La curvatura de la córnea

19 mayo 2014

Virtualización y algunos impactos reales



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Recensión sobre un texto de Pablo Wong-González titulado: “Globalización y virtualización de la economía: impactos territoriales”[i]

Introducción

Aunque globalización es la primera palabra en el título del texto de Wong, el propósito final del mismo es “examinar el fenómeno de creciente virtualización de la economía y sus posibles implicaciones territoriales y en la gestión del desarrollo regional.”
Con esta declaración de principios es fácil intuir que globalización y virtualidad ocupan dos lugares distintos en el discurso de Wong que, como tendremos ocasión de comprobar, se centra en como la virtualización ha terminado por modificar el significado de conceptos como sistemas productivos, financieros y sociales para rebasar, y al mismo tiempo profundizar, su alcance global.
Wong afirma que “el uso de las nuevas tecnologías de la información y el espacio cibernético” es el actor principal de este proceso de transformación que han  incidido de manera notable en la relación entre economía y territorio hasta centrar el debate en la deslocalización de las actividades económicas. Y lo hace anunciando que los planteamientos de su trabajo se condensan en cuatro aspectos territoriales del desarrollo:
a)      Relación espacio-tiempo.
b)      Noción de región y regionalización.
c)       Rol y organización del Estado-Nación.
d)      Gestión del desarrollo regional.
Precisamente porque Wong no se detiene en el concepto “globalización” sea imprescindible comenzar por ahí, porque la virtualidad a la que nos invita a viajar el autor es imposible sin una globalización previa que, en palabras de Sampedro [2002:59]
Es el nombre dado a la más moderna, avanzada y amplia forma de mercado mundial. El sistema en el que se ha liberalizado al máximo la circulación de flujos financieros y monetarios; con ciertas limitaciones y controles también en los movimientos de mercancías y, más restringidamente aún, los desplazamientos de los trabajadores.
Globalización y virtualización comparten el uso de las nuevas tecnologías de la información que, y en eso es indiscutible, han modificado los planteamientos que rigen las relaciones económicas. A lo largo de este texto intentaré poner el contrapunto a la aséptica mirada de Wong, y focalizar la atención en como la globalización y la virtualización, más allá de un nuevo modo de concebir la economía son, fundamentalmente, un instrumento que esconde una ideología política cuya utilidad esencial es legitimar el poder del dinero frente a una ciudadanía que pierde fuelle democrático frente al quehacer de sus representantes en las instituciones políticas del Estado. En ese sentido, frente a la virtualización supeditada en exclusiva a un liberalismo económico globalizado, la tarea central de la política del siglo XXI, consiste según Dieterich [1997:12]
En la creación de un nuevo proyecto histórico y de un movimiento mundial que reanude la lucha con la ley del valor capitalista a nivel mundial, desde una perspectiva del humanismo y la sociedad.

