano. Esta separación permite crear un emplazamiento espacial donde ocurren las cosas sagradas. Atendiendo a estas características podemos afirmar que 'Las criadas' (1947) de Jean Genet es la teatralización de un rito. El texto comienza estableciendo la diferencia entre la habitación señora con muebles Luís XV y encajes como un lugar religioso que no se debe "profanar", mientras nos recuerda que la cocina es el espacio natural donde las criadas vierten sus "esputos"

La función de Genet comienza describiendo la geografía donde se celebrará el rito y a continuación desvela el motor de la trama. El deseo de venganza Clara y Solange Lemercier. Las hermanas son criadas de una dama de la alta burguesía francesa que por las noches realizan una ceremonia ritual para asesinarla. En realidad quieren saciar un deseo de venganza que nunca va más allá de la ficción. Clara es la señora y Solange es Clara hasta que se estrellan con la realidad de la insatisfacción y el cabreo.

Genet suministra la información para acceder a este marco narrativo mediante el lenguaje oral, mientras que la propuesta de Companhia Do Chapitô apuesta por un teatro esencialmente visual que lleva la función a otro nivel interpretativo y así, mientras el autor francés inicia una peripecia hacia la tragedia, la compañía portuguesa hace hincapié en la repetición del ritual con el que se inicia la obra hasta llegar a un lugar similar.

La concepción absurda de las interpretaciones nos obliga a aceptar un nuevo universo donde priman el gesto, la expresión corporal y una pantomima asociada a unas pocas palabras y sonidos como elementos que buscan la Sonrisa cómplice. El deterioro de los elementos dramáticos provoca la desesperación de las protagonistas, mientras el espectador se debate entre reírse o apenarse por la situación a la que se ven abocadas. En el fondo se trata de subvertir la obra de Genet para alejarla lo máximo posible de un estilo que buscaba mostrar la crueldad y la maldad que forma parte de la sociedad, y centrar la acción dramática en el uso de la comedia física hasta no dejar lugar a dudas. Las torpezas de los actores, los mamporros y las cachetadas son la puerta abierta para que entre la diversión.

'Las criadas'

Creación colectiva de Companhia Do Chapitô a partir de la obra de Jean Genet. Dirección: Susana Nunes y Claudia Novoa. Interpretación: Paulo Quedas, Susana Nunes y Tiago Viegas. Música y Diseño Gráfico: Silvio Rosado. Diseño de luz: Nuno Patinho. Dirección de Producción: Tania Melo Rodrigues. Distribución: César Arias – Marmóre.

Jueves 26 de septiembre. Teatro Olimpia de Huesca.


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08 febrero 2024

Contracciones


 

Entre la distopía y la realidad laboral

El profesor de filosofía Juan Evaristo Valles Boix nos recuerda que las empresas contemporáneas están optando por cambiar su relación con los trabajadores para aumentar su productividad. Ahora la estrategia pasa por la seducción y consiste en que el asalariado perciba que su vida personal y la esfera laboral se funden en un único universo. En esta nueva situación es posible que cualquier experiencia íntima y es susceptible de convertirse en el combustible que aumente la productividad. Se trata de que el trabajo deje de ser el tradicional espacio de virtud que nos dignifica, para convertirse en una compensación psicológica en la que el sueldo se disfrazada de precariedad y disponibilidad absoluta a cambio una realización integral de la persona. El engaño es monumental.

‘Contracciones’ parece una partida de póker donde las protagonistas juegan sus cartas, pero en realidad es la historia de una de esas nuevas relaciones que solo se pueden comprender, como explica Paul Lafaargue, desde una lealtad a la compañía fraguada por una pasión desatada del trabajador por su ocupación y como, gracias al trabajo de desgaste de un coach empresarial capaz de generar un vínculo afectivo, se consigue una explotación tan sofisticada como cruel. Candela Peña es la trabajadora. Pilar Castro la voz del poder empresarial.

