El pasado jueves tuve la suerte de participar en un concurso que abordaba la temática en torno a la novela Feral de David Jasso. Fui con mucha ilusión porque es un libro que he leído hace poco y del que incluso he publicado una reseñaen esta bitácora, con estos antecedentes estaba seguro de obtener el premio, un cheque de cinco mil euros. Enfrente dos contrincantes duros de pelar: El escritor Roberto Malo y el director y reseñador Fernando Martínez. Dos duros adversarios que aumentaron mis ganas de ganar. En los dos videos que siguen se resume, de una manera breve y escueta, lo que allí sucedió. Ustedes juzgarán si el resultado final de Feral, el concurso es justo o un tongo. Que disfruten:
“Feral”, la última novela de David Jasso, transcurre en la colonia espacial Runa, un planeta dedicado a la extracción de mineral. Sus habitantes sobreviven a las adversidades ínter estérales gracias a unas espléndidas instalaciones diseñadas por la empresa Minerspace. Un hábitat que el autor nos muestra con diáfana cotidianeidad, así los adelantos técnicos en oficios, herramientas y armas proporcionan densidad de ciencia ficción y aportan verosimilitud a una historia que comienza descriptiva, aunque pronto deriva en trepidante concatenación de acontecimientos abocados a la necesaria lentitud para explicar un detalle, para sentir el pulso de los protagonistas, sus miedos y sus pasiones, la cámara lenta que precede a la oscuridad. Aunque la historia discurre por las premisas de la ciencia ficción, la musculatura de esta novela se encuentra en el terror que circula por sus páginas. Un miedo íntimo anida en nuestro interior cuando accedemos a las salas que sólo el pensamiento puede recorrer, el camino previo a un pánico tangible y biológico que viene del espacio exterior con el único propósito de encontrar el aliento vital de los hombres y aniquilarlo. Una civilización con conceptos morales diametralmente opuestos a los valores humanos se muestra ante los desconcertados habitantes de Runa que, de improvisto, descubren como la monotonía diaria se ve subvertida. La vida y la muerte toman valores distintos y es entonces cuando los héroes, y los que no lo son tanto, se adueñan del destino de sus compañeros. Un destino que, regido por el capricho del azar, jugará un importante papel en los acontecimientos protagonizados por algunos de los colonos que se enfrentarán a sus miedos más profundos, a la esclavitud del instinto de supervivencia y su determinación para seguir caminando. Un rudimentario mecanismo de defensa si lo comparamos con la tecnología del invasor y su capacidad para mutar seres vivos en engendros con un futuro peor que la muerte. El autor nos invita a reflexionar sobre una vida que, bajo la pátina de la libertad, esconde la incapacidad para ver las cadenas que nos subyugan, unas cadenas que sólo persiguen el beneficio económico y el control de los mecanismos de poder: El hombre como peor enemigo del hombre, su perversidad, la manipulación y la mentira. Y sin embargo, frente al miedo pegajoso que recorre cada uno de los poros de la piel. La última esperanza ante la irrevocable presencia de la muerte se encuentra en la capacidad para reconstruir los recuerdos. Esas imágenes que transitan por nuestra mente y que distinguen a los humanos de los que no lo son. “Feral”, como dice Curtis Garland en la introducción de la novela, “es algo distinto que viene a demostrarnos que los monstruos no siempre vienen de otros mundos, sino que también están en este.” ¿Te atreverás a descubrirlos?