La curvatura de la córnea

02 junio 2011

El Hospital de los Podridos y otros entremeses para el Siglo XXI en el Teatro de la Estación

En uno de esos días estupendos de verborrea todavía invernal afirmé, sin mucho tiento y ante un actor de fuste, que el entremés, como plato de comedia, no interesaba ni a los jubilados.

El resbalón de mi necedad se ha revelado doblemente inoportuno. Primero por hablar en nombre de los jubilados, y segundo y más importante, porque la compañía Tranvía Teatro me ha demostrado lo errado de mi criterio.

El escenario del Teatro de la Estación se viste durante este fin de semana de Corral de Comedias. Un viaje al pasado de hace quinientos años cuando el teatro era la mejor diversión para el pueblo. Días de gloria para las letras españolas con autores como Lope de Vega, Cervantes, Quiñones de Benavente, Bernardo de Quirós y todo el acervo popular de canciones, refranes y chascarrillos. Tranvía Teatro ha realizado una acertada y notable selección de entremeses, loas y mojigangas para emplatarlas bajo el título de “El Hospital de los Podridos y otros entremeses para el Siglo XXI”

El título, y su intención de establecer una conexión entre el Siglo de Oro y nuestros días, es la primera virtud de esta obra que se sustenta sobre temas atemporales de preocupación popular tales como el desvelo por la belleza, las pillerías para alcanzar el amor o la desconfianza hacía políticos y leguleyos que merodean lo público con intenciones aviesas.

La función se construye sobre una escenografía que acoge elementos dramáticos de la Commedia dell’Arte y la farsa para contarnos las peripecias de unos personajes que traspasan el tiempo y el escenario hasta plantarse en medio de nuestros días, llegar al patio de butacas y dejarnos el tesoro de la risa.

El trabajo actoral de Jesús Bernal, Rosa Lasierra, Yvonne Medina y Miguel Pardo es sobresaliente; tanto en la enérgica construcción corporal de cada uno de los personajes, como en el fraseo del texto. El elenco ejecuta con solvencia, excelente dicción y ritmo endiablado la complicada tarea de bregar con un castellano que, por antiguo, sujeto a la rima y poco habitual en nuestros escenarios, suena extraño hasta que las palabras resucitan lozanas a la luz de las candilejas.

Como pide la ortodoxia de la representación nos encontramos con el gesto grande y cuanto más grande mejor. Sin embargo, me permito poner el acento en los momentos más naturales de la obra. En un pasaje dónde los personajes relajan la norma de la farsa y se paran a descansar, a disfrutar de unas manzanas entre dichos y loas. Una escena en la que los actores nos regalan el momento mágico que muestra la esencia fundamental de su trabajo. Esa inexplicable pirueta que hace un nudo con las miradas y la expresión de los personajes para entregarnos el gesto natural, el latido del corazón y el difícil arte de escuchar, de sentir, de estar, de difuminar la convección teatral sobre el escenario y transformarla en vida.

Zaragozanos de gusto

que alabáis con magno gozo

la presencia sin embozo

de un entremés a punto.

Os invito a la comedia

que en el Siglo de Oro brilló

y rindo una reverencia

a quien la farsa dirigió.

Que en el patio de butacas

la risa se hace sonora

y faltar es gran demora

que señalo con maracas.

Es una pena notoria

que en lo oscuro del teatro

disfrutemos solo cuatro.

¡Súbete a esta noria,

coge a tu novio del brazo,

lo espabilas de un tortazo,

vístelo de tipo ilustre

y que disfrute del lustre

del teatro y su gustazo!


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TEATRO DE LA ESTACIÓN - Zaragoza

C/ Teniente Coronel Pueyo 8-10

Reserva telefónica: 976 46 94 94

E-Mail: info@teatrodelaestacion.com

VIERNES 3: 21.00 h.

SÁBADO 4: 21.00 h.

DOMINGO 5: 20.00 h.

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Fotografía: Juan Moreno




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