La curvatura de la córnea

11 octubre 2026

La Decente


 

Vitaminas teatrales de una lectura dramatizada

La compañía Gato Negro presentó en el Centro Cívico Salvador Allende ‘La Decente’, una obra escrita por Miguel Mihura en 1967. El afamado autor que en 1932 abrió la puerta al teatro del absurdo con ‘Tres sombreros de copa’, y sin embargo ‘La decente’ escapa de ese cliché para que algunos ramalazos de esa manera tan divertida  de darle vueltas a los diálogos, tan solo sean el colchón humorística de una pieza que nace con la intención de retratar las apariencias y la doble moral de la sociedad burguesa española de la época, y lo hace aplicando ritmo de vodevil  a una trama criminal con suspense policiaco y humor negro.

El director Alberto Castrillo-Ferrer explicó que la propuesta de lectura dramatizada nada tenía que ver con un trabajo previo a una presentación formal de la obra. Su intención era reivindicar un tipo de obras de teatro que la modernidad ha desplazado de la cartelera, condenando al olvido a textos clásicos que tienen méritos más que suficientes para mantener una presencia habitual en la programación de los teatros, como parte esencial de nuestro acervo cultural.

Y sin embargo la adaptación que se presentó va un poco más allá de una puesta en escena para una lectura dramatizada porque, además de fijar los desplazamientos y las posiciones de los actores, la construcción de cada uno de los personajes está perfectamente definida en unos arquetipos que se reconocen con nitidez. Todo comienza con un delicioso ejercicio de teatralidad en cuanto la sala se fue a negro, una luz tenue subrayó la presencia de Castrillo Ferrer  detrás de un atril junto al escenario. Desde allí comenzó a leer las acotaciones sobre la escenografía de la obra, mientras en el escenario el personaje protagonista guiaba la mirada del espectador. Un juego escénico tan sencillo como eficaz para meter al público en la representación incluso antes de comenzar la acción.

Desde el punto de vista formal la representación tuvo un desarrollo que me recordó punto por punto un artículo que el actor y poeta Mariano Anos escribió en la revista ‘Ovejas Muertas’, donde desgranaba una serie de apuntes sobre cómo realizar una lectura dramatizada, y de donde extraigo una extensa regla de oro: Si el texto está en la mano se convierte de inmediato en una prótesis del cuerpo del actor que modifica todo el comportamiento. Y sin embargo para el espectador el texto en la mano es un objeto que tiende a desaparecer. Nos encontramos ante una relación especial entre emisor y receptor que, para realizarse con éxito, necesita que la acción de leer se ejecute como cualquier otro tipo de acción, es decir, que cada momento se apoye en el anterior con el ritmo adecuado. Toda esta carga teórica tuvo un desarrollo extraordinario en el escenario.

La dirección de Castrillo-Ferrer incorporó la aparición de un personaje fuera de lugar, pequeñas acciones realizadas con el libreto del texto o breves intervenciones desde fuera del escenario, intervenciones de pequeño formato que sin embargo subrayaron el humor en el que nos sumerge la obra.

El trabajo actoral fue espectacular. Rafa Blanca marcó el territorio desde el inicio hasta el final con un impecable peso escénico, una lectura eficaz y su habitual pulcritud gestual que aprovecha al máximo para mostrar con claridad los diferentes estados de ánimo por los que transita su personaje, y como regalo final una frase improvisada para rematar la función a partir de un acontecimiento que transcurría fuera del teatro, una actitud que hable muy bien de su capacidad para intervenir con ingenio y aumentar la comicidad de la obra). Minerva Arbués estuvo deliciosamente diva con dos fascinantes entradas al escenario  para marcar territorio, y dejar constancia que su particular vis cómica se mantiene intacta incluso en momentos de contención. La frescura de Enriqueta Caballería se llevó una ovación cuando la frescura del ir y venir de su personaje se transformó en sensibilidad personal. Beatriz Carvajal jugó muy bien el cambio de rol de su personaje desde la severidad a la suavidad para enfrentarse con solvencia a la dificultad de hacer valer las notas de humor de un personaje que el público percibe como la mala de la peli. Inma Oliver y Chavi Bruna se incorporan a la acción con suficiencia para mantener la tensión de la intriga y la dinámica de la acción.

La función terminó con una gran ovación que deja abierto un debate sobre la posibilidad de ampliar este tipo de representaciones leídas como un vehículo para potenciar la puesta en escena de nuevos textos o, como en este caso, recuperar clásicos que nos ayudan a comprender la evolución de la escritura dramática.

‘La Decente’

Producción: El Gato Negro. Autor: Miguel Mihura. Dirección: Alberto Castrillo-Ferrer. Elenco: Enriqueta Caballeira. Blanca Carvajal, Minerva Arbués, Rafa Blanca, Chavi Bruna e Inma Oliver.

Sábado 10 de Octubre de 2026. Centro Cívico Salvador Allende

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14 abril 2024

Noche de Reyes

 


¡Viva el teatro!

La teatralidad de 'Noche de Reyes' brota desde el disfraz y la palabra para que la peripecia sea un enredo entre la apariencia y la realidad. Shakespeare escribe una comedia con dos tramas que se cruzan: La intensidad dramática de un noble enamorado que es rechazado por la dama. La burla grotesca que sufre un criado con ínfula suficiente para soñar con un amor de alcurnia inalcanzable.

