La curvatura de la córnea

12 diciembre 2011

Palabras envenenadas, una novela de Maite Carranza

Maite Carranza nació en Barcelona en 1958, se licenció en antropología, fue profesora de Lengua y Literatura en un Instituto y comenzó a escribir literatura juvenil. Desde 1992 da cursos de guión en al Universidad Autónoma de Barcelona y en la escuela Taller de Guionistas, y claro, escribe guiones, además de alguna incursión en la literatura para adultos. El pasado 18 de noviembre el Ministerio de Cultura le concedió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2011 por el libro escrito en catalán "Paraules emmetzinades”

“Palabras envenenadas”, traducido al castellano por no encuentro quien, fue el libro elegido para inaugurar el Club de Literatura Infantil y Juvenil. Una propuesta de ocio creada y coordinada por Nerea Marco (El cultural de Nerea) Isika (La casa de los libros perdidos) y Beleth (Book Eater). Una reunión de lectores que se celebrará todos los meses en la librería El Pequeño Teatro de los Libros.

La acción de “Palabras envenenadas” transcurre en veinticuatro horas. Un día trepidante para adentrarnos en los territorios de la novela negra y la intriga. El libro comienza con la voz de la protagonista en primera persona. Una frase poco comprometedora en apariencia que, sin embargo, nos pesará como una losa a lo largo de toda la historia “El día de mi decimonoveno cumpleaños fue como cualquier otro”. Maite Carranza preserva para el resto de los personajes la distancia de la tercera persona. Pero esa técnica es solo un pórtico para situarlos en primer plano, en forma de monólogos interiores o conversaciones entre ellos, y así emplazar al lector muy cerquita de la respiración del resto de los integrantes de la trama “Pero me equivoqué, como en tantas cosas. Cuando todo parecía claro y diáfano” Esa es otra de las virtudes del libro, todo parece diáfano hasta que deja de serlo. La autora ha tejido una red de sospechas que nos muestra de a poquitos que, casi todos los personajes tienen suficientes motivos para ser el culpable. Esa estrategia hizo crecer mi inquietud y me llevó a buscar, página tras página, la pista que me llevara en la dirección correcta.

La novela está construida en tres capítulos que sirven de referencia para la presentación, el nudo y el desenlace. En este recorrido temporal el ritmo del texto se va acomodando a cada una de las estaciones, de manera que la cadencia sosegada del inicio va ganando pulsaciones hasta que en las páginas finales todo se desarrolla a un ritmo alocado, con el corazón a punto de salirse del pecho.

Aunque el tema principal del texto gira en torno a las relaciones familiares y la dominación de lo masculino sobre lo femenino, a lo largo de la novela se suscitan múltiples visiones sobre temas que afectan, tanto a la infancia y la juventud y al modo de enfrentarse al los cambios que la vida les depara (“descubrir de una año para otro que no era una niña”), como a una reflexión general de la sociedad que estamos construyendo y su reflejo mediático (“Y los medios de comunicación, con su amarillismo, hicieron mucho daño al caso”).

La lectura ha sido trepidante, he devorado las páginas con una sensación que casi había olvidado. La radiografía de los personajes me pareció perfecta, los cambios de enfoque de la historia incrementaban la tensión, la cadencia me atrapaba cada vez más pero, sin embargo, en algunos pasajes he sentido como la pedagogía brotaba entre las líneas y se adueñaba de la literatura. Y sin desvelar ni un ápice la trama de la novela: El final no me ha gustado. Pero de esto, y de mucho más -¿Por qué la biografía de la autora en la solapa del libro nos informa de número de hijos que tiene?- hablaremos a finales de diciembre, cuando se vuelva a reunir el Club de Lectura. ¿Te lo vas a perder?

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