De la globalización a la virtualidad de la economía

Wong parte de una idea básica tomada de Pierre Levy: Lo virtual no es opuesto a lo real porque, según Quéan “lo virtual no trata de sustituir lo real, sino de representarlo de una mejor manera.” Para esta “revolución copernicana” es imprescindible, según Castells, un nuevo sistema de comunicación que construya una virtualidad real. Este nuevo escenario virtual, aplicado al campo de la economía, conduce, en palabras de Sussen “a una nueva geografía del poder en el mundo” además de a una jurisdicción territorial que se anula por el desarrollo de un espacio electrónico compuesto por “las nuevas telecomunicaciones y redes informáticas que han reconfigurado los procesos de gobernabilidad y responsabilidad de los Estados modernos.”
Wong olvida que una de las constantes del pensamiento a lo largo de la historia han sido las relaciones entre lo real y lo virtual. Platón ya defendía que los simples mortales sólo éramos capaces de vislumbrar los reflejos de la realidad y así, engañados por nuestros sentidos, somos incapaces de vivir una realidad real. Wong, en eso se parece a Platón, porque para él la virtualización no viene para sustituir a la realidad, tan sólo aspira a representarla mejor.
El resultado inmediato de esa representación virtual genera “una nueva geografía del poder en el mundo”, una consecuencia que, lejos de la virtualidad, tiene efectos muy concretos y tangibles en la vida real como nos recuerda Sampedro [2002:70] “la abisal desigualdad entre la minoría globalizadora y la multitud dependiente /…/ muestra una agravación progresiva de la desigualdad.”
El binomio globalización-virtualización enmarcado en los avances técnicos refleja un alto grado de complejidad y, especialmente en el campo de la economía, “significa la integración global de la producción, el comercio, la financiación, la organización de la información y la tecnología.” Una nueva concepción que lleva a la economía global a “funcionar como una unidad en tiempo real y a escala planetaria.” El resultado inmediato es “disolver la geografía económica histórica”. Un proceso, afirma Beck, “que crea vínculos y espacios transnacionales, revaloriza culturas locales y trae a un primer plano terceras culturas.” Este planteamiento, según Wong, provoca algunas consideraciones positivas y otras negativas que van desde “el paraíso de un mundo sin fronteras, hasta la bestia del Apocalipsis con riendas fuertemente centralizadas” y recuerda que tal vez las generalizaciones no son posibles y los impactos puedan ser muy diferentes entre “países, ramas de producción, segmentos de capital, tamaño de las empresas o regiones.”
Creo que es una buena idea olvidar el consejo de Wong en cuanto a la bondad de generalizar sobre la virtualización económica y acercarnos a las palabras de Dieterich [1997:8] para tener presente algunas reflexiones que Wong ha obviado en su análisis
La arquitectura de la sociedad global no es determinada por los pueblos del mundo, sino por los banqueros y empresas transnacionales y los amos políticos de las metrópolis, cuyos procesos de decisión se realizan detrás de las espaldas de los afectados
Dieterich se refiere a la élites, un concepto que Wong está a punto de utilizar y que es parte sustancial del déficit del proyecto virtualizador porque, y regresamos a Dieterich [1997:11]
No hay un proyecto concebido con la audacia emancipadora  y consistencia lógica necesaria para canalizar las energías de transformación a nivel global hacia un mismo objetivo: una sociedad más democrática y más justa.
