La curvatura de la córnea

13 agosto 2016

Para Isabel González, mi suegra a la que tanto quería





Mamá, ahora eres silenciosa como la ropa

del que no está con nosotros.

Te miro el borde blanco de los párpados

y no puedo pensar.

(Antonio Gamoneda)



Isabel González se levantó de la cama el 9 de agosto del 2016 sin saber que aquel día se iba a morir, se dio un paseo mañanero con sus dos vecinas de toda la vida, a media mañana preparó las croquetas de carne de cocido que le había prometido a su sobrina y por la tarde, después de trastear el mando a distancia de la televisión hasta encontrar una novela que le permitiría despuntar una siesta, metió en una bolsa la toalla, el gorro de baño, las gafas para nadar y se fue a las piscinas municipales de Utrillas.
Isabel regresó al fresco de la casa familiar de Utrillas cuando el calor de la ribera se instaló en el barrio zaragozano de Las Fuentes. El verano en el pueblo se presentaba tan optimista como el reciente lavado de cara que había dejado la casa familiar con paredes, ventanas y mobiliario a estrenar. A Isabel se le sentía contenta con aquellas novedades que a todo el vecindario explicaba con ese acento hibrido de quien ha nacido en la calidez del Sur pero ha hecho su vida entre Utrillas y Zaragoza.


Isabel nació en Las Navas de la Concepción y desde niña trabajó en una  finca al cuidado de los animales y al capricho de la tierra hasta que su buena disposición con el trabajo la llevó a servir en la casa sevillana de los señoritos y desde allí, andando los años, siguió los pasos de un campesino convertido en minero.
La aventura para encontrar una vida mejor llevó a Isabel y Bartolomé hasta las entrañas de Utrillas donde arañar lignito permitió sacar adelante una familia entre la calle La Fuente y las Casas Nuevas. Una experiencia vital que compartieron con otras muchas familias en busca de sus mismos objetivos. Hombres, mujeres y niños que fertilizaron la aridez turolense con aroma sevillano de albahaca y limonero mientras un fandango minero de Huelva hablaba de carbón, sudor y cabras.
Aunque fueron tiempos de duro esfuerzo y trabajo a Isabel le gustaba pasearse en sus zapatos blancos de tacón acompañada por sus tres niñas. El primer día de la primavera de 1970 bajó por la carretera hasta llegar a la plaza donde compró un retal estampado de flores del que sacó tres vestidos diferentes, uno para cada una de de sus hijas a las que llevó de punta en blanco hasta los Jardines Florida para que el retratista inmortalizara en color sepia a las tres perlas de sus ojos, y como diría Isabel, “Después llegaron los tres varones”


Isabel aprendió a nadar cuanto tenía setenta años. El médico se lo recomendó para mejorar el dolor en las articulaciones y ella, que tenía pavor al agua más allá del aseo, recibió clases de natación con la algarabía de quien descubre un mundo nuevo, un mundo que explicaba y compartía con sus familiares a los que una y otra vez les hacía demostraciones de cómo hacer la medusa, nadar de espaldas o realizar diversos movimientos de aquagym. Aquella pasión por el agua contagió a toda la familia y era habitual ver a las tres generaciones de abuela, hijos y nietos disfrutando entre juegos y risas de unas gozosas jornadas acuáticas.


El día que Isabel parió al último de sus hijos varones toda la chiquillería de las Casas Nuevas andaba de vacaciones escolares porque el mandamás del país había pasado a mejor muerte. Así que el chascarrillo del alumbramiento los tenía revoloteando por la casa de la parturienta hasta una voz con acento de Alosno puso el grito en el cielo para dar el aviso: Una cigüeña está sobrevolando nuestras cabezas y hay que alejarse de la casa para que pueda depositar al niño en el regazo de su madre. Aunque la chiquillería se alejó, todo el mundo pudo ver como una cigüeña blanca dejó una canastilla en el patio trasero de la casa, junto a la ventana donde esperaba Isabel.
El 9 de agosto del 2016 Isabel regó por última vez el rosal blanco que plantó en el lugar que nació su niño pequeño. A Isabel le gustaba meterse en la piscina por la zona de menos profundidad para avanzar de a poquitos hasta donde el fondo del agua se hace oscuro y abisal, pero ella, a la que tanto le gustaba nadar de espaldas, cerró los párpados para ver las caras sonrientes de sus tres nietos y sus cuatro nietas, y así, nadando en dirección oeste como queriendo imitar el tránsito del sol, el corazón de Isabel decidió pararse y dejarnos sin la luz de una de esas grandes mujeres que dedican su vida a entregarla a los demás.
 





10 Comments:

At 13 agosto, 2016 22:39, Blogger Sefa said...

Un bonito homenaje que todos quisiéramos, desde donde esté seguro le habrá gustado, un abrazo y mis condolencias para tu rosa, bsss.

 
At 13 agosto, 2016 22:41, Blogger Sefa said...

He escrito esposa, pero lo he debido hacer mal, por eso lo corrijo, un abrazo.

 
At 13 agosto, 2016 23:19, Blogger alejandro pastor said...

Un abrazo fuerte, Javier y otro a Migue.

 
At 13 agosto, 2016 23:20, Blogger alejandro pastor said...

Un abrazo fuerte, Javier y otro a Migue.

 
At 14 agosto, 2016 00:32, Blogger cristina said...

Javier, un abrazo. Gracias por presentarnos a Isabel, que vida tan hermosa.

 
At 14 agosto, 2016 01:15, Blogger Laura en India said...

Me emociona,gracias Javier, toda la familia estará orgullosa de esta preciosa descripción sobre su vida y de ella ,por supuesto. Abrazos fuertes

 
At 14 agosto, 2016 01:15, Blogger Laura en India said...

Me emociona,gracias Javier, toda la familia estará orgullosa de esta preciosa descripción sobre su vida y de ella ,por supuesto. Abrazos fuertes

 
At 15 agosto, 2016 12:14, Anonymous alvaro dada said...

precioso javier!!!

 
At 16 agosto, 2016 11:55, Blogger Francisca ruiz gutierrez said...

Precioso, ella desde el cielo estará muy orgullosa de ver su historia aquí ....mis condolencias

 
At 16 agosto, 2016 11:55, Blogger Francisca ruiz gutierrez said...

Precioso, ella desde el cielo estará muy orgullosa de ver su historia aquí ....mis condolencias

 

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