La curvatura de la córnea

27 diciembre 2010

Luz perdida

“La vida se adivina”
(Claudio Rodriguez)


El sol pinta la nueva mañana. Los colores cobran vida y los recuerdos, devaneos del pasado, se ocultan. El día llega y no encuentro las certezas en esta cercanía de pensar en niebla. Lo que fue dogma ahora es vuelo sobre manantial. Busco consuelo en la música y su potente capacidad para velar la tristeza y su agonía. Desafino para no estar sólo y escapar. Hago ruido para ahuyentar el miedo.
Regreso al mundo por los mismos senderos que me alejaron de la verdad. En mi ausencia nada ha cambiado: La mañana alumbra la misma cama vacía de ilusiones y los malajes siguen dibujando curvas como las que dejé atrás, cuando el movimiento era más huída que búsqueda.
Insomne frente al alba, testigo tantas veces de intentar vivir, no espero a nada ni a nadie. Me siento sólo junto a este latido de misterio que me dice que ayer fui campo y hoy, arroyo perdido de nube, discurro unas veces hacía adelante y otras hacía atrás. Y yo, que soy de tierra adentro, sueño con un camino de luz, una vereda mágica para descubrir que la belleza es previa a la emoción.
Desde esta ventana miro el manantial. Los árboles ni son ramas, ni sombras, ni hojas. Los tejados y las farolas son mar. ¿Qué me ocurre? La mañana es eterna y yo, perdido, me quedo fuera, dónde el aire es copla y la vida se va.

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