La curvatura de la córnea

06 diciembre 2011

Sustituto

Nunca conocí a mi abuela. Siempre estuvo muerta y allí lleva toda la vida. Algunas veces, desde que su hija murió, pienso en ella, en la madre de mi madre. Una mujer que hace sopas y reza para tener una vela encendida en el altar. Por eso me levanto, para sustituir a mi madre. Voy a la parroquia del barrio y conecto una lamparita eléctrica. Desconozco cuanto tiempo valdrá mi donativo y, si esa llama a 220 voltios, será suficiente para alumbrar lo que tanto temía mi abuela: La oscuridad eterna del féretro.
Estoy preocupado porque hasta hace muy poco nunca había pensado que desconozco el lugar dónde están enterrados mis abuelos, a los que nunca conocí.

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