La curvatura de la córnea

19 octubre 2012

La Hora Tonta de Agustín Martín



Foto de Fernando Soguero


Agustín me esperaba en la puerta de un bareto junto a la emisora zaragozana de la Cadena Ser. En la mano izquierda un cigarro y en la derecha una Ambar, así es imposible chocar los cinco, compañero. La cita era porque Agustín estrenaba nueva temporada en el programa local Hoy por Hoy Zaragoza y me había invitado para presenciar el arranque. El primer cambio era el título. El Hoy por Hoy Agustín, y su habitual humormix de lo acontecido durante la semana en el programa que dirige David Marqueta, ahora se llama La Hora Tonta, un título que sigue la estela de los grandes informativos de la cadena como Hora 14 y Hora 25. El programa sufrirá algunas pequeñas variaciones pero se mantendrá la invitación de Agustín para entrar en su universo radiofónico que limita con el humor y la mirada de Marqueta.
Agustín Martín y David Marqueta son pareja radiofónica, y que yo recuerde, los escucho desde hace cuatro años. En las ondas se les nota empastados, cabalgan las mismas ondas, transmiten ese genio al que solo se puede accede desde la radio, se les nota agustito y ambos consiguen una marca especial, un sonido diferente, un aroma que solo se puede trenzar con los hilos de la amistad.
Así que me senté en el estudio para disfrutar de algo que ya creía conocer. La primera novedad fue la sonrisa en la pecera de Alberto Gómez, el tercero en discordia en esta historia, el técnico multitarea, que lo he visto con estos ojos, lo mismo te mete unas ráfagas, que busca un video en la red, habla con los invitados y amasa los sonidos que necesitan los guiones de Agustín. La segunda novedad fue la disposición de Agustín y Marqueta, siempre los imaginé uno frente al otro, sin embargo se sientan hombro con hombro, llevan tantos años juntos que no necesitan mirarse para que, cuando salta la señal, toda la gestualidad de sus cuerpos se haga radio.
Agustín Martín tiene la genética de humorista y una visión diferente del mundo: El oído, la mirada y el cerebro siempre en alerta, al acecho de una idea para moldearla y provocar la risa. Agustín ejecuta ese proceso de manera innata, no se molesten en probar, esa es una virtud imposible de aprender, viene de fábrica. Agustín es uno de esos druidas que atesoran la fórmula para transformar lo ordinario en extraordinario y la palabra en humor. Pero, tal vez porque todo esto ya lo sabía, ayer me sorprendió la mirada de David Marqueta: Una pareja de baile ideal, conoce el ritmo de Agustín a la percepción. Unas veces se ajusta a los latidos de su compañero. Otras, cuando la intuición y la experiencia se lo piden, lo aporrea, le laza un guante, un requiebro, un flirteo que enriquece y suma y sigue. Disfruta y se le nota. Por momentos permanece expectante hasta que rompe en carcajada y, en más de una ocasión, comprobé como su mirada delataba la más profunda admiración por su compañero en antena. Era una mirada infinita, sus ojos, más allá de los micrófonos, tenían la chispa del que espera con ilusión el siguiente chascarrillo, la sorpresa del chiste, el giro de la historia. La mirada de Marqueta guardaba la admiración del compañero y la satisfacción del amigo.
No lo olviden. Todos los viernes, a eso de las 13:45 en el Hoy por Hoy Zaragoza que dirige David Marqueta en la Cadena Ser, encontraran un ratejo de humor con La Hora Tonta de Agustín Martín

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28 diciembre 2009

Javier López Clemente en el Que Pues. Resumen del 2009

Una buena opción para terminar el año es dejar en esta bitácora un video que resuma mis colaboraciones con Agustín Martín para el planeta Que Pues.
Entrar en el universo de Agustín Martín es un viaje a la amueblada cabecica de un tipo capaz de destilar la realidad y condensarla en píldoras de humor, un ejercicio mental a la velocidad de la luz, una chispa de ingenio que esta al alcance de muy pocos.
Las historias del Que Pues llegan al Bar Miguel en bruto. Entre ronda y ronda, y sin separaciones lingüísticas, Agustín pone en marcha la batidora de su expresión oral, un recipiente dónde cabe de todo, y todo a la vez, una cascada de verborrea con lo que quiere contar, declama todos los diálogos, improvisa nuevas situaciones que alargarían las escenas hasta el infinito y avanza alguna de las virguerías narrativas de “Perdidos”. Es verdad, algunas veces viene con el texto escrito pero no lo suelta de la mano, cuando lo hace es imposible leerlo porque él sigue hablando y hablando, hace chistes con su trabajo, muestra su admiración por los compañeros de la radio y resume la parte final de un monólogo que le anda rondando. Agustín es un maremoto donde ahogarse es un gustazo, el gozo de sucumbir a la virtud del druida que atesora la fórmula para transformar lo ordinario en extraordinario, la actualidad en carcajada y así, regalarnos una visión del mundo mucho más llevadera.

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