La virtualización de la economía, subraya Wong, se produce en “los sectores vanguardistas de la informática, las finanzas, comunicaciones, turismo y servicios corporativos especializados” y de entre todos estos, parece unánime considerar al “sector financiero” como la actividad más representativa de la virtualización que está conduciendo a una reducción del Estado como “aparato regulador del sector privado” porque “la extensión de la economía más allá del territorio del Estado tiene tanto que ver  con el tamaño de las magnitudes, como de la velocidad de las transacciones posibilitada por las nuevas tecnologías” Un motivo para comprender el conflicto y la batalla por el control de las “autopistas electrónicas” por las que el dinero circula con la misma rapidez que lo hace la información, y es en esa fusión entre comunicación y finanzas la que incita el control de las redes y la importancia de Internet. Y, prosigue Wong “este proceso de virtualización está transformando las nociones clásicas de mercado y trabajo” que “están ocasionando un desplazamiento del millones de puestos de trabajo de las fábricas y oficinas /…/ al hogar.” O en palabras de Davidow y Malone:
La corporación virtual vinculará, bajo una visión cohesiva de la empresa, todas las formas diversas de innovación (aprovisionamiento justo a tiempo, equipos de trabajo, manufactura flexible, ingeniería reutilizable, facultad participativa del obrero, racionalización organizacional, diseño computerizado, calidad total, clientelización en masa, entre otras). En tal sentido, los autores señalan que el reto que impone esta revolución corporativa significa que las empresas que deseen mantener sus niveles de competitividad deberán alcanzar rápidamente la supremacía en la información y en el esquema de interrelaciones (horizontales y verticales). Para ellos es imprescindible la reestructuración de todo el sistema: Investigación y desarrollo, manufactura, comercialización, ventas, distribución, servicios, sistemas de información y finanzas.
Wong nos acerca de este modo el concepto de corporación virtual es visto como la respuesta estructural de una empresa que cambia tanto su localización física, como los puestos de trabajo y el reparto del tiempo en una nueva distribución espacio-temporal que afecta a todo el colectivo en cuanto a “la especialización, la flexibilidad, la adaptabilidad, la oportunidad y la optimización de costos de la empresa.” Una estructura que permita localizaciones múltiples compartiendo espacios electrónicos, equipamientos que, en términos de localización y poder, permitan centralizar al personal altamente cualificado en unidades dispersas de la organización. Esta élite que es capaz de manipular la estructura espacial de la corporación virtual divide el conocimiento para complementar las divisiones del trabajo ya existente.
Ya les anuncié que la mirada de Wong no iba más allá de las élites, de los que actúan desde “los sectores vanguardistas” y especialmente en el “sector financiero”. Wong, pasa de largo por la “reducción del Estado” al que me dedicaré ampliamente en el próximo apartado y, para catalogar como la virtualización afecta al mercado de trabajo se retrata con un melancólico “están ocasionando un desplazamiento de millones de puestos de trabajo de las fábricas y oficinas… al hogar” La virtualización y la fibra óptica les haya llevado el trabajo hasta casa, sin embargo es bueno recordar lo que Chomsky [1997:36] escribe en cuanto a la globalización de la producción “que ha ofrecido a los empresarios el provocador prospecto de hacer retroceder las victorias de los derechos humanos conquistadas por la gente trabajadora.”
Los motivos de esta situación tienen un calado más profundo, por eso vuelvo a la afirmación de Wong en la que afirma que el papel de la virtualización se ha producido especialmente en el sector financiero, un factor determinante porque según Chomsky [1997:37]
Antes desde que el sistema fuera desmantelado por Richard Nixon, alrededor del 90% del capital en intercambios internacionales era para inversión y  comercio, el 10% para especulación. Alrededor de 1990, esos números se habían invertido. /…/ En 1978 cuando los efectos ya estaban a la vista, el premio Nobel en Economía, James Tobin, sugirió que deberían constituirse impuestos para desacelerar los flujos especulativos, que llevarían al mundo hacía una economía de escaso crecimiento, bajos salarios y altas ganancias.

