La curvatura de la córnea

05 octubre 2015

Brevísimo acercamiento a la filosofia altomedieval

tras las palabras de Andrés Martínez Lorca en el libro Filosofía Medieval de la editorial Batiscafo. 2015




 Introducción

La Edad Media está  marcada por una denominación impuesta en la Ilustración: Un tiempo intermedio que va desde el Imperio Romano hasta el Renacimiento europeo, un período oscuro, pobre y servil.
Aunque la historiografía de la Edad Media ha dedicado muchos esfuerzos tanto para modificar sus límites temporales como su imaginario negativo, para este brevísimo acercamiento a la filosofía de la época altomedieval nos vamos a situar entre los finales de los siglos VIII y XII.
El avance cultural de la Edad Media está íntimamente relacionado con la evolución de la enseñanza que, tras la desaparición de la escuela pública del Imperio Romano, deviene en un marcado carácter elitista compuesto por tres tipos de escuelas. Las escuelas monacales adscritas a un monasterio y en cuyo desarrollo destacó la orden benedictina cuyos monjes se dedicaban a la lectura espiritual y silenciosa de Biblia y al trabajo manual en áreas domésticas, agrarias o el scriptorium. Más tarde nacieron las escuelas catedralicias que, bajo el control de un obispo y netamente urbanas, estaban dedicadas a elevar el nivel cultural del clero. Por último las escuelas monacales que, adjuntas a la corte, introducen las artes liberales mediante el trívium (gramática, retórica y dialéctica) y el quatrivium (aritmética, geometría, astronomía y música)
Por todo lo dicho, y sin negar la barbarie inicial del período medieval, hay que reconocer un creciente camino hacia la ilustración que tuvo intensos conflictos sociales, políticos y religiosos. Pero también encontramos un período de esplendor en esta Europa Medieval, siglos dorados en los que florecen la filosofía y las artes en las tierras de Al-Andalus, una sociedad de hegemonía musulmana en la que conviven judíos y cristianos.
El islam oriental promovió la traducción del griego al árabe de manera que se recuperó la cultura griega para enlazar la nueva religión con el aprecio por el saber, así, en sus primeros siglos, el islam fue el hilo conductor de las religiones monoteístas anteriores (judaísmo y cristianismo) con una gran capacidad de absorción de diferentes pueblos y etnias.
El impacto de lo árabe, entendido en cuanto a la lengua más que a la raza, jugó un papel determinante en la formación de Europa, una herencia, recuerda Martínez Lorca, que no deberíamos olvidar.
El pensamiento medieval es hijo de la filosofía griega. Al principio fue Platón y su teoría de las Formas o Ideas que son la verdadera realidad, y el mundo que nos rodea tan solo es una copia de las cosas. Este dualismo platónico permitía a las religiones una reelaboración del alma eterna y racional. Pero además, si el neoplatonismo se resumía en que todas las cosas se reducen a una única causa infinita, ilimitada y más allá del pensamiento; nos encontramos con un doble aspecto: El alma que mira al mundo natural y el alma que mira lo intangible. En el primero el hombre es capaz de descender hasta la simpleza de la materia, pero también existe la segunda posibilidad para ejercitar las virtudes que nos llevan a contemplar la luz divina en el éxtasis místico.
La huella de Aristóteles es más tardía en la teología cristiana, sin embargo llegó a ser hegemónico tanto en el mundo árabe como latino gracias a su teoría del intelecto y su concepción de la felicidad como una virtud.

