La curvatura de la córnea

24 abril 2013

La Revelación en Gromeló



Hernán Romero me contó la historia de un elefantito recién nacido al que encadenaron a una estaca. El elefantito, en cuanto se sintió atrapado por el grillete, empujó y empujó y empujó tratando de soltarse pero, a pesar de todos sus esfuerzos, no lo consiguió. Aquella diminuta estaca era demasiado grande para él. Los años pasaron y el elefantito se convirtió en un elefante con una fuerza descomunal sin embargo, permanecía atado a la misma diminuta estaca clavada en el suelo. Era evidente que el elefante podría escapar en cualquier momento pero ¿por qué no lo hacía?
Esa es la pregunta que planea sobre “La Revelación”, la última obra que Rompelanzas Compañía Teatral estrenó el pasado sábado 20 de abril en la Sala Parakultural Gromeló.“La Revelación” es el resultado de un proceso creativo en torno a multitud de tazas de mate y, como dice el dramaturgo Juan Mayorga, explorar en torno a la idea de que “el texto sabe cosas que su autor desconoce” Este concepto, aparentemente teórico, fue la palanca que accionaron el actor Javier Harguindeguy y el director Hernán Romero para maridar textos que navegaban por mares tan diferentes como la claustrofobia del pesimismo y una bocanada luminosa de esperanza. Esta combinación desvelo una nueva criatura y sus relaciones con los tentáculos del poder.
La clave del poder también estaba en de “Soy sola”, el anterior trabajo de la compañía que todavía está en cartel. La diferencia entre ambos montajes radica en la visualización del poderoso, mientras en “Soy Sola” el poder se nos presenta delante de nuestras narices; en “La Revelación” solo lo adivinamos como una sombra alargada que ahoga los sueños de un personaje teñido por el miedo.
El protagonista de la función tiene un aire pesimista de corre ve y dile y sin embargo me atrapó como para estar junto a él pase lo que pase, piense lo que piense. Seguramente fue un acto reflejo tras descubrir que su situación era muy parecida a la del oso que, acostumbrado a dar vueltas en el perímetro interior de su jaula, comprueba asombrado como el poder retira los barrotes y entonces…¿qué hacer entonces? Nuestro protagonista puede aprovecharse de la eventual magnanimidad que el poder siempre muestra para alcanzar, como diría Canetti, el grado de poder absoluto. Es una de esas ocasiones que se nos presenta dos o tres veces en la vida, momentos cruciales que definen nuestra personalidad y el discurrir de nuestra existencia: Correr al aire libre o hacerlo sobre la ruleta de hámster que gira, gira y gira sin llevarnos a ningún lugar.
“La Revelación” nos narra el camino que va desde la manifestación de una verdad oculta y secreta hasta su transformación en rebelión y revolución. Pero nuestro personaje olvida que la palabra revolución tuvo, de verdad, un significado político y que nuestra atención, como nos recuerda Hanna Arendt, debería dirigirse “hacia aquellos momentos de la historia en que hicieron su aparición las revoluciones […] y comenzaron a cautivar el espíritu de los hombres”
Javier Harguindeguy bajo los focos y Hernán Romero en la sombra son los demiurgos encargados de diseñar el viaje, un trabajo escénico y de dramaturgia que parte del profundo convencimiento de entender el teatro como algo mucho más importante que un rato para comer pochoclos. Actor y director han diseñado un camino que comienza en tonos grises y transcurre por veredas llenas de color y curvas emocionales que  Harguindeguy afronta con una explosión de energía.
La interesante propuesta interpretativa de este argentino afincado en Zaragoza parte de una composición corporal que tiene la magia de lo orgánico. Desde su irrupción en escena sientes como los músculos y la respiración son tan importantes como el movimiento, la gestualidad o el ritmo del fraseo. Modular todos esos elementos convierte cada función de “La Revelación” en una montaña rusa. Esa es una de las grandezas de esta pieza teatral: La lucha del actor por alcanzar el grado optimo de intensidad, la cantidad de energía necesaria para cogernos de la mano y conseguir que la alquimia del teatro nos haga volar de la butaca y viajar a su lado. Como espectador puedes decidir quedarte sentadito en tu localidad pero entonces, ¡ay! no descubrirás los motivos, el aliento que empaña miedos y sueños. Sin lugar a dudas “La Revelación” es un espacio de reunión para la crítica y la utopía. Un lugar para valientes, para aquellos que, frente al riesgo de convertirse en estatua de sal, son capaces de mirar atrás y tal vez, solo tal vez, mirar de cara al futuro. Y tú, querido lector ¿Te atreves a probarlo?


“La Revelación”

Todos los sábados a las 22 horas

“Soy sola”

Todos los viernes a las 22 horas

en

Espacio Parakultural Gromeló

C/ Comandante Ripolles 21 (Bar La Caja Tonta)

www.gromelo.com

Reseña publicada en el nº 135 de El Pollo Urbano

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