Globalización, virtualización y refundación del Estado-Nación

Wong nos ha mostrado como la virtualización de la economía permite “una mayor autonomía y descentralización” y “la transnacionalización de las regiones.” Una doble vertiente que debilita el poder y la legitimidad del Estado-Nación gracias a la desnacionalización y desplazamiento de elementos estatales hacía otras instituciones que unas veces son supra-nacionales, y otras veces son los mercados globales del capital. Esta deriva llega hasta tal punto que “La globalización ha derrumbado/…/ la idea de vivir y actuar en los espacios cerrados y delimitados por los Estados” que, no deberíamos olvidar, son las herramientas que permiten una organización-administración de la actividad humana y económica y que sin embargo, afirma Wong, “se han convertido en una unidad artificial y disfuncional” abocadas a reducirse al papel mediador entre los “mercados externos y la población local, erosionando con ello los fundamentos sociales del ejercicio de su poder y la lealtad de sus ciudadanos”
En síntesis, puede decirse quela profundización del proceso descrito no significa que el Estado-Nación se convierta en un agente “nulo” o que tienda a su desaparición; más bien se presenta un cambio en el papel que juega en el sistema económico, mermando su participación como productor directo y realzándose como elemento de soporte de las gestiones e iniciativas de los agentes y gobernanza económicos.
En la síntesis de Wong aunque no elimina definitivamente el papel del Estado, deja clara su tibieza esa vez con respecto a la pérdida de potestad del mismo. Sin embargo, como son recuerda Sampedro [1989:61-62], no podemos dejar en manos del mercado su autorregulación, porque “tiende a producir lo que conviene a los intereses dominantes, en vez de satisfacer las necesidades sociales” La máxima de este pensamiento quedo reflejada, en la anécdota que cuenta Sampedro [1989:62] cuando
“Charles Wilson, alto ejecutivo de la General Motors, que, cuando fue nombrado secretario de guerra norteamericano por el presidente Eisenhower, afirmó «que es bueno para la General Motors, es bueno para EE.UU» Como tantos poderosos, Wilson pensaba que su empresa era su país, o quizá que el país era como su propia finca. Pero son cosas muy distintas
Sin embargo la gobernación de un país y, por lo tanto, la participación del Estado en las decisiones estratégicas se han visto deformadas en los últimos lustros por lo que Morata [33-34] denomina “Gobernanza Multi-Nivel” un concepto
Íntimamente conectado con las transformaciones del Estado-Nación y con la pérdida de soberanía reflejada en la crisis de los paradigmas tradicionales asociados a éste. /…/ El poder económico de las grandes empresas transnacionales y de los operadores financieros globales supera ampliamente el poder individual de la mayoría de los Estados.
Este nuevo tipo de relaciones se caracteriza en una pérdida efectiva de la soberanía de los ciudadanos y, por lo tanto, en un deterioro de las calidades democráticas de los Estados que, sometidos a injerencias y presiones de los poderes económicos globales y, como nos recuerda Morata [2011:35] nos lleva a “políticas de contención del gasto público adoptadas por la mayoría de los países europeos /…/ que son reveladoras del alcance de las presiones ejercidas por los operadores financieros globales.” Una vez asumido que la mayor parte de las decisiones que deberían tomar los Estados se toman al margen de los mismos, es inevitable lamentarse por la falta de voluntad política para garantizar el tratamiento de los graves problemas a nivel mundial que, pese a esa magnitud aparentemente tan alejada de la ciudadanía, afectan de manera tan directa como, y vuelvo a Morata [2011:35] “la regulación de las transacciones financieras, los paraísos fiscales o el cambio climático”
Todo este panorama que se dibuja entre la acción económica y política termina por reflejarse en el ámbito social y cultura que, como ya hemos comprobado, nada tiene de virtual y está anclado en una terca realidad que, según Morata [2011:35] “ponen de manifiesto los límites del Estado-Nación y del modelo de regulación tradicional, jerárquico y centralizado, como expresión de dominación sobre un territorio.” O en palabras de Dieterich [1997:148] que, ante la minimización del papel de Estado en mitad de la vorágine de la virtualización económica, nos recuerda que, frente a una concepción del hombre esencialmente egoísta y egocéntrico que se determina por estímulos de castigo y gratificación, el Estado “es el agente civilizador que impide la guerra civil” un Estado de derecho que sea “la reconciliación entre el poder absoluto y el derecho individual”

