La curvatura de la córnea

26 julio 2008

Yo era un bailongo

Yo era un bailongo. Recuerdo la reata de esperma bailando en cadeneta hasta que uno de ellos cambió el paso y me fecundó. Recuerdo mis bailes intrauterinos en las fiestas de San Cristóbal patrón de los conductores. Recuerdo el círculo para rifar con el chivirikú chivirika chivirikurikurifeo dónde siempre estaba bailando. Recuerdo cuando era lateral derecho y siempre bailaba samba a lo largo de la banda. Recuerdo haber bailado en todas las verbenas de mi pueblo en sesión de tarde, noche y charanga; con mi novia hasta su desfallecimiento y el resto de la velada con señoras, señoritas y algún marinero del Dédalo; también he bailado en la Playa de las Canteras con la gorra de paseo del Ejercito de Tierra como única vestimenta. Recuerdo la coreografía de la música del Telediario, de los pajaritos y hasta del Bimbó. En mi memoria guardo los nombres de orquestas míticas como Manci, Acrópolis, Zambra y un ciento más. En esa salsa me he criado musicalmente, en el territorio del baile agarrao. Un baile que yo también quise depurar, huir de la técnica pachanguera para aspirar al rigor académico de una escuela de baile. Me gustó la experiencia, domar los instintos para ceñirte a lo establecido, me gustó pero no pude resistirlo. La tendencia verbenera de pueblerino estaba tan metida en mi comportamiento ante el baile que, en cuanto olvidaba dónde estaba, cuando empezaba a disfrutar, entonces, ¡maldita sea!, regresaban todas las poses, los vicios y las malas costumbres de esos pasos torticeros que aprendí de jovencito. Así que tuve que dejarlo porque no disfrutaba, y el baile, señores, es la mejor medicina para olvidarse de este mundo y gozar de la estupenda sensación de ser el rey del mambo.
Las noche de los jueves en Expo Zaragoza están amenizadas por la Big Band JG Dancing Stars, una impresionante banda con una sección de vientos compuesta por nueve maestros (Nota para mitómanos: Juraría que el Trombón de Varas estuvo en el inolvidable Huracán Ambulante de Bunbury), batería, percusión, teclados, piano, bajo, guitarra, el director y cuatro cantantes, de ella, de la vestida de rojo, del color de su voz, de su figura, de su sonrisa, de ella me enamoré durante las dos horas de actuación, luego con las luces todo volvió a la realidad.
Una excelente verbena clásica ejecutada con maestría, un recorrido por todos los ritmos latinos, ¡Dios mío como frasea el cantante cubano de la banda!, el homenaje a Glenn Miller, Ray Coniff y Frank Sinatra, el pasodoble imperial, un bolero para derretirse y un rabioso swing. Una verbena de altos vuelos, elegante, exquisita, suavecita pero con ritmo, agradable, un espectáculo por todo lo alto que se repite todos los jueves en el Anfiteatro 43.
Mientras la verbena avanzaba y ganaba en adeptos, ¿qué hacía quien esto escribe? ¿Dónde paraba el bailongo declarado, el killer dancer de cuando el Chapito era el Rey? Era la primera vez en mi vida que asistía a una verbena sin dar un paso, ni un mísero paso, nada de nada. No me atreví a danzar sólo, la vergüenza hace tiempo que me prohibió bailar con desconocidas y allí estuve, sentado en el suelo, viendo disfrutar a los demás, que es una de las peores maneras de mirar. Marcaba el paso con el pie y poco más. En ese trance me fui hundiendo, entre una cañita y otra y otra más y poco más hundido, temeroso porque algún fusible dijera hasta aquí hemos llegado chaval, agazapado para sobrellevar algún peligroso ataque de melancolía, triste, muy triste, consciente de la caída en picado, disfrazado de carcamal, agonizante tras el objetivo de la cámara de fotos.
Pero aún guardo una esperanza: Volver a ser el que rompe el hielo de la pista vacía, como hicieron estos señores de ahí abajo:

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9 Comments:

At 26 julio, 2008 00:31, Blogger sirleito said...

seguramente vas a volver a hacerlo
ánimo!
t espero en mi blog

 
At 26 julio, 2008 10:12, Anonymous Anónimo said...

