La curvatura de la córnea

29 julio 2008

Acento mutante

La primera mutación del acento de Demetrio ocurrió en las últimas curvas de las Cuestas Blancas, dónde la A-222 une la provincia de Zaragoza con la comarca de las Cuencas Mineras. Los síntomas iniciales fueron un ceceo casi imperceptible que amentó hasta alcanzar la plenitud sonora de un remix arábigo-madrileño en el casco urbano de la localidad turolense de Utrillas.
El fenómeno vocal se repitió con la frecuencia aleatoria del capricho. Demetrio viajó a Lisboa, Marruecos y Asturias sin sufrir alteraciones significativas en su forma de hablar; sin embargo su acento mudó de inmediato en cuanto cruzó el Guadalquivir por el Puente de Triana, o la tarde de invierno que pidió un café en la monumental Plaza Navona con el tono cantarín de los romanos. El extraño suceso a veces sólo duraba unos minutos, como en la Ciudad Eterna, pero en otras ocasiones se alargaba durante varios minutos, como le ocurrió en Sevilla.
Demetrio se levantó preocupado la mañana del pasado lunes. Su empresa había organizado una visita a la Expo Zaragoza para confraternizar entre los distintos estamentos y él había sido uno de los pocos obreros agraciados. No tuvo la valentía para negarse. Estaba aterrado ante la posibilidad de que un inoportuno efecto dominó provocase un cambio múltiple de su acento en cada uno de los pabellones que estaban previstos visitar. Su esposa le tranquilizó con la racionalidad que suelen aportar las mujeres a estos asuntos. «Hasta ahora tus cambios de acento se han producido cuando hemos viajado. La visita de mañana, por muy ExpoInternacional que sea, es al meandro de Ranillas, dónde hace cuatro días tu suegro recogía lechugas. Y deja que te recuerde una cosa, cuando te tomas más de tres pintas con el Señor Guinnes y tus amigos en el Commitments no te cambia el acento, bueno, un poco si, pero esos sonidos que farfullas, cariñito, no son precisamente irlandeses. Y ya sabes lo que dice mi madre» La suegra de Demetrio defendía la teoría de que aquella extravagancia de mudar el acento venía motivada por el cambio de aguas «Nada mejor» afirmaba, «que estar en casa para evitar tantas majaderías.»
La visita matutina comenzó en el Pabellón Kukuxumuxu de Navarra por aquello de rendir pleitesía a la Comunidad Foral dónde radicaba la dirección fiscal de la compañía, continuó en la surrealista burbuja instalada por los austriacos para recordar los orígenes del máximo accionista y terminó, por insistente petición de la señora del Director General, tomando un par de vasos de agua junto a la fotografía de un famoso manantial eslovaco.
La organización del almuerzo corría a cargo de la oficina de Recursos Humanos que había reservado en el restaurante Uruguay Natural especializado en carnes a la parrilla. Demetrio tuvo un arranque de ridiculez no dominada, un improvisado peloteo de supervivencia, un arrebato cantor para entonar la vieja copla de «Al Uruguay, guay. Yo no voy, voy, porque temo naufragar» El chascarrillo fue recibido con carcajadas y más de un directivo alabó su afán por hacer grupo.
Invitaba la empresa y por sugerencia del Contable se eligió el menú de 45 euros. Todos se decidieron por la ensalada templada con queso, filete de vacuno a elegir entre muy jugoso, al punto y cocido, y un tinto Montesierra del Somontano para velar por el orgullo regional de los empleados.
La camarera anotaba la comanda cuando Demetrio notó como su acento empezaba a resbalar hacía los países del continente americano. El aterrizaje lingüístico derivó su caída hasta el lugar previsible que la camarera situó, entre alborozos y con excelente precisión geográfica, en Punta Gorda, un barrio de Montevideo.
Demetrio estaba avergonzado por las miradas de sus compañeros de mesa. El Jefe de Compras afeó su comportamiento por olvidar las raíces imperecederas de la lengua castellana. La Secretaria de Dirección apuntó la inconveniencia de utilizar acentos de extraños lugares por la falta de costumbre de los oídos nativos. El Director General mantuvo un silencio reflexivo, se tomó su tiempo, un tiempo largo, largísimo, unos minutos interminables en los que nadie respiró por temor a molestar los pensamientos de quien les guiaba por la senda de la productividad fetén y los beneficios a tutiplé. Unas palmaditas en la espalda, las tres palmaditas por las que suspiraban todos los mandos intermedios de la compañía. Esa fue la señal inequívoca de su ascenso, el punto de inflexión en la carrera de cualquier empleado. Demetrio había entrado en el círculo de los grandes con acento uruguayo.