Virtualidad y territorio

La virtualización de la economía, afirma Wong, ha propiciado transformaciones espacio-territoriales en procesos de deslocalización de una colectividad en la que se produce una “desconexión del espacio físico geográfico y de la temporalidad del calendario ordinario.”, así la economía muta al hombre para convertirlo al mismo tiempo “en portador de objetos nómadas y, él mismo, en nómada objeto”
La utilización del lenguaje que hace Wong llega a una de sus cumbres cuando utiliza el término “deslocalización” y lo contextualiza con el concepto “hombre”, ni siquiera con el trabajador, el obrero o la más moderna denominación de colaborador, no, ni siquiera eso, para Wong la deslocalización convierte al hombre en “nómada objeto. Y este es uno de los momentos claves de la virtualización, que ya apuntó Dietreric, cuando nos enfrentamos a la paradoja de que, más allá de las élites, nos encontramos con la realidad de los procesos productivos que han traído una virtualización dual y profundamente injusta: Aquella que permite que los capitales circulen libremente por las autopistas de la información mientras los hombres se ven atrapados en los procesos de deslocalización que busca una bajada de costes especialmente laborales y energéticos, cuyo resultado inmediato es el incremento de la desigualdad en el reparto de la riqueza y, mientras las élites virtualizan las operaciones financieras ¿lo recuerdan? desplazados de las oficinas a su hogar gracias al avance de las tecnologías de la información, el resto de la población sufre desplazamientos reales en lo geográfico por la inmigración o sociales por la exclusión de los canales de progreso económico. En palabras de Ignacio Ramonet[ii]
«La globalización es una lucha frontal del mercado contra la sociedad, lo privado contra lo público, lo individual contra lo social» y, al tiempo, «un fenómeno más bien financiero que económico» derivado de que «lo que más se compra y se vende en el mundo no es el petróleo ni cualquier otra mercancía, sino dinero». Concretamente, «2.000 millardos de dólares al día», que circulan, «día y noche, como el viento, a la velocidad de la luz, por las autopistas de la información», un capital que genera beneficios astronómicos derivados de «la especulación» con las diferencias de cambio. «Por eso se desindustrializa el mundo», aseguró Ramonet, y, por eso, «jamás ha habido tal masa de personas que abandonan sus países para dirigirse a otros» ni tantas naciones «que viven de las remesas».
Pero en este punto es imprescindible detenerse porque, como nos recuerda Ignacio Escolar[iii] en boca de Serge Othon Weil, uno de los personajes de la obra teatral de Yasmina Reza titulada En el trineo de Schopenhauer:
Te voy a contar un secreto, me pongo muy contento cuando me entero de una deslocalización. Personas que se morían de hambre en el Tercer Mundo van a tener trabajo, van a empezar a integrarse en un sistema económico. ¿Por qué debería ser menos solidario con los desgraciados de la India o Bangladesh que se mueren de hambre que con el tío que cobrará indemnizaciones aquí? Es el futuro del mundo lo que está en juego, la paz, la prosperidad.
Esta visión abre una nueva vía de debate que Escolar resume así:
Pero no está tan claro que la única manera de industrializar a los países pobres sea así, al estilo de Bangladesh: cumpliendo con todos los pasos de explotación laboral que tuvimos durante el siglo XIX en la revolución industrial y sin que ese proceso se pueda acelerar, a través de la presión de los propios consumidores y de la diplomacia de los países prósperos que pongan freno al trabajo infantil y a las condiciones infrahumanas de algunas fábricas.
También es cuestionable que las indeseadas consecuencias de la globalización no se puedan paliar: que el aumento de la desigualdad en el primer mundo y la pérdida de poder adquisitivo de las clases trabajadores sean algo inevitable; que la precariedad que provoca la globalización en los países desarrollados no se pueda compensar por medio de políticas redistributivas que eviten dejar al obrero deslocalizado en la miseria y (al menos en España, donde esto también se recorta) sin posibilidades de reciclaje laboral ni educación.
Llegados a este punto del debate sería interesante reflexionar sobre el papel de la política, seguramente el único factor capaz de modular todos estos factores económicos para que el progreso económico y el bienestar social sean cuestiones que entren en la agenda de una aldea global en la que, a fuerza de la despolitización y ante el empuje de los poderes económicos, aumentan las desigualdades como recoge el informe publicado por Intermón Oxfam[iv] y del que extraigo algunos datos reveladores:
Dada la magnitud del incremento de la concentración de la riqueza, la monopolización de oportunidades y la inequidad en la representación política suponen una tendencia grave y preocupante. Por ejemplo: Casi la mitad de la riqueza mundial está en manos de sólo el 1% de la población. La riqueza del 1% de la población más rica del mundo asciende a 110 billones de dólares, una cifra 65 veces mayor que el total de la riqueza que posee la mitad más pobre de la población mundial. La mitad más pobre de la población mundial posee la misma riqueza que las 85 personas más ricas del mundo. Siete de cada diez personas viven en países donde la desigualdad económica ha aumentado en los últimos 30 años. El 1% más rico de la población ha visto cómo se incrementaba su participación en la renta entre 1980 y 2012 en 24 de los 26 países de los que tenemos datos Esta masiva concentración de los recursos económicos en manos de unos pocos supone una gran amenaza para los sistemas políticos y económicos inclusivos. El poder económico y político está separando cada vez más a las personas, en lugar de hacer que avancen juntas, de modo que es inevitable que se intensifiquen las tensiones sociales y aumente el riesgo de ruptura social.
