La curvatura de la córnea

08 noviembre 2009

En Berlín

«Una máquina de café es insuficiente» Lo dije el lunes a las nueve menos cuarto. Las corbatas chillonas de los comerciales se mezclaban con las más austeras que lucíamos los administrativos. Todas las mañanas se formaba el mismo guirigay. Eran los mejores minutos del día, un cuartito de hora de escaqueo antes de comenzar la jornada laboral. Todas las conversaciones giraban alrededor del fútbol. «Messi es el puto amo del Barça» «Pues con la albiceleste juega una mierda» Todas menos una. A mi jefe no le gustaba el fútbol «Es una mamarrachada eso de ver a veintidós tipos en pantalones cortos corriendo detrás de una pelota». Mi jefe hablaba de sus viajes. Cada semana elegía uno entre tres categorías posibles: Peripecias infantiles a bordo del 600 familiar, la época de joven idealista mochilero y los grandes itinerarios sufragados a costa de la empresa. Mi jefe siempre ganaba el premio trimestral al mejor empleado.
Cuando mi jefe terminaba su anécdota turística, dejaba un compás de silencio en el aire antes de mandarnos a nuestros puestos de trabajo. Lo dije por tapar esos terribles segundos que tanto me incomodaban. Mis compañeros me lo reprocharon con inquina. Me llamaron pelotillero. No pude convencerles. «Lo dije por decir algo. Ni siquiera lo pensé. Me salió sin más»
El viernes a las ocho y media de la mañana estaba instalada la nueva máquina de café. Frente a ella, toda la plantilla de comerciales y sus corbatas chillonas. Me coloqué junto a ellos. Hablaban de fútbol. «Raúl es una página de periódico que nunca hace nada» «El que nunca hace nada, algo hará cuando es el jugador que más veces ha lucido la camiseta del Madrid»
A un par de metros de distancia estaban los administrativos frente a la vieja cafetera, al otro lado de un pequeño pasillo vacío que separaba las dos máquinas expendedoras. Eché una oreja. Mi jefe hablaba de Berlín, del día que llegó al estación de trenes y como, en lugar de irse al albergue, cogió un autobús urbano que le dejó junto a la Puerta de Branderburgo. «La plaza estaba llena. Quería aportar mi grano de arena. Primero me subí al muro. Bailé y canté hasta que alguien dijo “El muro tiene que caer…” No se como ocurrió, pero aparecieron martillos y picoletas por doquier. En un arrebato de alegría golpeé el cemento hasta que no pude más. Han pasado veinte años y aún guardo este recuerdo» El silencio ocupó todo el espacio, hasta los comerciales acallaron sus cuitas sobre el capitán merengue.
Mi jefe sacó del bolsillo de la chaqueta un trozo de hormigón. La piedra pasó de mano en mano. Todos administrativos hicieron el mismo gesto de asombro acompañado de un patético sonido como de asombrarse. La escena fue vomitiva. El recuerdo turístico terminó la rueda de admiración en las manos de su dueño. Sopesó el hormigón. Creí ver en su mirada al joven mochilero. Lo imaginé veinte años atrás, cuando el mapa del mundo aún era como lo habíamos estudiado en el colegio. Fue un espejismo, un grave error que me pilló desprevenido cuando sus ojos me fulminaron, justo en el momento en el que me lanzó aquel pedazo de historia.
La piedra sobrepasó el pasillo vacío que nos separaba y cayó en mis manos. Por un lado era irregular y rugoso. Por el otro era suave y plano, de color violeta, en una esquina se adivinaba una mancha amarilla, parecía pintura de spray. Pensé en la prisa que se dieron los albañiles azuzados por la geoestrategia. Una sola noche para separar al mundo.
Apreté la piedra en la palma de mi mano y crucé con el puño cerrado el pasillo vacío que separaba las dos máquinas de café. Mi jefe me recibió con la sonrisa peligrosa de te vas a enterar chavalin. Le entregué su recuerdo envuelto en un prolongado y profundo suspiro de asombro. Él me echo la mano por encima del hombro y soltó una risotada «Tenías razón. Una máquina de café era insuficiente»

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6 Comments:

At 08 noviembre, 2009 22:31, Blogger Belén said...

Pues si... la verdad es que la noticia de los 20 años me ha hecho sentirme de un viejo!!!!

Besicos

 
At 09 noviembre, 2009 00:23, Blogger Miguel Ángel Y. said...

...Pues no te digo nada, Belén, de los que vimos el mayo del 68...Jajajaja...
Un abrazote, JLC

 
At 09 noviembre, 2009 06:46, Blogger Miguel Angel said...

A poquicos se nos va llenando el zurrón de años... la 1ª Comunión, el Mundial del 82 con su Naranjito, la caída del Muro de Berlín con su alegría desbordada por encima del mismo, la caída de las Torres Gemelas enrrunando miedo y tristeza...
A poquicos se nos llena la vida, y su zurrón, de años y recuerdos.

 
At 11 noviembre, 2009 15:43, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Belén.

Lo dice el tango: Veinte años no es nada...

;-)

Salu2 Córneos.

 
At 11 noviembre, 2009 15:45, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Miguel Ángel Y.

No me fastidies que durante el 2 de mayo zaragozano, ya estabas en las calle!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Ah, coño, Mayo del 68, por entonces sólo pensaba en los esbarizaculos

;-)

Salu2 córneos.

 
At 11 noviembre, 2009 15:46, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Miguel Ángel

Para eso es la vida, para tener recuerdos de los que tirar hacia adelante.

Salu2 Córneos.

 

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