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11 Comments:

At 29 julio, 2008 07:39, Anonymous Anónimo said...

Jajja, lo que hubiea hecho mi madre en la expo! Al igual que Demetrio tenía la capacidad de mutar acentos como un don del cielo, el de la ubicuidad. Y le ocurrió desde siempre, según su hermana desde que se fue a servir a Barcelona, y así pasando por todos los acentos españoles, daba rienda suelta al argentino que era la residencia de sus amigos. Me hubiera gustado verla en Caracas en su època de emigrante.

Volviendo a Demetrio, en buen relato, me gusta la frescura de Demetrio.

Besoabrazos.

Montse.

 
At 29 julio, 2008 12:43, Anonymous columna said...

Me cago en el director general de los cojones, qu etendría buen día, que si no, igual lo ponen a recoger vasos.
No me gustan los cuentos de caperucita donde el lobo acaba llevando piel de cordero.
S. Manrique.

 
At 29 julio, 2008 17:04, Blogger Gubia said...

Mi acento castellano de pura cepa en alguna ocasión se desliza como el de Demetrio, ya que veo rodeada de Asturianos y Gallegos en la familia de Valen que me llevan a su terreno casi sin darme cuenta.Un abrazo.

 
At 29 julio, 2008 17:05, Blogger Gubia said...

Mi acento castellano de pura cepa en alguna ocasión se desliza como el de Demetrio, ya que veo rodeada de Asturianos y Gallegos en la familia de Valen que me llevan a su terreno casi sin darme cuenta.Un abrazo.

 
At 29 julio, 2008 18:56, Anonymous laexpodesdeabajo said...

interesantes tus relatos, y curiosa tu fuente de inspiración ;)
gracias por la visita

 
At 29 julio, 2008 23:38, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Montse.

Jope con la familia, definitivamente, ahí tienes una novela.

Me gusta que Demetrio te transmita frescura y te ofrezco un viaje del que no me hago responsable jajajaja.
Te dejo el link al capítulo VI, desde allí podrás enlazarte al capítulo I y que sea lo que Dios quiera:

http://lacurvaturadelacornea.blogspot.com/2006/12/demetrio-aldous-vi.html

Salu2 córneos y recuerda que es un salto en el tiempo de dos años, pido misericordia jajajajaja

 
At 29 julio, 2008 23:40, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Sagrario.

jajajajaja.

Quizás estes pecando de ingenua y esas plamaditas tengan un coste excesivo para Demetrio, precisamente yo creo que ese gesto es la señal inequívoca del lobo escondido debajo de la piel de cordero.
El relato original era más largo y se intentaba contar que le ocurría a Demetrio y su nuevo acento tanto en el ámbito familiar como laboral, pero me quedaba muy largo y farragoso, así que decidí cortar por la huella de lobo.

Salu2 Córneos.

 
At 29 julio, 2008 23:41, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Gubia por partida doble ;-)

Te diré la verdad: A mi me encanta que los acentos se deslicen por mis cuerda vocales.

Salu2 Córneos y un abrazo.

 
At 29 julio, 2008 23:42, Blogger Javier López Clemente said...

Hola laexpodeabajo y bienvenido a esta bitácora.

Gracias por le calificativo a los relatos. La inspiración, ya sabes, viene y va, a veces se escapa y otras se queda aqui al lado.

Salu2 Córneos.

 
At 31 julio, 2008 15:27, Anonymous laMima said...

Me siento tremendamente identificada con Demetrio: también poseo el dudoso don del acento mutante.
Eso sí, no me ha sido tan productivo...al menos de momento, jeje.

 
At 31 julio, 2008 19:33, Blogger Javier López Clemente said...

Hola LaMima

¡A que al final acemos un club llamada Acento Mutante jajajajajajaja!

Lo de productivo, en fin, yo creo que estar por ver, esas palmaditas... yo estaría temblando por el precio, más iva.

Salu2 córneos.

 

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