Wong incorpora a su discurso, exclusivamente financiero, dos nuevos conceptos para esta sociedad postcapitalista del conocimiento, la globalización y los avances tecnológicos: 1) La vuelta al tribalismo y  2) el espacio de flujos:
1. “la vuelta al tribalismo” a través de un nuevo mantra que deja atrás el tradicional “pensar globalmente, actuar localmente” para invertirlo en “pensar localmente, actuar globalmente” Nociones que dejan obsoleta la herencia de la Ilustración que se sustentaba en la geografía y en la historia de múltiples espacios en los que se sustentaba toda actividad humana.
Comenzaré por la estética y, aunque lo recomiende Wong, volver al tribalismo no parece un paso muy apetitoso. Andreu Segura[v] nos recuerda que la frase “Pensar globalmente, actuar localmente” es una “divisa del movimiento ecologista y utilizada también en el ámbito de la salud pública, particularmente en la lucha contra el sida, es una de las aportaciones de René Dobos”, una elocuente expresión de cómo con pequeñas aportaciones de cada uno de nosotros a escala local, será posible ejercitar un cambio global, es un canto a la corresponsabilidad de todos. La propuesta de Wong sin embargo es mucho más pobre y, de nuevo, dirigida a la élites, ¿quién tiene la capacidad de tomar una decisión pensada en el ámbito local con capacidad para influir globalmente?
2. La virtualización “libera al binomio espacio-tiempo de sus trivialidades realistas” y lo reemplaza por “el espacio de flujos”. De tal manera que, en la anulación del espacio por el tiempo, la distancia ligada a la longitud pierde peso frente a “la noción de distancia asociada al tiempo y la velocidad en que se alcanzan esos territorios.” Las empresas, como consecuencia de estas tendencias
Operan con criterios globales de localización con estructuras más descentralizadas, fragmentan las fases de sus procesos productivos en diferentes países, seleccionando la ubicación de ésta dependiendo principalmente del tipo de calificación de fuerza de trabajo y nos niveles tecnológicos requeridos. En el nivel de expresión territorial, ello ha dado lugar al surgimiento de nuevos espacios industriales en el mundo.
La geografía de los nuevos espacios industriales genera, según Wong, un intenso debate que hace notar que las tendencias de dispersión geográfica o de concentración no pueden ser generalizables; éstas varían de un sector productivo a otro, además de que “el fenómeno de la virtualidad aparece acompañado constantemente a los procesos territoriales ya que “estos lugares virtuales no son necesariamente coherentes, en el sentido de que no obligatoriamente tienen que corresponder a la idea intuitiva que se tiene de un lugar real” y, por lo tanto “las comunidades virtuales van a trastocar las nociones de vecindad tradicionales, dando lugar a vecindarios simbólicos y virtuales que irán sustituyendo cada vez más a los geográficos reales, basados en la proximidad física.” Es decir
Puede decirse que en la actual era de la electrónica, de información, de redes y espacios de flujos, la contigüidad geográfica no es condición fundamental para la consecución de las actividades económicas y de la vida social.
Fréderic Neyrat [2012:38], — a propósito del libro de David Harvey Spaces of global capitalism — recuerda lo que Wong olvida sobre la eliminación del espacio por el tiempo, y subraya la existencia de una geografía radical, porque “el capitalismo necesita en primer lugar de un espacio para promover su actividad depredadora” y, enfrentado a la idealizada virtualización del espacio defendida por Wong, recuerda que en la práctica eso supone “la destrucción del espacio desde la perspectiva de la producción espacial”
Pero profundicemos en esta diferencia de criterios. De manera intuitiva parece evidente que el espacio es una barrera entre la producción y el mercado, sin embargo Neyrat [2012:39] nos aconseja que no perdamos de vista como el capitalismo, pese a todo, necesita producir espacio y, en la nueva organización global podríamos hablar de la destrucción de un espacio tradicional para producir un nuevo espacio que, efectivamente, nos llevaría directamente al espacio virtual que Wong define como “espacio de flujos” pero la pelota vuelve a Neyrat [2012:40] que nos sitúa ante una contradicción fundamental: La continuidad de flujos exige “configuraciones espaciales fijas”. Es decir nos encontramos ante infraestructuras sociales y físicas fijas (en gran medida inamovibles) y, por otra parte el espacio de flujos pero, según Neyrat [2012:41]
Esta dualidad no resulta seguramente válida /…/ y es que el modo de producción de un espacio abocado a la desaparición conforma ese espacio como algo ya destruido. /.../ Lo cual puede formularse así: el capitalismo produce espacio sin producir lugares, o también: el capitalismo produce no-lugares al producir espacios programados para la producción. /…/ El capital tiene como simple objetivo fijar un tiempo en un espacio que ya no cuenta para nada – y todo está ya preparado para su próxima desarticulación.”
Un espacio abocado a la deslocalización como la única meta posible para este tipo de economía de máxima rentabilidad financiera, es un proyecto con muy pocas posibilidades de crear “lugares.” Por lo tanto, existen nuevos espacios que surgen gracias a la virtualización.

