La curvatura de la córnea

18 febrero 2012

Boleros para toda la vida con Ámbar Martiatu

From La curvatura de la córnea

El piano de Humberto Rios acompañó anoche a la voz de Ambar Martiatu. Después del concierto le pregunté si estaba en lo cierto cuando había sentido que su interpretación había sido pura percusión. Me contestó que esa percepción estaba motivada por su alma cubana sin embargo, apostilló, el instrumento es mucho menos percusivo cuando interpreto a Ravel o Mozart.
Hay Boleros para toda la vida y Ámbar Martiatu, en estos tiempos de zozobra, se encarga de ponerlos a girar sobre los escenarios. Anoche en lo hizo en el Salón de Actos de la Cai en el Paseo de Independencia de Zaragoza. Quizás alguno de ustedes piense que los boleros son cosa del pasado, por eso ahora es el momento de librarlos de esa etiqueta y recuperar el espacio mágico que se genera entre dos amantes abrazados que deslizan sus emociones al ritmo cadencioso del bolero.
El concierto de Ámbar Martiatu tuvo la esencia de lo sencillo y lo cercano. La sentí nerviosa con las palabras, con el semblante teñido por la responsabilidad de estrenar nuevas canciones y esos gestos la hacían humana, una característica esencial para los cantantes de raza que, además de la excelencia en la técnica, buscan la conexión emocional con el público. El cambio de mi percepción comenzaba cuando el jovencísimo Humberto Ríos percutía las teclas del piano y las vibraciones sincronizaban con los latidos del corazón de la cantante y de ahí, de esa comunión entre cubanos, surgía la magia de la música: Voz y melodía para canciones originales y grandes clásicos que forman parte de la memoria sentimental de muchos de nosotros. Ámbar Martiatu se enfrentó con temas que están asociados a Sara Montiel, Machín o Serrat y ahí, sin trampa ni cartón, con cariño y el pulso del amor, la perla negra cubaneó hasta cuando las notas venían por tangos de nostalgias. Ámbar comenzó vestida de negro y nos dejó al ritmo de una sambita instrumental que el maestro Ríos ejecutó caliente, precisa y percusiva. La cantante regresó de lila y se deslizó por el recuerdo de la distancia, ese recorrido emocional que nos llevó a los días en los que su madre le cantaba boleros de nana. Y para terminar, como si el frío de Zaragoza fuera caribeño, llegaron las lágrimas negras que, a mi se me antojaron, presagio de buena suerte para el próximo disco de Ámbar Martiatu, unas canciones que significarán el retorno del bolero a nuestras vidas. Recuperen sus trajes de etiqueta y atrévanse, gracias al exorcismo de bailar mil y un boleros, a olvidar la crisis, los mercados internacionales y tanto malaje que esta envenenado nuestro derecho a ser felices.

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