La curvatura de la córnea

03 mayo 2009

Leche condensada

Me he levantado de la cama para chupar el bote de leche condensada. En mi casa del barrio del Piojo la leche condensada estaba en la alacena de la galería, una diminuta habitación adosada a la casa dónde siempre hacía frío. Ahora la guardamos en la nevera no frost y no es lo mismo. Abro la puerta y la luz desvela todo el misterio. Nada que ver con la emocionante oscuridad de la noche, asomado a la ventana que daba al huerto del Belles y con los pies descalzos sobre el suelo de cemento. Lo mejor era rebañar el dulzor por todo el borde del bote, sin embargo, el actual sistema antigoteo ha sido el antídoto perfecto para dejar de soñar.
La leche condensada llegó a casa con la úlcera de mi padre. Mi madre se la preparaba con agua caliente y agitaba la mezcla con una cuchara hasta que el agua diluía su exquisita voluptuosidad. Yo nunca la tomé así. A mi me gustaba nocturna, como ahora, me levantaba por las noches con el palpito de lo prohibido para poner la justicia en su sitio y la leche condensada en mi paladar. Creo que en aquellos deleites fue dónde aprendí a manejar la puntita de mi lengua con la maestría que he demostrado en otras concavidades tan lúbricas como el untuoso deslizarse de la leche condensada.
Tengo que cerrar la puerta de la nevera para que el pitido de aviso no la despierte. Ella no entendería estas excursiones nocturnas en busca de otros fluidos, de otros placeres. Todos los días después de comer, ella hace café. Ella lo toma sólo y yo con leche condensada. La leche condensada se queda al fondo del vasito y el café la cubre. Siempre compruebo la cantidad de leche condensada que ella me ha puesto. Es increíble, durante todos estos años la mezcla es perfecta: 17 milímetros de leche condensada y el resto, hasta el borde del vasito con forma de torre de refrigeración de una central eléctrica, el aroma del café. Ella se lo toma hirviendo. Yo muevo con parsimonia la cucharilla hasta que el blanco de la leche condensada y el negro del café se fusionan en color café con leche (condensada, claro) Son los mismos gestos que hacía mi madre. El martes voy a verla, vamos al médico, al geriatra.

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14 Comments:

At 03 mayo, 2009 20:29, Blogger AGUSTIN MARTIN said...

ostias, un vasito con forma de torre de refrigeración de una central electrica...
queremos una foto del vaso pero YA. y un monografico en video. y la vida del vaso y sus lavados y en dondes estas corazon, lo quiero saber todo.
abrazo.
ya te contare como me bebia yo la leche condensada robada de galerias primero (grupo árbol).

hemesh

 
At 03 mayo, 2009 23:11, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Agustín.

Querido director, sus deseos son ordenes para mi.
El vaso al que me refiero lo podrá ver en su navegador si copia la siguiente dirección:

http://www.grupocrisol.com/body2/Cris/Cafe/carajillo1.jpg

Sobre el resto de su petición jejejejeje mejor me cuentas como te bebias esa leche condensada que, como todo el mundo sabe, robada sabe mucho mejor
;-)

Salu2 Córneos.

 
At 04 mayo, 2009 11:29, Blogger Lamia said...

Yo tengo recuerdos también de incursiones nocturnas a la nevera. En mi caso era el chorizo... Si, el chorizo. Me encantaba. Mi hermana y yo nos turnábamos para salir de noche y cortar una rodajita para cada una. Siempre era mayor para la que esa noche se atrevía a cruzar el pasillo, abrir la nevera, coger el cuchillo, cortar la rodaja y hacer el camino a la inversa.
Tu recuerdo me ha llevado a uno mío que hace que el lunes tenga otro color.
Un beso, Javier.

 
At 04 mayo, 2009 22:15, Blogger Sara Fedrika said...

No me resisto a contar las incursiones a la despensa de mi abuela. La lata de leche condensada solía tener un cerco de azúcar reseca. Me encerraba en aquella despensa para que no me vieran, y a chupar del bote.

Dale muchos besos a tu madre. Mímala.

 
At 05 mayo, 2009 23:05, Blogger Drywater said...

Pues yo prefiero el antigoteo, aunque no niego que la condensada sabía mejor de niño...

 
At 07 mayo, 2009 18:43, Blogger Gubia said...

A veces una cosa tan sencilla como la leche condensada nos llena de recuerdos y de buenos momentos, de momentos "mejores" como digo yo. Un abrazo, dulce dulce.

 
At 08 mayo, 2009 19:15, Blogger Algo_le_pasa_a_mi_NEVERA said...

Creo que nunca senti esa "necesidad de hacer justicia poniendo algo en mi paladar" en la madrugada, pero hace unos anios descubri que mi hermano hace exactamente eso con el "chocolate de piedra".

Le encanta el chocolate en cualquiera de sus presentaciones, pero le produce un placer no verbalizable ir a comrse las pastillas del chocolate aunque en la maniana no tenga materia prima para una taza de chocolate caliente. Lo mas curioso es que el cree que nadie lo sabe, pero las huellas de raton en la cocina y su 'oscura sonrisa' lo delatan.


Me gusto mucho el relato!

 
At 09 mayo, 2009 08:38, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Lamia y disculpas por la demora en la respuesta.

¡Vaya historia bonita esas hermanas el pasillo, el cuchillo y el chorizo! jajajaja todo un relato sobre aventuras.

Salu2 Córneos.

 
At 09 mayo, 2009 08:39, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Sara

"Despensa" es una palabra preciosa que asociada a "abuela" es una invitación a volar la imaginación.

Durante esta semana le he dado más besos a mi madre que durante el resto de mi vida. Ahora sólo puedo mimarla.

Salu2 córneos.

 
At 09 mayo, 2009 08:41, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Drywater y disculpas por la demora en la respuesta.

El antigoteo es el signo de los tiempos, mirar al futuro pero, en fin, en estos días excesivamente calurosos tengo desviada la memoria y el recuerdo se centra en los días donde el antigoteo era una quimera

Salu2 Cóneos

 
At 09 mayo, 2009 08:42, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Gubia

Estoy encantado que vengas hasta aqui para endulzar esta zona de comentarios.
Un abrazo.

Salu2 Córneos.

 
At 09 mayo, 2009 08:46, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Algo_le_pasa_a_mi_nevera y bienvenido a esta bitácora.

Las excursiones nocturnas a la despensa eran, también, un modo de revelarse contra la autoridad paterna que las prohibía, era hacer justicia socio-familiar.

El chocolate es una fuente inagotable de placer y, aunque conozcas las incursiones nocturnas de tu hermano nunca le digas nada, eso es lo que las hace más apetitosas.

Salu2 Córneos

PD: Chocolante caliente para desayunar que previamente has derretido... hmmmm suena tentador y tan alejado de una mañana de "currantes"
;-)

 
At 10 mayo, 2009 16:28, Blogger LUIS ROSER RODRIGUEZ said...

Pues a mi también me gustaba mucho le leche condensada de pequeño, mi madre la guardaba en la despensa y yo iba siempre sin que se diese cuenta y metía el dedo.

Por cierto ayer mismo commpré en mercadona, hacía mucho que no lo hacía.

Y ahora veo esto aqui, este tipo de casualidades y similitudes en Japón es algo totalmente normal...tenemos que aprender alguna cosa de ellos.

 
At 16 mayo, 2009 15:14, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Luís.

Pues las coincidencias japonesas siguen, desde allí, desde el Japón me acaba de llegar un mensaje de George, habitual en esta zona de comentarios.

Salu2 córneos.

 

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