La curvatura de la córnea

21 octubre 2013

Stultitia o el mundo de la locura en el Teatro Arbolé





Erasmo de Rotterdam (1437 – 1536) era un idealista en tiempo de desazón que soñaba con un mundo en paz en el que lo más importante sería la vida interior de cada individuo antes que las manifestaciones exteriores teñidas por el espectáculo del ritual y la oración. El pensador elaboró una obra literaria en la que elogiaba la locura porque la razón no llevaba a ningún lugar en una sociedad dónde sensatez no tenía cancha y se ensalzaba la ignorancia y la incompetencia. Es cierto, tiene usted razón, este medio ambiente suena tan actual que da un poco de vértigo.
La compañía Sabotaje Teatro Independiente se subió al carro de las reflexiones de Erasmo y nos invitó al enrevesado viaje por el mundo de la locura en el Teatro Arbolé. “Stultitia” es un espectáculo que disecciona la demencia. El cirujano y todos los elementos del escenario se nos presentan de blanco, blanco de psiquiátrico, blanco de “Korova Milk Bar” en el que los drugos de Kubrick han sido sustituidos por un arlequín con poses de la comedia del arte y dispuesto a contarnos, como en aquellos romances de ciego, los sucedidos más escabrosos para introducir la demencia en dos frascos distintos, uno para la locura sana y otro para la insana.
El espectáculo, lo han adivinado, avanza por lo más insalubre de la locura: Un tipo que, después de ver el horror muy cerca, busca la esperanza en el amor pero la realidad cristalizará en derrota, la peor de las derrotas: cuando el mal se integra en nuestro sistema nervioso y pudre los sueños hasta negar el valor de los sentimientos. El tercer personaje de la trama está mucho más asentado en la realidad de un mundo dominado por los objetos de consumo, un yugo tan agradable que impide sentir la humedad de la cárcel.
Stultitia está construida con estos tres personajes y un solo actor. Rafael Cadena defiende con eficacia cada uno de ellos. Lo hace a base de construcciones creíbles desde el inicio de la representación. Un arlequín de gestos redondos al que si acaso le quitaría ese acercamiento al público que no veo necesario, dirigirse al respetable desde la tablas quizás daría más empaque al discurso teórico sobre la locura, y es ahí dónde encuentro otra posible mejora porque el personaje dice cosas muy interesantes y de tanta enjundia que quizás, entre bromas y esa mirada chispeante, sería conveniente pararse un poco para subrayar algunos mensajes tan tajantes como ajustados sobre la locura, distinguir más claramente entre lo anecdótico y lo sustancial. Algo que hace el actor ejecuta perfectamente con los otros dos personajes. Pero son pequeños detalles, quizás solo manías de quien esto escribe. El actor domina perfectamente las transiciones entre personajes y llena el escenario de líneas rectas que más tarde zigzaguean, solidez en la palabra que luego es duda y una amargura palpable, Es en ese intercambio espacial, gestual y de palabra donde el actor gana la batalla de una corporeidad bien construida que acompaña y nutren al texto.
Un cuestión se queda flotando al final de la función sobre el problema de la existencia humana que, como nos recuerda Ángel Leiva en la edición de Cátedra de la novela El túnel de Sábato, radica en la posibilidad de responder ante la angustia del caos con la metafísica de la esperanza como hace nuestro arlequín o, me permito añadir, con la desesperanza de la locura, como le ocurre a los otros dos personajes que nos muestra Stultitia.
Desde luego la respuesta a esta cuestión es personal e intransferible y seguramente una cosa es opinar desde este teclado o en el sosiego de sus casas y otra muy diferente enfrentarse a ese cruce de caminos entre la locura sana o la insana, entre perecer putrefactos por la desesperanza y la incomunicación, o bañarte en la bendita locura de tomar la vida por la cintura y bailar un tango, componer un soneto, cantar, brincar o actuar en el teatro.
¿Y ustedes que eligen? Yo me quedo con la bendita locura de las artes, los artistas y, pese al 21% del Wert-IVA cultural, les invito a que vean Stultitia para que vean cual es el camino que no hay que tomar.

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