La noción virtual de ciudad, región y corredores

Wong afirma que “las grandes ciudades parecen haber adquirido un papel estratégico dentro de las transformaciones funcionales y espaciales surgidas en la economía global y la era de la información” Wong relaciona este nuevo rol como un punto clave para “las actividades financieras”, “en la punta de lanza de la nueva economía, habiendo reemplazado a la industria como sector económico dominante.” Con todos estos factores la ciudad global, más que un aspecto puramente geográfico, está relacionada con el mercado único, son ciudades que poco tienen que ver con “una lógica de continuidad territorial” sino más bien unos ejes para “los flujos de mercancías, personas, capitales e información.”
Wong nos recuerda la definición que Boisier aplica al concepto de región virtual: como “el resultado de una relación contractual entre dos o más regiones pivotales o bien, asociativas, para alcanzar ciertos objetivos de corto y mediano plazo.” En esta nueva noción “la contigüidad geográfica no es condición indispensable para lograr la conformación regional, sin embargo hay tres requisitos que el autor considera indispensables: Flexibilidad en los aspectos normativos que permitan asociaciones territoriales, elasticidad y colapsabilidad en sus condiciones estructurales que les permita adaptarse al nuevo entorno.
Wong también pone sobre la mesa unos nuevos procesos regionales que se pueden calificar de “virtuales” cuyas característica principal es modificar la competencia interregional por una gestión del desarrollo para mejorar “su posición competitiva en un mercado cada vez más globalizado” Una gestión que va más allá de las fronteras y, por lo tanto, impulsan construcciones de infraestructuras que potencien estas nuevas regiones transnacionales que, terminan por producir “corredores económicos y comerciales” que a su vez, después de “atravesar los límites físicos, políticos, sociales y económicos y administrativos tradicionales” son considerados como nuevas regiones definidas por una infraestructura física, comercial, tecnológica, profesional y con vínculos sociales y políticos bien definida a lo largo del todo el corredor.
El autor concede una gran importancia a las ciudades pero, más allá del nuevo diseño espacial me parece muy importante la confesión de asignarles un papel estratégico dentro de las actividades de nueva economía financiera que ha reemplazado a la industria como motor de desarrollo. En ese sentido creo que es oportuno traer las palabras de John Ralston, autor de El colapso de la globalización y la reinvención del mundo (2012, RBA), en una entrevista a cargo de Joseba Elola[vi]
P: usted que el dinero no es real y que nos hemos convertido en sus esclavos. Habla de que vivimos en una economía ficticia. Y dice que en los años setenta el comercio era seis veces el valor de los bienes y que en 1995 era 50 veces más. ¿Cuántas veces más lo es ahora?
R: Nadie lo sabe, pero debe de estar alrededor de 150. Lo más vergonzoso es que los números no están disponibles, o al menos yo no he podido encontrarlos.
P: ¿Y eso qué significa?
R: La ironía es que la globalización ha conducido a lo opuesto de lo que prometía. Prometió competencia, y ha causado el regreso a los oligopolios; prometió renovación del capitalismo, y ha supuesto la vuelta al mercantilismo /…/ Prometió crecimiento, no tenemos crecimiento; prometió empleo, no tenemos empleo… y así se puede seguir con la lista. Nada de lo prometido ha ocurrido. Dijeron que con el keynesianismo se imprimía mucho dinero; que había que controlar el dinero en circulación y que eso haría funcionar la economía. El hecho es que todo este periodo ha llevado a la mayor expansión en la cantidad de dinero en la historia del mundo, hemos visto cientos de ejemplos de nuevos tipos de dinero: las tarjetas de crédito, los bonos basura, los derivados… Todo eso es imprimir dinero, pura inflación de la cantidad de dinero. El argumento capitalista era que el dinero era lo que engrasaba la maquinaria. Pero llegado un momento dijeron: el dinero es real, por eso es bueno tener a gente trabajando en el sector financiero. ¿Las fusiones y grandes adquisiciones de empresas?: eso es imprimir dinero. Cada vez que una compañía compra otra y se endeuda en, digamos, 700.000 dólares, eso quiere decir que se acaban de imprimir 700.000 dólares, acaban de crear 700.000 dólares que antes no existían. Nunca tuvimos tanto dinero circulando en el mundo y tan mal repartido. Y por eso cuando ocurre la crisis, la gente que es parte de esa lunática inflación dice: hay que salvar a los bancos.
Wong, desde el punto de vista estrictamente geográfico  desestima completamente a la ciudad como ente geográfico y solo la contempla como el escenario imprescindible para que fluyan los elementos de la nueva economía virtual. Es una posición que también podemos ampliar a marcos geográficos más extensos como la región o mancomunidad de regiones una visión que me parece muy estrecha porque, mucho más allá de la ventaja de que este tipo de conglomerados geográficos se puedan constituir sin una contigüidad física, las obsesiones economistas de Wong le llevan a olvidar que el territorio es mucho más que una cuenta de resultados. Sus palabras me han recordado a esos que al paso de un río solo pueden cubicar los hectómetros de agua para venderlos en el mercado. Este tipo de observadores son incapaces de relacionar territorio con cultura y una forma de vida integral que incorpore, además de una geografía física reconocible, sostenible y respetable con el entorno, valores y soluciones que incorporen al desarrollo a todos los ámbitos sociales que, lejos de la virtualidad, ocupan espacios como el “terruño” y “hogar” Si perdemos en la perspectiva que nos proporcionan la piel y el latido del corazón caeremos, y vuelvo a la entrevista de Joseba Elola a John Ralston, en
“la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe: economistas, directivos, consultores y propagandistas, es decir, periodistas de economía: “Difundieron la idea de que el comercio libre, la globalización y la búsqueda del crecimiento eran el único camino a la prosperidad”, manifiesta.
El ensayista canadiense carga contra la llamada generación del informe. Sostiene que el mundo está en manos de economistas y empresarios de capacidades muy limitadas y que en muchos casos son “analfabetos funcionales”. Gente que solo contempla el corto plazo.