La dramaturgia de Castrillo-Ferrer respeta estos elementos pero modifica radicalmente su dosis mediante una adaptación muy intervencionista que añade textos, canciones y escenas, elimina las partes más dramáticas, y trastoca el desarrollo de algunos personajes. Si Shakespeare comienza su obra con la música que alimenta un lecho de violetas y el espíritu del amor. Castrillo-Ferrer nos invita a una fiesta de aromas balcánicos para, además de construir una escenografía con tres listones, dos cortinas y cuatro taburetes, rendir un delicioso homenaje al teatro y sus gentes.

El resultado incrementa la comicidad de una farsa que salta de la cadencia de recitar versos a una ranchera desafinada, de juegos de palabras que construyen chistes al beso que sella un matrimonio, o ¡Paren las máquinas! La oratoria de un bufón al servicio de una sinopsis visual por si el respetable se ha perdido en la espiral de equívocos.

La puesta en escena saca partido de unas interpretaciones eficaces para alejarse de la veracidad y abonar un humor que construye arquetipos meneando el ritmo del despiporre gestual. El trabajo actoral de desdoblamiento en diferentes personajes nos permite entrever como la mecánica interna de la actuación engrasa la ironía generada entre los laberintos de la identidad y la necesidad de amar, hasta cerrar el círculo y conectar con el inicio de la función con un apasionado ¡Viva el teatro!

 

'Noche de Reyes'

Calificación: 4 estrellas

Producción: Nasú Teatro y El Gato Negro. Autor: William Shakespeare. Dirección y dramaturgia: Alberto Castrillo-Ferrer. Intérpretes: Irene Alquézar, David Ardid, Blanca Carvajal, Gema Ruiz, Alfonso Pablo y Luis Rabanaque. Espacio Sonoro: David Angulo. Iluminación: Bucho Cariñena. Vestuario: Marie-Laure Benard. Coreografías: Cristina Guadaño

Jueves 11 de abril de 2024. Teatro del Mercado.






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10 diciembre 2009

Cabaré de caricia y puntapié


La compañía El Gato Negro en coproducción con el Centro Dramático de Aragón presenta, en el Teatro Principal de Zaragoza, la obra “Cabaré de caricia y puntapié”, una tesis doctoral sobre algunas de las canciones de Boris Vian. Un tipo que derrochó ironía y talento es sus facetas de ingeniero, novelista, dramaturgo, poeta, traductor, músico y cantante hasta que murió de un infarto en 1959 a la edad de treinta y nueve años
Lo han leído bien. El público, pese al cartel anunciador y al espacio donde se desarrolla, disfruta de la lectura de una tesis doctoral, un texto que nació a partir de un trabajo de improvisación del equipo artístico de esta producción, y esa condición lo deja abierto a constantes mutaciones, a pequeños guiños por los que se cuela la actualidad. El espectáculo se construyé sobre una disertación en torno al triángulo isósceles tipo AVV. Los matemáticos enamorados, los registradores de la propiedad y los tesoreros de fincas rústicas ya saben de lo que hablo: Una triada explosiva formada por el amor, la violencia y el vecindario. Una forma geométrica que reúne una decena de composiciones musicales de Boris Vian; traducidas por Alberto Castrillo-Ferrer, director del evento, y arregladas con elegancia por Miguel Ángel Remiro para llevarnos, entre otros, a los terrenos del jazz, del cha-cha-cha y del rock and roll.
Todo esta dispuesto para que el espectáculo universitario vaya más allá de la lectura de unos folios. La gran novedad de la presentación de esta tesis es la utilización del escenario como recurso pedagógico, de esa manera, el entorno cabaretero de bambalinas y candilejas se puebla con los personajes que Boris Vian imaginó para componer sus canciones.
La parte más ortodoxa de la crítica teatral ha dicho que en el comienzo de la función suele producirse un incidente que embarulla el argumento y la trama. No hagan caso. Es cierto que algunas veces las cosas no salen como estaban previstas — vaya descubrimiento pensarán— pero para eso se creó esa máxima que dice: El espectáculo debe continuar, y les aseguro que continúa. Es posible que el día que vayan a ver esta función el orden lógico del discurso se altere, ustedes no lo hagan, relájense en sus asientos y ya verán como todo fluye por el territorio de lo comprensible.
Carmen Barrantes y Jorge Usón serán sus guías, dos camaleones sobre el escenario con la energía y la intención de regalarnos una sinfonía de personajes, dos actores cantantes en constante mutación amorosa, la cara y cruz de ese sentimiento que siempre oscila entre una caricia y un puntapié: Una masoquista, dos carniceros franceses a ritmo de tango y la búsqueda de un aceptable tono académico. Un tío, su sobrino y la bomba atómica. Una abuela, su nieta y el materialismo. Un pijo, un desertor y dos intelectuales a hostias. Una alocada secuencia donde los actores alternan papeles al más puro estilo cabaretero con las coreografías de Beatriz Carvajal para acentuar el humor de las situaciones, y la dificultad de un trabajo vocal, bajo la batuta de Raquel Agudo, que imprime personalidad propia a cada uno de los números musicales.
“Cabaré de caricia y puntapié” es la excusa perfecta para olvidar la melancolía y dejarse mecer por el humor. La receta que estaban esperando contra la gripe estacional: Un puñado de excelentes canciones, dos actores en estado de gracia y el aderezo de la risa.





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Funciones:
Jueves 10: 21.00h
Viernes 11: 22.00h
Sábado 12: 19.00h y 22.00h
Domingo 13: 19.00h
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