Al-Farabi: Nace la filosofía islámica

Abú Nasr al-Farabi vivió a caballo de los siglos IX y X y estudió medicina, filosofía, matemática y gramática con hombres de ciencia y creencias cristianas. Lo hizo en un ambiente libre para la circulación de ideas y bajo la máxima aristotélica que los pensadores del Islam tenían como lema: La razón antes que el saber heredado.
Al-Farabi consolidó y reconstruyó el pensamiento de Aristóteles gracias a sus traducciones del griego al árabe para, con el aristotelismo como sistema hegemónico, elaborar un pensamiento político que estableció el marco teórico de las relaciones entre la política y la religión musulmana. Desde el pensamiento medieval era una posición revolucionaria afirma que tanto la religión teórica como la práctica estaban subordinadas a la filosofía.
La lógica para Al-Farabi, y para Aristóteles es una ciencia instrumental que sirve de guía en el camino de la verdad, dotándonos de las reglas necesarias para preservarnos del error y conseguir certezas mediante el silogismo, es decir la conclusión argumentada que se obtiene una vez establecidas ciertas premisas, A partir de esta definición Al-Farabi introdujo dos tipos nuevos de silogismos: El retórico para persuadir al otro, y el poético que sugiere y provoca la representación imaginativa sin conducir a la certeza o la opinión.
Al-Farabi entendía el proceso cognitivo como un intermedio entre las formas de las cosas y los sentidos que las perciben. La culminación de ese proceso estaría situada en el intelecto como agente creativo.
La teoría política de Al-Farabi parte de la naturaleza social del hombre, una labor de todos para que cada individuo subsista, esa vida social se basa en la libertad y en que todos los actos y hábitos de carácter social tienen que ser voluntarios. La figura del jefe del Estado tiene una importancia capital porque lo considera como el corazón de un cuerpo humano dotado de las más nobles cualidades que deberían acompañar a un filósofo como gobernante segundo. También reflexiona sobre la relación entre política y religión para defender que la filosofía es anterior a la religión y que por lo tanto, los hombres de religión deben convencerse de que el islam no rechaza la filosofía. Desde su punto de vista la religión consta de opiniones y valoración de acciones.

Pedro Abelardo: Un pensador crítico

Nació en 1079 con mente aguda y espíritu inquieto como para favorecer el contacto del legado griego con el mundo occidental, un espíritu crítico que caracterizara la escolástica. Fue profesor itinerante y sus discípulos lo adoraban por su habilidad dialéctica.
Su contribución más valiosa fue en el terreno de la lógica, que él llamaba dialéctica y representaba la garantía de la verdad gracias al uso de la razón y, más que un instrumento, tenía un papel definitivo aplicado a las demás ciencias. En este contexto se planteó el problema de los universales desde dos puntos de vista.
Si la ciencia trata lo universal y, para Aristóteles toda realidad es individual y llama universal a lo que por su naturaleza se predica a muchos, entonces lo universal no existe fuera del discurso individual. Sin embargo los realistas defendían que la esencia es fundamentalmente universal, como por ejemplo el hombre cuyas diferencias son accidentales.
Abelardo tomó distancia de ambas posiciones para definir lo universal como lo que se puede enseñar a muchos con una prédica creada por el hombre. Lo que importa es la significación, la cosa y la voz no son universales, lo universal es la palabra significativa. Lo universal por lo tanto pertenece tan solo al lenguaje, a la lógica de expresarse, es decir, a la ciencia del discurso.
Abelardo concibe el pecado como un acto interior de consentimiento, es una ausencia, la inacción frente a lo que Dios quiere. El vicio sin embargo es una acción, la propia voluntad de acercarse a lo malo, de esta manera para juzgar las acciones de los hombres debemos tener en cuenta la intención que las anima. Por lo tanto el pecado no se encuentra en lo prohibido, entre otras cosas porque lo prohibido puede dejar de serlo en cualquier momento, así la actitud crítica de Abelardo se pone de relieve en cuanto a los pecados de la carne: “Parece que más por autoridad que por razón se nos obliga a reconocer que el placer carnal constituye en sí mismo un pecado”

