La curvatura de la córnea

30 noviembre 2006

Demetrio Aldous (V)

1-2-3-4

Demetrio Aldous nació el día que cayó la última nevada de a metro y la primera de color violeta. El fenómeno meteorológico y cromático fue recibido con división de opiniones. Los optimistas, los creyentes en la fe verdadera y las autoridades lo publicitaron a los cuatro vientos como una señal de esperanza, sin embargo, Sebastiana la Cana preconizó los peores males, las mayores desgracias, tiempos de sal y hiel, porque no eran fechas para la visita de la nieve y así lo recordó con la tradicional tonada que aprendió en Martín de Río:
Para Todos los Santos,
la nieve en los altos.
Para San Andrés,
la nieve en los pies.
Para San Blas,
un palmo más.
Para Santa Aguedeta,
la nieve en la bragueta.
Para Santa Ana,
la nieve en la ventana.
Don Genaro, que ejercía con excelente eficacia de médico, practicante, dentista, peluquero y partero, se quedó atrapado entre los dos bandos. No era ni optimista, ni creyente, ni tenía autoridad administrativa y estaba en las antípodas de los pareceres de la pitonisa oficial del pueblo. Él habló con la voz de la ciencia. Lo hizo a la hora del guiñote en el Bar Los Hermanos entre sota, caballo y rey «La nieve es un fenómeno meteorológico que se origina cuando en los nimboestratos y cumulonimbos se forman diminutos cristales de hielo que se asocian unos con otros hasta conformar los copos de nieve que acaban cayendo por efecto de la gravedad. Ahora bien, para entender el fenómeno de la nieve coloreada tendríamos que hablar del ciclo del agua y de cómo este elemento pasa continuamente de unos lugares a otros del planeta: De la atmósfera a los ríos y los mares, de estos, por evaporación, vuelve a la atmósfera y, en ese viaje, el viento suele interferir añadiendo las diminutas partículas de arena que transporta en suspensión y que se incorporan a las nubes mezcladas con el agua. En este caso, el color lila de la nevada acontecida esta en relación con las áridas tierras dónde habitan los Tuareg, un pueblo nómada considerado como los amos eternos del desierto» Pero aquella prolija explicación emanada de la ciencia no convencía a nadie.
Ese día, a Pepe el Rasurado, se le quedó el apodo por la mitad. Una chiquillada cruzó el pueblo durante el atardecer al cántico de «Ya viene, ya viene la cigüeña» A Don Genaro no le quedó más remedio que dejar la navaja sobre la repisa, coger el maletín de matrona y dejar a Pepe el Rasurado, medio rasurado. Pero esa no fue la única fatalidad para el padre de Demetrio porque antes de la media noche, y con su hijo recién nacido, la mejilla no rasurada de Pepe el Rasurado fue lo único que quedó a la vista en el ventisquero violeta que se formó frente a la puerta del Polvorino´s Club. Un resbalón helado dio al traste con sus intenciones de disfrutar del ambiente agrio que se respiraba en el mejor antro de la comarca.
Sebastiana la Cana si que estuvo en el parto para erigirse en ayudante de la ciencia de Don Genaro y en la mano ejecutora del caprichoso destino. Ella husmeó entre las piernas abiertas al universo y limpió el sudor de la parturienta, la que agarró por los tobillos al recién nacido y golpeó su trasero para comprobar el timbre de sus pulmones. Ella fue la que aquella noche sentenció que aquel niño violeta tenía el don, la voz y las hechuras de un personaje de novela.

2 Comments:

At 02 diciembre, 2006 07:44, Blogger Paula said...

Hmmmmm

esto se está poniendo interesante.

El último párrafo es bien sugerente. Y El personaje de Sebastiana La Cana, digno de ser conocido

Un abrazo, Javier, espero que estés bien

 
At 02 diciembre, 2006 17:17, Blogger Javier López Clemente said...

Sebastiana la Cana decidiò erigirse en protagonista y tal vez lo este consiguiendo... la siguiente hoja permanece todavìa en blanco.

Hasta aqui llegò tu abrazo: maquinas de cafè y pupitre de internet hospitalario

 

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