Olvidé la sombra de la encina
![]() |
| Foto: Oscar Gómez Chacón |
Tierra, memoria y futuro
La compañía ‘Raigambre’ estrenó
el 20 de diciembre de 2025 en el Teatro Arbolé de Zaragoza su espectáculo
’Olvidé la sombra de la encina’. La información previa de la función hablaba de
una obra dedicada a la memoria rural y a la pérdida de identidad. La mirada
nostálgica que nos propone está muy alejada de la corriente restaurativa que
añora el pasado tan y como era, la dramaturgia aboga por un mensaje
crítico, reflexivo, y con un inicio de
función que fue una buena pista en ese sentido. Todo comenzó como los buenos manuales de Geografía Humana:
con un glosario de términos y la descripción geográfica de donde ocurren los
acontecimientos.
La vida de las palabras está
determinada por su uso y muchas de ellas mueren porque simplemente desaparece
las cosas que representan, algo muy habitual con términos relacionados con una
forma de vida en el campo que ha cambiado radicalmente en los último cincuenta
años. Por eso la retahíla de palabras que inicia la función tiene esa misión
arqueológica de guardar y custodiar lo que de otra manera estaría destinado al
olvido. El segundo factor que centró el desarrollo del espectáculo fue
determinar las coordenadas geográficas de donde transcurre la acción. Tierra al
sur de serranías donde los montes son extensiones inabarcables de olivos y así,
establecidos los parámetros del lenguaje y el espacio, comenzó el ritual.
La mesa en medio del escenario
hacia las veces de altar. La escenografía la formaban unos estantes repletos de
tarros de cristal, y los protagonistas dentro de cada uno de ellos. Si en el
teatro de objetos los elementos más inesperados cobran vida, en este caso los
encargados de realizar la liturgia eran tierra, semillas, madera y toda la
extensión de un olivar. Un espacio por el que Bellota sobrevuela cielos,
deambula terruños y horada surcos a lomos
de su propia sombra. El títere está manejado con la técnica japonesa del
Bunraku. Tres titiriteros trabajando al unísono se hacen cargo del personaje,
pero el punto esencial es que tienen que respirar al unísono, y quizás esa sea
la mejor imagen para potenciar la idea de comunidad que pretende la función. La
implicación de todos con el objetivo de salvaguardar oficios, espacios y
sentimientos que han forjado territorio y memoria, pero ahora corren peligro de
extinción.
Los titiriteros también ejercen
de actores. Es una transición en la que se diluye la estética y el ambiente que
la representación ha creado, quizás porque desde esas afueras se gritan los
problemas internos y contemporáneos de esos espacios que ahora están vacíos,
pero la sensación es que la barrera entre el títere y la interpretación tiene
querencia por una rigidez que reduce intensidad poética de la historia. No hay
una correlación entre la dramaturgia que bucea en la historia oral con cierto
aire revolucionario, y unas hechuras teatrales que se perciben básicas hasta
desdibujar el enorme potencial expresivo que contiene el mensaje de la obra.
Así se puede llamar la atención, poner el ojo en la diana del problema, pero no
alcanza para agitar los sentimientos de un público aleja de las historias que
se cuentan. Se aprecia el esfuerzo estético e intelectual, pero sin alcanzar
ese momento en el que palabras y acciones golpean la conciencia, y que el
teatro se convierta en la energía que nos transporte al latido de la emoción.
‘Olvidé la sombra de la encina’ tiene
una virtud muy importante: no pretender regresar al pasado porque su objetivo
es mirar hacia atrás con el sano propósito de generar preguntas plenamente
actuales sobre nuestra relación con el entorno natural, su preservación física
y sentimental, y a partir de ahí reflexionar para tener consancia de todo lo
que ya se ha perdido. Una nostalgia reflexiva con sensibilidad estética para habitar
los detalles del pasado, apreciar los rastros de la memoria y evocar el
nutriente esencial de la reflexión. Un método casi científico para comprender la importancia de preservar las
huellas del pasado, y a partir de esa experiencia otear el futuro que todavía
está por venir.
‘Olvidé la sombra de la encina’
Espacio comunitario de artes
escénicas y creación La Horizontal. Centro Del Títere De Alcorcón. Dramaturgia:
Laura Hernando, Fito Puntas E Isabel Denzel. Dirección: Isabel Denzel Y Soraya
Manjavacas. Interpretación: Fito Puntas, Laura Hernando, Jimena Villalba. Diseño
y construcción de escenografía: Fito Puntas. Diseño y construcción del títere:
Fito Puntas Y Laura Hernando. Diseño de vestuario : Kat Imbarach. Diseño de
luces: Kai Sánchez. Espacio Sonoro: Daniel León González. Producción Ejecutiva:
Laura Hernando. Acompañamiento en la construcción del títere: casa-taller de
marionetas de Pepe Otal
20 de diciembre de 2025. Teatro
Arbolé
Etiquetas: Centro del Títere Alcorón, critica teatro, Fito Puntas, Isabel Denzel, Jimena Villalba, La Horizontal, Laura Hernando, Teatro Arbolé


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home