La Decente
Vitaminas teatrales de una lectura dramatizada
La compañía Gato Negro presentó en el Centro Cívico Salvador
Allende ‘La Decente’, una obra escrita por Miguel Mihura en 1967. El afamado
autor que en 1932 abrió la puerta al teatro del absurdo con ‘Tres sombreros de
copa’, y sin embargo ‘La decente’ escapa de ese cliché para que algunos ramalazos
de esa manera tan divertida de darle vueltas
a los diálogos, tan solo sean el colchón humorística de una pieza que nace con
la intención de retratar las apariencias y la doble moral de la sociedad burguesa
española de la época, y lo hace aplicando ritmo de vodevil a una trama criminal con suspense policiaco y
humor negro.
El director Alberto Castrillo-Ferrer explicó que la propuesta
de lectura dramatizada nada tenía que ver con un trabajo previo a una
presentación formal de la obra. Su intención era reivindicar un tipo de obras
de teatro que la modernidad ha desplazado de la cartelera, condenando al olvido
a textos clásicos que tienen méritos más que suficientes para mantener una
presencia habitual en la programación de los teatros, como parte esencial de
nuestro acervo cultural.
Y sin embargo la adaptación que se presentó va un poco más
allá de una puesta en escena para una lectura dramatizada porque, además de
fijar los desplazamientos y las posiciones de los actores, la construcción de cada
uno de los personajes está perfectamente definida en unos arquetipos que se
reconocen con nitidez. Todo comienza con un delicioso ejercicio de teatralidad
en cuanto la sala se fue a negro, una luz tenue subrayó la presencia de
Castrillo Ferrer detrás de un atril junto
al escenario. Desde allí comenzó a leer las acotaciones sobre la escenografía
de la obra, mientras en el escenario el personaje protagonista guiaba la mirada
del espectador. Un juego escénico tan sencillo como eficaz para meter al
público en la representación incluso antes de comenzar la acción.
Desde el punto de vista formal la representación tuvo un
desarrollo que me recordó punto por punto un artículo que el actor y poeta
Mariano Anos escribió en la revista ‘Ovejas Muertas’, donde desgranaba una
serie de apuntes sobre cómo realizar una lectura dramatizada, y de donde extraigo
una extensa regla de oro: Si el texto está en la mano se convierte de inmediato
en una prótesis del cuerpo del actor que modifica todo el comportamiento. Y sin
embargo para el espectador el texto en la mano es un objeto que tiende a
desaparecer. Nos encontramos ante una relación especial entre emisor y receptor
que, para realizarse con éxito, necesita que la acción de leer se ejecute como
cualquier otro tipo de acción, es decir, que cada momento se apoye en el anterior
con el ritmo adecuado. Toda esta carga teórica tuvo un desarrollo extraordinario
en el escenario.
La dirección de Castrillo-Ferrer incorporó la aparición de
un personaje fuera de lugar, pequeñas acciones realizadas con el libreto del
texto o breves intervenciones desde fuera del escenario, intervenciones de
pequeño formato que sin embargo subrayaron el humor en el que nos sumerge la
obra.
El trabajo actoral fue espectacular. Rafa Blanca marcó el territorio
desde el inicio hasta el final con un impecable peso escénico, una lectura
eficaz y su habitual pulcritud gestual que aprovecha al máximo para mostrar con
claridad los diferentes estados de ánimo por los que transita su personaje, y
como regalo final una frase improvisada para rematar la función a partir de un
acontecimiento que transcurría fuera del teatro, una actitud que hable muy bien
de su capacidad para intervenir con ingenio y aumentar la comicidad de la
obra). Minerva Arbués estuvo deliciosamente diva con dos fascinantes entradas al
escenario para marcar territorio, y
dejar constancia que su particular vis cómica se mantiene intacta incluso en
momentos de contención. La frescura de Enriqueta Caballería se llevó una
ovación cuando la frescura del ir y venir de su personaje se transformó en
sensibilidad personal. Beatriz Carvajal jugó muy bien el cambio de rol de su
personaje desde la severidad a la suavidad para enfrentarse con solvencia a la
dificultad de hacer valer las notas de humor de un personaje que el público
percibe como la mala de la peli. Inma Oliver y Chavi Bruna se incorporan a la
acción con suficiencia para mantener la tensión de la intriga y la dinámica de
la acción.
La función terminó con una gran ovación que deja abierto un
debate sobre la posibilidad de ampliar este tipo de representaciones leídas
como un vehículo para potenciar la puesta en escena de nuevos textos o, como en
este caso, recuperar clásicos que nos ayudan a comprender la evolución de la
escritura dramática.
‘La Decente’
Producción: El Gato Negro. Autor: Miguel Mihura. Dirección:
Alberto Castrillo-Ferrer. Elenco: Enriqueta Caballeira. Blanca Carvajal,
Minerva Arbués, Rafa Blanca, Chavi Bruna e Inma Oliver.
Sábado 10 de Octubre de 2026. Centro Cívico Salvador Allende
Etiquetas: Alberto Castrillo-Ferrer, Blanca Carvajal, Centro Cívico Salvador Allende, Chavi Bruna, critica teatro, El Gato Negro, Enriqueta Caballeira, Inma Oliver., Miguel Mihura, Minerva Arbués, Rafa Blanca


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