La utilización de micrófonos permite situar en el mismo plano de percepción el poder de la corporación y la posición siempre subalterna de la trabajadora y, precisamente por eso, las diferencias resultan mucho más evidentes. La función avanza y el sonido se convierte en el termómetro que nos avisa de las pequeñas variaciones que afectan a la relación. La primera vez que la trabajadora cede un milímetro en la parcela de su intimidad provoca una reacción de comedia en el público, pero Candela Peña ya ha modificado la seguridad de su discurso inicial. Aparentemente ella está cediendo desde una posición de libertad, parece que asume con naturalidad el asalto, y sin embargo en la modulación de su voz, en ese balbuceo entre lo dicho y lo no dicho, ya se aprecia el inicio de la una duda que la interpretación compensa con una actitud corporal mucho más segura. La incomodidad va incrementando en cada una de sus intervenciones. Lo hace en pequeñas dosis que todavía dejan espacio para la comedia. Hasta que su voz se modifica totalmente. Nos encontramos en el punto de inflexión. El tono de la peripecia cambia definitivamente. A partir de ese momento el silencio que precede al drama se instala en el patio de butacas hasta que Candela Peña termina de recorrer un aro dramático que la ha llevado desde una normalidad fría hasta la sorpresa de lo increíble, el desgarro y finalmente el sometimiento de su voz a un cuerpo destrozado. Pilar Castro modula los matices tonales de quien se sabe al mando y puede agasajar mediante un halago cálido con tono de hielo, pero también es capaz de recetar una reprimenda muy dura que siempre termina en ese guante de seda que solo está al alcance de los poderosos.

La escenografía divide el espacio mediante una gran mesa blanca que ejerce de frontera. A un lado la empresa con sus certezas. Al otro lado la trabajadora siempre con ese puntito de fricción entre la dignidad y la entrega. Esta geografía de dos espacios también tiene la virtualidad de la rebeldía. Va a llegar un momento en el que  la trabajadora será capaz de cruzar la frontera y asaltar el espacio de poder que ocupa la empresa.. Eso en tiempos históricos podría significar un momento revolucionario capaza de cambiar la relación. Pero estamos en medio de una distopía siglo XXI y romper una línea divisoria quizás solo sea la prueba definitiva de resignación. El último grito antes de culminar la tragedia: La rendición absoluta de la trabajadora.

El doble manejo de la naturaleza del tiempo es un factor esencial para que la percepción del espectador sea más intensa. El tiempo escénico de la representación es el habitual, mientras el tiempo de la ficción es mucho más amplio y ocupa tres años de la vida de las protagonistas. Es un mecanismo narrativo para concentrar las emociones que funciona muy bien porque en la vida real la coacción de la corporación se diluye en el tiempo para alcanzar un resultado catastrófico, sin embargo la percepción del espectador es la de un martillo pilón que repite una y otra vez el mismo modelo de relación durante quince escenas que empiezan y terminan de la misma manera, y que no dejan de ser un visionado en cámara rápida del deterioro de la trabajadora. Esa  rutina resulta agobiante y aumenta el desasosiego. El desenlace es tan desolador que el público necesitó un momentito de alivio para que los aplausos alcanzaran la gran ovación final.

‘Contracciones’

Producción: Producciones Come y Calla. Dramaturgia: Mike Bartlett. Versión: Jorge Kent. Intérpretes: Candela Peña y Pilar Castro. Dirección: Israel Solà. Diseño de Vestuario: Carmen17. Diseño de Escenografía: Bibiana Puig de Fàbregas. Diseño de Iluminación: Rodrigo Ortega. Creación Musical: Guillem Rodríguez.

Sábado 13 de enero de 2024. Teatro Olimpia de Huesca.