¡Ay Javier! Yo estaba en las gradas con mi hijo (24 añitos la criatura) y unos amigos. Te juro que si sé que estás por ahí te busco y nos fusionamos con el resto de bailantes, pero a mi también me daba vergüenza bailar sola (aunque no se hubiera notado mucho, no creas) y me quedé escuchando la orquesta, que es otra forma de pasar un buen rato.
Pero ¡qué orquesta! ¡qué voces!. Me siento afortunada por la inversión del pase expo. Siento que a la semana ya lo había amortizado y cada noche, cad evento es un nuevo regalo.
Por cierto, el amor tuyo fue compartido, porque mi hijo se prendó de la chica de rojo y la miraba con ojos ensoñados.
El jueves vuelvo , por si acaso.

Besoabrazos.

Montse.

 
At 26 julio, 2008 19:19, Anonymous Anónimo said...

Bueno, me iré a ver a Chambao, aunque sea sola, hoy tengo mal rollo, me acaba de decir "mi churri" que tiene novia. qué fuerte...

Besoabrazos Javer.

Montse.

 
At 26 julio, 2008 21:08, Anonymous columna said...

La verg�enza es capaz de destruir hasta los instintos mas primarios.
Parece mentira, que cuando uno se cree ya de vuelta de todo, ah� est� atacando por los dos flancos.
Habr� que esperar a cumplir los 70, que cuando uno se empieza a ir del perolo, sale con baston y todo.
Besos.
S. Manrique.

 
At 27 julio, 2008 03:09, Anonymous Anónimo said...

Hala Javier, cuéntanos de la Mary que ha estao cojonuda, y digo yo, que esta mujer arrastra un mogollón de peña de lo más diverso.

¡Qué caña! ¡Qué maravilla!.

Mira que me ha hecho olvidar mi disgusto.

Otro besoabrazo.

Montse.

 
At 28 julio, 2008 10:45, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Sirleito y bienvenido a esta bitácora.

Salu2 Córneos.

 
At 28 julio, 2008 10:50, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Montse.

Sin lugar a dudas tu hijo tiene buen gusto.

El concierto del sábado me sorprendio.
Susana Vacas merecía más silencio y un recinto mucho más intimo. Impresionante el contrabajo.
Lila Downs: Impresionante la facilidad para pasar de la orgía jazzera de la ranchera, al más puro clasicismo.
Chambao: A mi me gusta el Chambao de la primera época, electrónica reivindicativa y lenguaje malagueño, por esos derroteros fue su actuación del sábado y me sorprendio que una propuesta de ese tipo fuera tan masiva. Lamari es un animal escénico, aunque para presentar a su gente debería olvidar el acento malagueño ;-)

Salu2 Córneos.

 
At 28 julio, 2008 16:11, Blogger Gubia said...

Mi vergüenza enfermiza me prohibe bailar en una verbena, en contadas ocasiones asoma un tímido paso y sin embargo en una discoteca me puedo volver loca, en fin, que soy complicada en extremo.
Este finde también fuí de verbena, Valen quería bailar y yo enfadada y con mala cara traté de hacer que entendiera que las verbenas son pateticas, aburridas y cosa de viejos....no tengo justificación. Pero admitir mi timidez me cuesta aún más.
Espero que esa sensación de ridiculo tan espantosa tenga cura.
Un abrazo.

 
At 29 julio, 2008 23:15, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Gubia.

Tal vez todo sea cuestión de el lugar: Al aire libre, nones y a cubierto, desparrame ;-)

oHHHHHHH. Nunca hay que decir que no a la pareja cuando quiere bailar, nunca, al menos una pieza y no, no tienes justificación.

Tiene cura, lo tuyo tiene cura: El próximo pasodoble, bolero, cha-cha-cha o lo que sea, baila, baila con Valen y nos lo cuentas aqui.
Yo te espero.

Salu2 córneos y un abrazo.

 

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