El funeral 20º Aniversario
Un funeral de verbena
Oua Umplute son unos huevos
rellenos a la rumana. A saber. Se hace una mayonesa a mano con cuchara de
madera, una yema de huevo cocido y otra cruda, mostaza y zumo de limón. Para el
relleno mezclamos una cucharada de mayonesa con huevo y patata cocida. El
ejercicio de relacionar esta receta con el nombre del espectáculo que Teatro
Che y Moche puso a funcionar hace 20 años es un salto mortal a alcance de muy
pocos, así que tendremos que pensar que la incorporación por aquellas fechas de
Tereza Polyvka a la compañía fue un disparadero para fusionar la música de los
zíngaros con el humor somarda. El doctor de Filosofía y Letras Guillermo Fatás
definía somarda como esa retranca o intención oculta para mofarse de alguien
pero como sin querer.
La puesta en escena de ‘El
Funeral’ es un espacio de respeto mortuorio hasta que aparece la pedorreta de
una campana y lo pone todo del revés. Ahí está la clave de la función, que en
medio de una seriedad socialmente aceptada salte la sorpresa y brote el humor
grotesco mediante tres recursos que recuerdan a los que utilizan los payasos.
Los gags físicos se apoyan en el
movimiento corporal que siempre termina en el rostro un gesto que certifica la
broma y es la vía para descubrir la personalidad de los personajes. Ella
resopla porque está harta de hacer tiempo con su cubo de Rubik. El de las
baquetas deja pasar el tiempo aburrido hasta que la curiosidad le mete en algún
lío. Las seis cuerdas son un remanso de paciencia mientras el tipo que le arrea
a los vientos incrementa su enfado, y cuanto más se inclinan las cejas y más se
inclinan las pupilas más risas provoca entre el respetable.
La comicidad de la palabra es un
alarde para que la farfulla que pavonea cosas triviales se transforme en una
brillante pantomima verbal, y conecta de manera directa e intuitiva con la
sonrisa y la carcajada. Ese charramengueo de vaya usted a saber que idioma es
un perfecto caldo de cultivo para que emerja la figura literaria de la
paronomasia: utilizar las mínimas diferencias vocales entre dos palabras para
hacer malabares fonéticos, buscar la confusión y dejar que el espectador
complete el chascarrillo.
Gestos y palabras son excelentes
materiales para romper la cuarta pared, relacionarse con el público, y abrir la
puerta a una constante actualización del espectáculo para que las bromas pueden
discurrir entre lo atemporal y los acontecimientos novedosos. Y al mismo tiempo
son dos recursos susceptibles de ser moldeados dependiendo del tipo de público
y del espacio en el que se realiza la función. Esta flexibilidad a la hora de
afrontar la comedia puede llevar el espectáculo por derroteros inesperados.
El tercer elemento narrativo es
una sobresaliente dimensión musical donde se cuelga todo el humor generado para
transformar el espectáculo en un conciertazo con diferentes ritmos y melodías
de la música balcánica. El elenco se
pasea con frescura por un pentagrama con momentos agrestes y melancólicos. La
generación de energía musical salta del escenario al patio de butacas, se
transforma en una sinfonola, y los espectadores insertan la moneda de su
canción favorita y así, por el bendito arte de la improvisación convertir el
espectáculo en una verbena mediterránea.
‘El funeral. 20º Aniversario’
Producción, vestuario y
escenografía: Teatro Che y Moche. Dirección: Joaquin Murillo. Dirección
musical: Teresa Polyzka. Intérpretes: Tereza Poyzka, Joaquin Murillo, Kike Lera
y Sergio Dominguez.
Enero de 2026. Teatro de las
Esquinas
Etiquetas: critica teatro, Joaquín Murillo, Kike Lera, Sergio Domínguez, teatro che y moche, Teatro de las esquinas, Teresa Polyvka



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