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03 octubre 2023

La Maldad

 


Malos y perversos para partirse de risa

El 25 de septiembre, dentro de la programación de la 37 edición de la Feria Internacional de Teatro y Danza de Huesca, se estrenó en el Teatro Olimpia de la capital oscense ‘La Maldad’. Una coproducción de LagartoLagarto y Zazurca Artes Escénicas con texto y dirección de Alfonso Palomares. La función es una nueva expresión de los guisos que Alfonso Palomares cocina mezclando a los clásicos con diferentes lenguajes escénicos: La descacharrante comedia ‘Don Gil de Olmedo es un sueño’ para rendir homenaje a Lope de Vega, o el delicioso viaje de ‘Palabra de bufón’ acompañando a Quevedo y Góngora. ‘La Maldad’ un paso adelante para enfrentarse a una presa mayor. Como afirma el poeta y dramaturgo Ernesto Filardi: La mejor manera de amar a Shakespeare es perderle el respeto.

La peripecia de ‘La Maldad’ puede transcurrir en un teatro o en las puertas del infierno, eso da un poco igual, lo importante es aceptar una premisa. Seis personas sobre el escenario que no saben muy bien ni donde se encuentran ni como han llegado hasta allí. La disquisición termina cuando verbalizan sus nombres y se percatan que se han convertido en los personajes más malvados de Shakespeare, excepto Ofelia que la pobre solo enloquece por el rechazo de Hamlet, el hombre que ha matado a su padre. Este planteamiento inicial tiene ecos de los ‘Seis personajes en busca de autor’ de Prirandello y la intención del autor italiano de aumentar la ilusión teatral, que el espectador cambie la forma tradicional de enfrentarse a lo que ocurre en escena y así, ‘La Maldad’ cabalga sobre una escenografía funcional y maleable para que la iluminación moldee ambientes y texturas diferentes, para destacar los tonos claros de un vestuario que unifica la acción en un momento contemporáneo.

La dramaturgia divide la acción en diferentes capítulos y estimulantes transiciones protagonizadas por la elegancia de la danza y una sabrosa banda sonora para interpretar canciones que fluyen en el tiempo y el espacio para que el espectador respire. La base fundamental son los textos de Shakespeare a los que se añaden pequeños monólogos relacionados con tragedias actuales, y el buen aliño del bufón que juega con dosis variables de parodia marca de la casa: Añadir momentos parodiantes y enfrentarlos a la situación y el texto parodiado para apelar a la risa del espectador.

La dirección y el elenco realizan un trabajo muy preciso para aunar todos los elementos narrativos bajo la premisa del ritmo desenfrenado que exige la comedia. Me recordaban al malabarista que mantiene en equilibrio varios platos sobre unos puntales de madera que agita constantemente mientras hace otras acrobacias. El reto es conseguir que los platos no se hagan añicos contra el suelo. Es una forma de narración similar a esos montajes audiovisuales a la que ya estamos acostumbrado en los que se suceden planos de diferente valor narrativo hasta conseguir un relato híbrido, fragmentario y desquiciante. Piezas de la televisión generalista capaces de mostrar sobre un minuto de música épica sobre una guerra internacional, el outfit de la última celebrity de moda y una lección de meteorología apocalíptica. Todo al mismo tiempo. Ese es el riesgo la función. Acertar con la dosificación adecuada de cada elemento narrativo para que la parodia vaya de menos a más hasta culminar con un final delirante pero sin caer en una combinación desequilibrada que termine en una ridícula charlotada de platos rotos. ‘La Maldad’ se construye con una intención crescendo que se puede resumir en tres escenas donde los protagonistas son Shylock, Lady Macbeth y Yago.

La primera distinción se sitúa entre los que Ernesto Filadir denomina malvados o perversos. Los primeros, como Lady Macbeth, solo se aprovechan de una ocasión favorable para cometer sus maldades. Sin embargo los perversos como, Shylock y Yago, son manipuladores que confeccionan conjuras y malentendidos para cometer crímenes o conseguir el estatus deseado.