Epílogo y coda final

Para terminar me gustaría volver a las primeras palabras de Wong que, a modo de introducción cita a Pierre Levy: “La virtualización reinventa una cultura nómada /…/ creando un entorno de interacciones sociales donde las relaciones se reconfiguran con un mínimo de inercia” Esa nueva cultura nómada parece un territorio propicio para la exploración histórica. Una aventura que con el paso de los años se hace imprescindible porque, como nos recuerda John Ralston, dentro de todo este nuevo laberinto de globalización y virtualidad, concede a los historiadores un papel muy importante
Los historiadores económicos son los intelectuales; los macroeconómicos son los semiintelectuales que dieron forma a las ideas, y luego están las abejas trabajadoras, que trabajan en lo micro, que no piensan y solo hacen números. Se eliminó a los historiadores porque, una vez que tienes la verdad, no quieres que el pasado sea examinado. Promocionaron a los semiintelectuales a los altares. Y elevaron a los que solo hacen número
Uno de los retos para los historiadores del siglo XXI está ahí:  Adentrarse en los mecanismos que produjeron, a mediados de los años noventa del siglo pasado, la simbiosis necesaria entre liberalización de los mercados, privatizaciones, desregulaciones y toda clase de corruptelas políticas para caer hipnotizados, y termino con Ralston, por “la religión neoliberal que adoraba el mercado global.”
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Pero alguien que veía las cosas con aquella lucidez, me dije inmediatamente, no podía perder el tiempo encontrar una historia como la del taxista, por total que resultase. Yo estaba obligado a contar la historia del mundo, es decir, la historia de mi calle, pues comprendí en ese instante que mi calle era una imitación, un trasunto, una copia, quizá una metáfora del mundo. Intuí también que debería emplear, para sacarla adelante, un método de la familia de la escritura ciega, que era, paradójicamente, la escritura de Luz.
Durante aquellos instantes  comprendí también que la suciedad y la antipatía del taxista no estaban colocadas en el mundo contra mí y porque no estaban en el mundo contra mi yo podía observarlas desde aquella distancia clínica en la que me había instalado. De esta revelación deduje que tampoco el mundo estaba mal hecho en contra mía. Quizá ni siquiera estaba mal hecho. El mundo era como era y había en él pulgas, chinches, ratas; había en él dolor y daño, desde luego, pero no se trataba de un dolor ni de un daño puestos ahí para amargarme, no, ni siquiera era correcto decir que había pulgas, chinches, ratas, dolor y daño como si fueran partes de una totalidad. Lo que había era una lógica de la que se desprendían, entre otras cosas, las chinches y las ratas, una lógica de la que me desprendía yo y el conductor del taxi…
Juan José Millas. “El mundo”



Bibliografía

Chomsky, Noam. “Democracia y Mercados en el Nuevo Orden Mundial” La aldea global. Txalaparta: Nafarroa, 1997.
Dieterich, Heinz. “Globalización, educación y democracia” La aldea global. Txalaparta: Nafarroa, 1997.
Morata, Frances. “Los restos de la gobernanza local en el siglo XXI” Gobernanza Global Multi-Nivel y Multi-Actor. Prensas Universitarias de Zaragoza: Zaragoza, 2011.
Neyrat, Fréderic. “Geocrítica del capitalismo”. Pensar desde la izquierda. Mapa del pensamiento crítico para un tiempo de crisis. Errata nature: Madrid, 2012.
Sampedro, José Luís. El mercado y la globalización. Destino: Barcelona, 2002.
Sampedro, José Luís. Nosotros y el mercado. Penthalon: Madrid, 1989.



[ii] Universidad de Santiago de Compostela. “Ignacio Ramonet: La globalización supone el triunfo de los darwinistas” 7 de octubre de 2004. [Última consulta] http://firgoa.usc.es/drupal/node/9870. 20 de abril de 2014.

[iii] Ignacio Escolar. “Deslocalización y progreso”. Eldiario.es. 01 de mayo de 2013. [Última consulta] http://www.eldiario.es/escolar/Deslocalizacion-progreso_6_127797223.html. 15 de abril de 2014.
[iv] Intermón Oxfam. “Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica“20 de enero de 2014 [Última consulta] http://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/bp-working-for-few-political-capture-economic-inequality-200114-es.pdf. 15 de abril de 2014
[v] Andreu Segura. “Pensar globalmente, actuar localmente” El País. 17 de junio de 2008. [Última consulta] http://elpais.com/diario/2008/06/17/salud/1213653604_850215.html. 20 de abril de 2014
[vi] Joseba Elola. “John Ralston Saul: “No hay razón para salvar a los bancos” El País.com. 5 de febrero de 2013. [Última consulta] http://elpais.com/elpais/2013/02/04/eps/1359975187_178411.html. 21 de abril de 2014.

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