La curvatura de la córnea

25 enero 2010

Cientos Cantarines Cuentos, de Cristina Verbena


Fotografía de Marta Marco


Cristina Verbena — a la que mi sobrina Ahinoa llama berenjena porque es tan pequeña aún no ha estado en una verbena, — llegó a las tablas del Teatro de la Estación cantando. La tonada tenía aires del báltico. La voz de la cuentera traía ese nosequé de quien tiene corazón para dar y regalar tantos sueños como los que cogen en tres cajas.
Tres cajas de madera sin adornos ni alharacas, tres cajas de verbena en verbena, tres cajas del tesoro y érase una vez un cuento de una vieja. Vieja revieja, negra como la pez, boquita, miedo y un tobogán con misterio. Un barco marinero con orondo capitán, que navegando navegando va salando la mar. El barbudo marinero tiene la panza gigante y un calzoncillo que le tapa lo de delante. Joaquín cazaba monstruos con la luz de su linterna, y con ellos pasaba la noche roncando a pierna suelta. Todo el mundo sabe que el señor Martín debajo de un botón tiene un ratón muy chiquitin, pero la Verbena, por ser más resalada, cantaba la canción y daba un acelerón cuando menos te lo esperabas. Cristina con las botas de pisar los charcos, saltaba y salpicaba los barcos. Barquitos de cáscara de nuez navegando sobre un pez que tarareaba en francés. Y Andrés y Juliana con camisón y pijama zumbando escapaban del zumbido zumbón de un mosquito zumbero. María Chucena no escapaba de nadie pero movía la lengua con tanta rapidez y encanto, que todos los presentes sus lenguas terminaban enredando. Cinco lobitos detrás de una escoba y María Sarmiento se fue a cagar y se la llevó el viento.
Cristina Verbena con su pelo granate ensortijado en bucles de mar, ojillos petazeta con chispitas de luz y la sonrisa travesera de niña traviesa, esas niñas listas, siempre dispuestas a recorrer el mundo con las orejas abiertas y tres cajas en las que apilar historias de aquí y de allá. La cuentera nos regaló un final con tres besos recostadicos al cobijo de las estrellas y un retahíla de regalos para llevarnos a casa junto al recuerdo de quien hace del oficio de contar una cuestión orgánica. Porque Cristina, además de adaptar la voz a los vaivenes de sus historias, juega con los brazos, nos regala su cuerpo en movimiento, los pasos de sus pies, las palmas de sus manos, el aire que respira afinado en canción, tonada que viene de la tierra, de las entrañas del hombre sentado a la lumbre, la vida por delante y toda una noche para soñar con cuentos, historias que nos elevan del suelo y la desgracia. Volar hasta la patria de la infancia, el único sitio dónde alguna vez fuimos felices.

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3 Comments:

At 26 febrero, 2010 11:31, Anonymous Belen said...

que maravilla oirla a ella y que maravilla leerte a tí!

 
At 03 marzo, 2010 19:54, Blogger Javier López Clemente said...

Cuanta maravilla ;-)

 
At 03 marzo, 2010 19:54, Blogger Javier López Clemente said...

ya sabes lo que decía Lola Flores: ¿Y como me las maravillaría yo?
;-)

 

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