Averroes: Maestro de Occidente

Abú Walid Muhammad ibn Rusd, conocido por Averroes fue la culminación de la filosofía en Al-Andalus. Nació en Córdoba en 1126 dentro de una familia de juristas y, aunque intervino en la vida pública, ocupó varias magistraturas y fue médico, no era un filósofo de escuela, escritorio y biblioteca. Aunque sufrió persecución política de los sectores más conservadores y privilegiados, sus escritos sobre infinidad de temas entroncan con una consolidada tradición medieval.
Fue gran admirador de Aristóteles, pero no se dedicó a repetir el pensamiento aristotélico, en ocasiones se separó de él y, en su contribución a una filosofía estricta separada de la religión, criticó el pensamiento abstracto porque “quien es arrebatado por la dialéctica es llevado con frecuencia a creer en cosas extrañas y muy alejadas de la naturaleza de las cosas. La razón para este devenir hay que buscarla en el hombre que busca un razonamiento persuasivo sin preocuparse de si corresponde o no con lo existente, y de este modo es inducido a falsas y artificiosas creencias. Para Averroes la condición necesaria para el saber es el debate de fondo plagado de argumentos, por lo tanto, una investigación científica solo se completa cuando se han estimado previamente los argumentos dialécticos a favor y en contra, porque sin un examen crítico es imposible vislumbrar la extensión del conocimiento de aquello que se ha adquirido tras ser ignorante de ello.
Mientras Aristóteles consideraba un error que cualquier explicación prescindiera de la corporeidad del ser humano, Averroes centra su psicología en el estudio del intelecto. Si el filósofo griego describe un intelecto activo y creativo, y otro pasivo y receptivo; el filósofo cordobés se esforzó por decodificar el pensamiento concreto del hombre, ligado a un cuerpo que proviene de la naturaleza y es capaz de formular una verdad universal y eterna. Son los universales de los que ya hemos hablado: La génesis del pensamiento está en la percepción de lo individual, de cada objeto, solo entonces podemos captar lo universal y permitirá la entrada en acción de la dialéctica para darle existencia
El pensamiento ético de Averroes trajo a Occidente los efectos cristianos de una ética autónoma. Por ejemplo, el concepto “felicidad” es un bien que elegimos por si mismo, casi todos estaremos de acuerdo en situar a la felicidad dentro de los bienes excelentes, sin embargo unos la encontraran en los bienes, otros en el placer y algunos en los honores.
Averroes, como ya hizo Al-Farabi, reflexionó sobre el mundo social y político del islam y lo hizo desde el pesimismo de unos gobiernos que intentaron ser virtuosos pero derivaron en oligárquicos y tiránicos con las masas. El buen gobierno debería tener como meta la cohesión social fundada en lazos que fueran mucho más allá de los lazos de sangre, una cohesión basada en la armonía entre las diferentes clases sociales en la que debe prevalecer en bien público.
Es muy llamativa su denuncia por la discriminación social de la mujer, para ello parte de la naturaleza humana común entre hombres y mujeres, subraya su capacidad genérica y defiende que deben compartir con los hombres todos los deberes como ciudadanos.

Maimónides: nace el judaísmo filosófico

Los judíos, que fueron perseguidos por la monarquía visigótica, gozaron de la tolerancia del emirato omeya y salieron de su aislamiento. La cultura medieval recogió los frutos de esta liberación mediante la aportación sefardí en su contribución a la ciencia, la filosofía y la literatura.
Mosé be Maimón, conocido por Maimónides, nació en Córdoba en el año 1135, inserto en el ambiente intelectual vio como la tolerancia se quebró con la llegada de los almohades que promovieron la emigración de quienes no fueran musulmanes. Maimónides abandonó la península para viajar a Fez y Palestina hasta instalarse en Egipto.
El filosofo judío rechazó las doctrinas de los filósofos islámicos por falta de consistencia, su pensamiento, que también se asentaba en Aristóteles, se distanciaba de él en todo lo que tuviera que ver con la religión judía, así Maimónides enumera dos clases de conocimientos: La filosofía frente a la religión. La filosofía ligada a lo humano y atada a la razón, y la religión, superior a la filosofía y basada en la profecía, tiene por objetivo el conocimiento de Dios como la ciencia verdadera.
Precisamente la obra magna de Maimónides está dirigida a quienes tienen espíritu religioso, conocen las ciencias filosóficas y dudan a la hora de interpretar la Torá o Ley judía. Para ellos establece un estudio de “interpretación alegórica” sobre los textos sagrados, un concepto que se opone a la interpretación literal de los hechos. Las palabras de los profetas  aportan luz verdadera cuando su significado es simbólico, por lo tanto el traductor no puede quedarse en la literalidad del un texto sagrado que tiene dos sentidos, el aceptado por el lector ignorante, y otro más profundo que se bifurca en dos caminos: El significado de una palabra y el de la parábola como narración (el relato de la creación, el sueño de Jacob, etc.)
La profecía, para Maimónides, es la única posibilidad de superar los límites del conocimiento humano, parte de Dios y precisa de tres condiciones: Perfección de la razón mediante el estudio, aumento de la de la facultad imaginativa y mejora ética mediante el alejamiento de los placeres corporales. Alcanzar estos estados solo depende de la potestad de Dios para concederlo y la voluntad propia nada puede hacer al respecto. Una emanación divina que no es directa, sino que media el intelecto activo y que, en cualquier caso, es fruto de una conciencia de Dios que desborda la capacidad humana.

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