La curvatura de la córnea

26 octubre 2010

La paella de Paco

En primer lugar estaba él. Más tarde vino Berta, y luego Catalina, y un poco antes Rafaelito. Treinta años de trapicheos, dos hijos, una mujer y las caricias sin papeles de Manchuca llevaron al Paco de los andamios hasta el Don Francisco de los despachos.
Paco estaba satisfecho con el trabajo. Su mejor cuadrilla había embaldosado la piscina en un tiempo record. Un enorme escudo del equipo local de fútbol ocupaba gran parte del fondo azulado. Él sólo tuvo que arrancar la bomba de agua y esperar los veinte minutos de cocer el arroz. Limpia los mejillones, rascándolos con un cuchillo bajo el grifo. Limpia y lava el resto de pescados. Quita el corazón al pimiento y trocéalo. Ralla los tomates y quita piel y pepitas. Las paellas de Paco eran famosas entre los ediles de la región. Trocea el pollo, sazónalo y dóralo en el aceite vertido en la paellera. Añade las costillas de cerdo. La mayoría de ellos habían firmado algún acuerdo urbanístico después de hincarle el diente al contribuyente y al guiso del promotor. Añade las cigalas, rehógalas y resérvalas en un plato A los gallitos de la ciudad los unió la pasión por el gol y la malversación de bienes. Añade los calamares cortados en anillos y las gambas peladas. Rehoga unos minutos. Pela y pica los ajos muy finos junto al perejil. Agrégalos. Paco afirmaba que lo importante para la cocina y la albañilería eran los buenos materiales y los amigos con saque. Incorpora el pimiento verde troceado, vierte el tomate rayado y rehoga. Las paellas dominicales eran una tradición, a Paco le gustaba ver a la familia alrededor de la mesa. Cuando el sofrito este hecho añade los guisante escurridos. Machaca el azafrán en el mortero y lo mezclas con agua. Agrégalo. Sin embargo, cuando los trajes a medida y los coches de importación florecieron a su alrededor, comenzaron las deserciones. Mide el arroz a razón de una tacita por comensal, viértelo y rehógalo unos minutos. Primero fue Rafaelito y incompatibilidad moral con el equilibro que su padre gastaba para moverse en la fina línea que separa lo legal de lo conveniente. Añade los pimientos morrones en tiras. Pero lo que le dolió de verdad fue la escapada de la chica. Catalina se marchó sin dar explicaciones. Esa misma noche actuaba de pinchadiscos en un festival pringoso dónde muchos de sus empleados se dejarían el salario en drogas y tatuajes. Mide doble cantidad de agua que de arroz, añadiendo una taza más. Puedes utilizar caldo en lugar de agua. Berta seguía a su lado, silenciosa en los afectos y extremadamente eficaz en las relaciones sociales con las mujeres de los políticos. Nunca supo como Rigoberta la de la Masada se convirtió en Berta la señora de Muñoz. Vierte el líquido en la paellera y deja cocer a fuego vivo unos minutos. Fue una metamorfosis que él se perdió entre zanjas, planos y maletines. Un día, en la inauguración del último pabellón polideportivo, envidió su danza ritual entre los poderosos, sus movimientos felinos entre los vestidos ajustados de las señoras y los escotes vertiginosos de las putas. Berta había sido una pieza fundamental en la construcción de su imperio y él lo sabía, quizás por eso no soportaba el dardo de su mirada que le decía: Paco, peón de yesaire, lo se todo sobre tu vida. Baja la intensidad del fuego y deja que se haga veinte minutos. A media cocción, añade cigalas, mejillones y las almejas abiertas al vapor. Don Francisco el de las paellas la miraba pasear junto a la piscina y no recordaba si alguna vez la había amado de verdad.
Berta subrayó en las invitaciones la intención campestre de la comida y recomendaba traer traje de baño para la inauguración de la nueva piscina. Una ocasión ideal para estrenar sus últimas compras: Un traje Dolce & Gabana cobrizo, sin mangas, de seda plisada y con cuello de caja. La combinación perfecta para los doce centímetros de altura de los Clue Metallic Slingbacks, sus nuevos zapatos Blahnik. Paseaba junto a la piscina. Los ojos de Paco bizqueanban entre los fogones y la tentación de su cintura. Los suyos, irónicos, se reían de su última horterada de nuevo rico. Decorar el fondo de la piscina con el escudo de un equipo rancio y pacato de la Segunda División era la confirmación de que su marido había renunciado a dar el salto a la Primera División de los que manejaban las finanzas y el poder de este país enmudecido ante la corrupción. La bomba llenó la pileta en veinte minutos. El caudal de rebose accionó el sensor de humedad, detuvo el trasiego y activó el sistema de recirculación. Entre la piscina y el sumidero se creó una fina capa de agua. La suela impoluta de uno de los zapatos de Berta resbaló. En los lados más largos de la piscina se habían instalado dos flotadores de emergencia de color naranja. Paco se sobresaltó. Berta cayó al agua presa del pánico. Paco caminó hasta el porche que daba sombra a la cocina y un salto al recuerdo lo detuvo. Ella nunca se zambulló en las pocetas del río Malacara ni cruzó la piscina enmohecida del pueblo. Siempre paseó su cuerpo por el borde del agua con uñas nacaradas, labios rouge y bikinis de lentejuelas. En la playa del sol a la sombra, en los paseos por el mar de la cubierta al camarote. Nunca había visto nadar a su mujer. El chapoteo fue perdiendo intensidad. El cronómetro de la cocina rompió el silencio. Es importante que la paella repose cinco minutos después de la cocción. Paco cubrió el guiso con las hojas del periódico regional y él mismo fue a abrir a sus invitados, le gustaba mantener la costumbre social demócrata de dar fiesta dominical al servicio. La señora del Alcalde era la Presidenta de Honor del equipo de fútbol local y, tras los besos protocolarios, corrió hacía la piscina para ver con sus propios ojos el emblema que sus chicos lucían en el pecho. El grito histérico rasgó la frase de Don Francisco: Esta paella tiene una pinta estupenda.

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2 Comments:

At 27 octubre, 2010 14:32, Blogger Manolo Gabás said...

Muy bueno Javier, la paella tenía que estar cojonuda y su trama entrelazada mejor.
Lo malo es que no se estrenaron los flotadores de emergencia.

 
At 29 octubre, 2010 16:37, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Manolo
Me temo que a Paco no le importó que los flotadores se quedaran en su sitio... es lo que tiene la convivencia
;-)
saLU2 cÓRNEOS.

 

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