La curvatura de la córnea

11 julio 2008

"Cinco Días de Agosto", de Carmen Ruiz


El pasado diez de junio fue la primera vez que sus labios no estaban pintados, quizás porque era tan innecesario en la caseta de la Editorial Eclipsados de la Feria del Libro de Zaragoza como imprescindible para leer poemas al calor de los focos, y yo a Carmen Ruiz Fleta siempre la había visto al cobijo de la pátina de los eventos culturales de calefacción en invierno y aire acondicionado en verano. Aquel día de tormenta prometí empezar su nuevo poemario el primer día del octavo mes, así dicho me sonaba a conjura, pero “Cinco días de agosto” decidió no esperar y hoy he terminado su lectura.
La autora me trata de usted en la dedicatoria que me regaló, para reponerme doy un salto hasta la contraportada dónde se afirma que cinco días no son suficientes para describir un sentimiento pero sí para vivirlo en todos sus matices, y eso es lo que hace Carmen Ruiz Fleta, nos propone una ruta en la que muestra los sentimientos que aderezaron una historia amor. Todos tenemos una historia de amor por contar y la singularidad de la misma no radica en el itinerario, en las etapas por las que circula, esos recorridos suelen ser caminos comunes. La autora nos ofrece una guía, la invitación a zambullirte en una experiencia de cinco días pero, te lo advierto amigo lector, este vía crucis de una semana laborable puede ser engañoso, puede convertirse en un oráculo capaz de demostrar que tu historia de amor, esa por la que aún suspiras, sólo se encuentre a mitad de camino, un trayecto que puede durar entre un segundo y toda la vida.
El yo poético de “Cinco días de agosto” se nos presenta en una piscina dónde una chica de biquini azul mira a un caballero de armadura (Angel Gracia dixit) “Si vienes hasta mi toalla te dedicaré una sonrisa”. La chispa prende en la yesca del primer deseo, una pulsión en busca de la íntima satisfacción del placer “Haz la penumbra y deséame suave, un poco sólo al principio”, pero de inmediato acuden las preguntas, esas que sólo se pueden responder durante las noches amarillas del verano “Acuérdate, amor mío, de contarme breve todas las bocas que has besado” El objeto del deseo como botín y la estabilidad del placer son el mejor caldo de cultivo para la incomunicación, para el vuelo de los pensamientos, una parada que puede durar desde una jornada laboral hasta todas y cada una de las horas del resto de la vida y sólo decir “no espero que me entiendas” El silencio explicitito es, en ese jalón del trayecto, la frontera natural para llegar a la discusión ataviada “con la boca sedienta de argumentos y otra mañana al acecho.”, y del desencuentro de “tus uñas desfilar hirientes por mi pecho”
La primera etapa llega a su final y el amor se refugia bajo el caparazón de “Mejor pasar sin huellas” para regresar al mundo y disfrazarse de “barra libre”, una huida que nada vale porque la amante sólo espera el regreso del amor entre “palabras mordidas y el corazón ensalivado.” Y mientras tanto la vida sigue el curso monótono de los acontecimientos afeados por los vecinos y sus vidas anónimas, ignorantes de la complejidad de sus sentimientos, hipócritas de ascensor y “de sonrisas en el rellano” Un tiempo que llama a los recuerdos de cuando la felicidad era tan simple como para situarse al volante de “un errecinco granate metalizado”, tardes para darse un baño de masas como en “un escaparate” y regresar a “los silencios con demasiadas palabras”, allí donde “Pensaba que era incapaz de entender el mundo sin el abrigo verde de tus ojos” y horas, y más horas, todas las horas, “A esta hora interminable, es ahora cuando más necesito amarte”, la hora de la transformación en “la baba del caracol” que siempre indica “el camino a casa” y, justo antes de terminar con todo, un puntito de decaimiento en el recuerdo de “las primeras veces que trepabas por mis piernas.”
El momento de la ruptura ha llegado entre el recuerdo del pasado y la desorientación del presente. Lo hace “ante el espejo”, un lugar mágico dónde ella decide “que voy a marcharme”, que ya pasó el tiempo de la “prórroga” de un “partido perdido de antemano.” El vidrio quebrado y el amor roto hieren al “deseado”. Pero la primera bala nunca mata y los amantes buscan “por las calles de Nueva York” el último impulso para recuperar lo definitivamente perdido, un viaje tras el cual “se acabará el cuento, y que todas las cosas son ya la última cosa”. Y claro, que una cosa es pensar y otra muy distinta vomitar los sentimientos para mentir sobre ellos, para sobrevivir al ataque de la autodestrucción de “Estoy aprendiendo a vivirme sin ti”, y no saber si vivir o terminar de morir. Ella elige mirar al futuro de “me compraré un palacio verde”, un intento fallido porque los recuerdos vuelven para decirle al oído que “Los días de agosto no se repetirán nunca.”
El acto de valentía que supuso abandonarle no deja un rédito positivo en los sentimientos de la autora, al contrario, la decadencia empieza a rodearla para “A fuerza de ser alimento me he quedado vacía; vacía y seca, cáscara de lo que fui, un rasguño de carne que madruga y desaparece” La autora se asoma al precipicio de la autoinculpación de todos los males, incluida la sequía creativa: “De mi dolor no nace nada” “Las palabras se han ido como te has ido tú y ni escribirme puedo” Pero es una impresión errónea y aquí esta este libro para demostrarlo, las palabras llegaron hasta Carmen Ruiz para encontrar una salida “en el sofá y Calamaro en el oído” pero el libro depara una sorpresa en esa vuelta a lo cotidiano. Un final, querido lector que deberás buscar en las páginas de “Cinco días en agosto” aunque sólo sea para comprobar si el viaje de la autora es el mismo que el tuyo, o muy diferente porque, ya lo sabes, todos los caminos del amor pasan por el deseo, la pasión, la incomunicación, el regreso, las dudas, la decadencia, las palabras y la falta de ellas, capítulos que todos hemos escrito pero que siempre son diferentes, un catálogo de todos los lugares por los que hemos pasado y aún tenemos que pasar, , por las fotos que aún quedan por disparar y por todas las archivadas, por las lágrimas olvidadas y las que vendrán, por todos esos ingredientes mezcladitos en la cubitera que Carmen Ruiz Fleta agita con la elegancia y la brillantez de los XXXII excelentes poemas que componen este libro
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13 Comments:

At 11 julio, 2008 12:40, Blogger Luisa Miñana said...

Más que una lectura de verano, lo tuyo ha resultado un profundo y minucioso ejercicio de senderismo por los recovecos del hermoso poemario de Carmen Ruíz. Carmen. La que canta. La que sube montañas en mitad de la fragilidad. La poeta que que seguro pensó en un lector como tú, inteligentemente emocional, cuando pintaba sus escenas de soledad. Un lector que reinterpreta "pa dentro" y luego pare una otra cosa: con videopoema ya imprenscindible, sí.

Un besote (y semáforo verde, non problem).

 
At 11 julio, 2008 16:26, Blogger Gubia said...

Me fascina que un poemario consiga transmitir tantas cosas, es una lectura que te hace viajar por los sentimientos...me alegro de que así sea. Un abrazo.

 
At 11 julio, 2008 18:04, Anonymous Sara Fedrika said...

Me encantaría comprar el libro. Si puedo lo encargaré en Soria; ahora estoy retirada del mundo en el claustro de mi paraíso particular. Disculpa mi ausentismo.
Una amiga que ha venido de visita me ha dejado un portátil y no he podido evitar darme una vuelta por aquí.
CHIAO!

 
At 12 julio, 2008 11:49, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Luisa.

El libro tiene infinidad de lecturas, como todos, pero en esta ocasión es más evidente, pese a la gran carga emocional y personal que esas líneas contienen y por lo que dijo la autora en la presentación de la FNAC.

Reinterpretar "pa dentro" sería una de las mejores utilidades de la literatura ¿no? y si, el videopoema, mejor o peor, ya empieza a ser un clásico en esta bitácora, seguiremos reblando.

Salu2 córneos y adelante que se pone verde ;-)

 
At 12 julio, 2008 11:50, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Gubia

Estos poemas de Carmen Ruiz son de los que hacen mover conciencias y pensar sentimientos y situaciones, una delecia, un gran libro.

Salu2 córneos y un abrazo

 
At 12 julio, 2008 11:51, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Sara Fredika

Me temo que la distribución en Soria no se la más adecuada para Eclipsados jejejejej tendrás que esperar a tu regreso al charco y disfruta del Paraiso, supongo que los versos no faltaran en tu libreta, los esperamos, siempre los esperamos.

Salu2 Córneos y un beso para la amiga del portátil.

 
At 12 julio, 2008 14:01, Anonymous Anónimo said...

Hola Javier, no vi este video, porque yo últimamente me dedico al poema visual madeinmisfotos.
Maravilloso poema, interpretado por una hermosa voz.
Pronfundo..., poco más puedo decir.

He quitado a mi blog el color morado y le he vestido de azul noche.
Quizá ese era mi poema, como el verde de los sueños de la autora de este libro que pienso adquirir.

Besoabrazo de nuevo.

Montse.

 
At 13 julio, 2008 19:40, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Montse si me permites me pondré esstupendo: Precisamente porque haces videos deberías ver los míos, yo veo muchos, ya sabes, a veces se aprende ;-)

¡¡Qué tienes un blog y vienes hasta aqui de forma anónima!!! Exijo conocer el nombre de ese blog para visitarlo, estoy tan enfurecido que tal vez me meta fuego jajajajajajajaja

Me gusta, me gusta mucho que estas reseñas inciten a la compra de libros, ya ha ocurrido en otras entadas y ME GUSTA.

Pues venga ese Besoabrazo.

Por cierto... te contesto desde la playita.

Salu2 córneos

 
At 16 julio, 2008 11:14, Blogger confesiones de margot said...

Una reseña excelente Javier. Como siempre. Para mí es un libro muy cercano. Y hoy es la virgen del carmen.
un abrazo
octavio

 
At 17 julio, 2008 15:38, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Octavio.

Me devuelves la sonrisa y la moral y el oxígeno, tus palabras son revitalizantes, gracias.
Para mi sólo hubo una virgen del Carmen junto al Cantábrico, en una mesa con sardinas ella reía mientras las ventanas abiertas nos regalaban el olor del mar y el sonido de una verbena.
Aquella noche fui feliz.

 
At 29 julio, 2008 11:23, Anonymous columna said...

Después de vender la casa y reparetir las fotos, y pintar el salón de verde ... todo vuelve, será la infinita caracola que nos envuelve con su baba y nos manda a la telaraña mas cercana?.
Precioso poema.
Preciosa voz.
Besos.
S. Manrique.

 
At 29 julio, 2008 23:16, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Sagrario.

El libro de Carmen Ruiz es todo un hallazgo de principo a fin.
Salu2 córneos y preciosa visita

 
At 25 enero, 2011 14:27, Anonymous viagra online said...

La primera vez que escuche a Carmen Ruiz Fleta leer un poema percibi mucha sensibilidad en su estilo. Es una mujer sumamente talentosa!

 

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