Shylock, el prestamista judío en ‘El mercader de Venecia’, el eterno perseguido, despreciado por los cristianos y burlado en su maldad. Manuel López-Vigo construye su monólogo con la carga ligera de un odio que parece recién estrenado, como esos arañazos superficiales que tan solo necesitan un poco más de tiempo para convertirse en una costra de odio seco y duro. Tal vez por eso la parodia se construye tan liviana como los susurros para recordar a Shylock que su maldad tiene el origen bíblico de cuando los judíos asesinaron a quien sería guía espiritual de los cristianos.

Encarni Corrales ajusta su energía habitual al carácter fiero de una Lady Macbeth empeñada en convencer a su marido, interpretado con eficacia por Alfonso Palomares, de que lo mejor para asegurar el cumplimiento de los augurios es asesinar al rey. La mezcla de todos los elementos narrativos está perfectamente gracias a una vertiginosa superposición de planos cómicos y dramáticos. Una fina línea sobre la que ambos actores zigzaguean, hacen equilibrios y salen airosos del reto de construir personajes que tan pronto sufren una tragedia del siglo XVI con perfume a muerte, como en un instante saltan a una caricatura para dibujar la actualidad de realitys, postureo en redes sociales o esa carroña de confesiones personales que se cocinan para mayor gloria de la audiencia.

Yago representa al envidioso siempre dispuesto a darle hebra a la calumnia y la intriga para saciar su sed de venganza contra Otelo. A su estela se elabora la escena más coral, allí donde todo se desborda y la parodia coloniza sin miramientos cualquier resquicio del drama original hasta convertir la tragedia en un enorme sketch que abandona la ironía para situarse en una comicidad absoluta en la que JJ Sánchez y Alfonso Palomares se mueven con la misma soltura que ya mostraron en ‘Comisaria en fiestas. Superstar’. El Yago de JJ Sánchez se abona sin rubor al vocería y el aspavientos para que la acción desparrame hacia lo grotesco, y deforme los personajes hasta ponerlos en el territorio de la bobería. Una comicidad a la que Manuel López-Vigo aporta gotitas de esa gestualidad que mostró en ‘Adios’. La composición coral de la escena genera desequilibrio, vaivén y una tensión alocada que conecta con la comedia clásica de salón, puertas y sofá donde Laura Torrijos-Bescós y Elena Gómez redondean un trabajo impecable.

‘La Maldad’ es una trepidante coctelera que agita las emociones que recorren la tragedia hasta alcanzar grandes dosis de comicidad, mientras se apela al espectador a reflexionar en medio de la comedia sobre una afirmación demoledora: La maldad que nos asola solo es posible si las personas buenas no hacen nada.

‘La Maldad’

Una coproducción de LagartoLagarto y Zazurca Artes Escénicas producida por Maite Berges. Texto y Dirección: Alfonso Palomares con textos de William Shakespeare. Reparto: Encarni Corrales, Elena Gómez Zazurca, Manuel López-Vigo, Alfonso Palomares, J. J. Sánchez y Laura Torrijos-Bescós. Escenografía: Circoku y Teresa Pérez. Coreografía: Violeta Borruel, Bárbara Lasmarías de Cotton Swing School y Alfonso Palomares. Composición musical y espacio sonoro: David Angulo. Diseño iluminación: Manuel Escosa y Bucho Cariñena. Vestuario: Arantxa Ezquerro y Laura Sanz. Distribución: Elena Gómez Zazurca.

25 de septiembre de 2023. Teatro Olimpia de Huesca.

Durante el transcurso de la representación una buena parte de los asistentes que ocuparon los asientos reservados con cartelitos de las dos primeras filas del patio de butacas, se dedicaron en más de una ocasión a manosear sus teléfonos móviles. Destellos de luz para iluminar la falta de respeto hacia el trabajo de los actores y con el resto del público. De todas las personas buenas que estaban allí, nadie hizo nada, tan solo el actor JJ Sánchez desde las tablas puso en marcha sus reflejos como actor de improvisación, lanzó una indirecta hacía los maleducados pero ¡ayayay! cayó en saco roto.

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