La curvatura de la córnea

15 mayo 2012

El libro de los milagros, de Carme Tierz

El domingo presencié un milagro. Los parroquianos del Bar Miguel seguíamos por televisión el decisivo partido de fútbol entre el Getafe y el Real Zaragoza. El equipo maño necesitaba la victoria para garantizar su permanencia en Primera División. Junto a la pantalla se encontraban algunos tributos destinados a llamar a la buena suerte: Un cachirulo con el nombre del bar, una bufanda con la leyenda SI SE PUEDE, la reproducción de la Virgen del Pilar y a sus pies una vela vestida de rojo.
El Real Zaragoza, aunque dispuso de un par de claras ocasiones, terminó los primeros cuarenta y cinco minutos sin marcar. Este contratiempo nos minó un poco los ánimos hasta que el cronómetro llegó al minuto 58 y Agustín Martín, afamado humorista radiofónico, dijo con voz de frecuencia modulada: La vela que nos ilumina está apagada. Entonces apuró el trago de su jarra de cerveza y ascendió, ayudado por una silla, hasta los pies de la Virgen. Tomó la vela entre sus manos y no hizo falta lumbre. Una llamarada de luz brotó con fuerza. El volumen de la televisión aumentó y todos escuchamos, con nitidez divina, como el señor colegiado pitaba un penalti a favor del Real Zaragoza. El grito de júbilo fue unánime y se elevó como plegaria: ¡¡Milagro!! ¡¡Milagro!!.
La llama se transformó en dos robustos brazos que se abalanzaron sobre el grifo de cerveza y repartieron, a velocidad de vértigo, cañas, tubos y jarras entre los parroquianos. Todos los presentes levantamos nuestras bebidas y al coro del mantra SI SE PUEDE apuramos de una tacada nuestros tragos.
Apoño tomó la responsabilidad, posó el balón en el punto de los once metros, golpeó con decisión, tumbó al portero y marcó el gol de la esperanza. Los robustos brazos regresaron a su condición de humilde llama y los parroquianos recordamos viejos cánticos futboleros hasta que terminó el partido en palmas, abrazos y amor. Gracias a un milagro el Real Zaragoza se mantenía en Primera División.
Este hecho real que yo viví en primera persona el domingo pasado pone de manifiesto que los milagros están al orden del día, que no son cosas del pasado. Ese es uno de los motivos para afirmar que Jekill & Jill han acertado al publicar “El libro de los milagros. Siete cuentos irreverentes” de Carme Tierz. Un libro que le da una vuelta a lo religioso-fantástico para rellenar de realidad (irónica) los huecos que dejó vacíos la realidad oficial.
La autora está tan preocupa por delimitar la frontera entre lo real y lo friccionado que ha escrito una introducción con el título “¿Basadas en hechos reales?” en el que apunta una idea que comparto con un matiz de discrepancia. Carmen Tierz asegura que no existe una única verdad y por eso, ante un mismo hecho, se producen explicaciones muy diferentes en función de la ideología y los intereses del narrador. Sin embargo, a mi me parece que siempre hay una verdad irrefutable, hechos que, evidentemente, se distorsionan con visiones y versiones particulares. Es en ese terreno, en su visión particular, dónde la autora despliega ironía, ingenio y pulso narrativo.
Carme Tierz fija en esa introducción los hechos verdaderos, los que podríamos calificar de históricos para, alrededor de ellos construir una trama ficticia con tanta potencia y verosimilitud que resulta apasionante cambiar los papeles y pensar que, los hechos reales pertenecen a la fabulación oficial y las invenciones de Tierz podrían ser perfectamente reales. Milagros que nos muestran el apasionante viaje de Lázaro que llegó hasta la muerte y le resucitaron. El interés botánico de Barnardette. La voz aflautada de Franco frente al brazo incorrupto de Santa Teresa, o una monja con la habilidad de Tom Cruise en “Misión Imposible” y la sangre fría de Indiana Jones dando el cambizo al principio de “En busca del Arca Perdida” Una momia cabreada. Una madre que no conoce varón y a la que unas monjitas le roban el fruto de su vientre. San Superman y el deber sagrado de salvar al mundo. Y todo iba bien hasta que descubrí una baraja de Santos cosidos en acordeón en la parte posterior de la contracubierta del libro. Siete estampitas corta y pega de Elisa G. Sabelman. Siete neo-Santos como siete pecados capitales. Cada uno de ellos para un día de la semana, en el reverso de cada estampita una oración para el infierno, la obsesión, el descuartizamiento, la maldición, el milagro, el martirio y 1982, el año que Juan Pablo II vino a España y Naranjito se hizo Pop.
“El libro de los milagros” es una invitación para creyentes y no tanto, para valientes con residuos de imaginación, para confesores, peregrinos, a los de misa diaria y cómic en el salón. Un libro que es un juego para pensar cuantas veces la verdad es suplantada.

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