La curvatura de la córnea

13 abril 2009

“Guantes negros” de Fede Durán


“Guantes negros” es el primer libro de Saymon Ediciones. Fede Durán (Sevilla 1977) nos ofrece once relatos donde el perfil de los personajes determina situaciones que, aunque puedan parecer increíbles, terminan por delimitar realidades reconocibles para el lector, lugares literarios donde el autor muestra la potencia de una prosa musculosa y dinámica, textos sin grasas, construcciones narrativas ágiles y un discurso entretenido que atrapa tanto por la forma, como por lo variado e imaginativo de las historias propuestas.
Un libro cimentado en tres bloques que el autor sitúa en los terrenos de la oscuridad, la opresión y la acidez.
Oscuridad. Las atrocidades históricas en la Europa del primer tercio del siglo XX han terminado por pertenecer al mundo de las imágenes televisivas en blanco y negro, y por lo tanto, a una zona filtrada de nuestro cerebro que a veces se desconecta del pánico. Fede Durán transita por las tinieblas de un estado opresorcamuflado en lo cotidiano de la vida doméstica, una treta que aumenta el espanto cuando el miedo, la traición y el amor como vía de liberación son sólo el atrezzo de una vida impregnada por el horror. “La mente es el reducto último de la libertad y que por ello uno debía mantenerla siempre en forma, liberada de la distorsión, de los tapones y las orejeras”
Opresión. Mateo, Churruca, Julio y tres maneras de mirar los acontecimientos: El temor a afrontar las responsabilidades de encontrarnos con “el yugo de la verdad”. El valor de quien es capaz de darse cuenta del desastre y sin embargo continúa al mando de su propio destino. Las gafas de pasta que me recordaron los días de desmayo de cuando, rota por enésima vez una de las patillas, tenía que esperar hasta una semana para, una vez reparadas en la capital, el conductor del autobús de línea que hacía la ruta Utrillas-Teruel me devolviese la nitidez del mundo, o eso pensaba, tal vez mi mundo fuese aquel otro desenfocado y borroso donde nada era lo que parecía.
Acidez. Los ámbitos culturales como itinerario dónde casi cualquier cosa de dudoso mérito se convierte en un mundo de oropel, la excusa para que tal vez el autor ponga en boca de uno de sus protagonistas una declaración que no estoy seguro se esta en el ámbito del los principios estilístico o en el terreno del humor: “Escribo porque no valgo para otra cosa. Es, por decirlo así, mi gasolina existencial. Y las historias surgen, como en tantos otros casos, de la mera observación. Estamos rodeados de suficiente materia prima. Maniáticos, enfermos, asesinos, maltratadores, psicóticos, neuróticos y políticos, toda una fauna”
Uno de los relatos del este buen libro se construye sobre el decorado de un concurso musical y ejerció de disparadero para trasladarme hasta el año 1978, al Barrio del Piojo, a los días de sábados por la tarde cuando me colocaba una toalla por melena y cogía el palo de la escoba a modo de guitarra o micrófono, de tal guisa alternaba las pose de Jagger o las de Richards hasta que la fuerza dinámica de la batería se inoculaba en mis venas, entonces me deshacía de todo lo material y centraba mis inspiraciones musicales en unas imaginarias baquetas con las que conformaba un ballet para golpear con esmero la caja, los platillos y el compás “pla, tu plá, pla, pla” del rock, unas gesticulaciones muy alejadas de la elegancia de Mister Charlie Watts.
“Guantes negros” es una excitante lectura que consigue mantener viva curiosidad durante todas las páginas porque lo intuido, muchas veces no es lo que parece.



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