Fama - El Musical

Supongo que los programadores de eventos teatrales ya saben que cualquier cosa que suene a los años ochenta será un éxito porque los que rondamos los cuarenta estamos dispuestos a imbuirnos en un baño de nostalgia con independencia de los precios de taquilla. Con esa premisa es fácil deducir que un musical titulado Fama en plenas Fiestas del Pilar será todo un éxito.
Mi relación con la escuela de artes escénicas fue televisiva porque visioné la película de Alan Parker mucho más tarde, así que Fama es sinónimo de Coco, Leroy, el profesor Shorofsky, Bruno y el horario de sábado por la tarde. Con ese espíritu acudí al Teatro Principal de Zaragoza.
El musical empezó con algunos problemas técnicos en varios micrófonos, un fallo que se repitió a lo largo de la representación y que impidió seguir con claridad la palabra y las canciones de algunos actores. Y si de actores hablamos la cosa se pone un poco fea. Vimos a grandes bailares ejecutando excelentes coreografías – la sesión de claque que inició la segunda parte fue memorable - , aceptables cantantes defendiendo letras que no eran precisamente un alarde de originalidad, pero actores…, los actores no se dejaron ver en las tablas de Principal. Nada se puede objetar al elenco de artistas que mostró una gran versatilidad sobre las tablas, con capacidad para cantar y bailar en estilos muy diferentes y variados. El problema radicó en la dificultad que conlleva sacar adelante una interpretación cuando el libreto de la obra tiene tan poco cuerpo literario, esa es la mayor carencia de este musical. Los aspectos técnicos de iluminación, música en directo y desarrollo escénico alcanzaron una cota muy alta de calidad, sin embargo la obra se fue al traste porque le faltó musculatura literaria, los números musicales no están enlazados con un desarrollo narrativo convincente, con un argumento que arrastre al espectador, que lo atrape.
Se plantean muchos temas a lo largo de las tres horas que dura el espectáculo: Lo agridulce que puede resultar la vida de los artistas, el duro trabajo que es necesario para alcanzar altas cotas de calidad artística, los prejuicios raciales, la lucha por la identidad sexual, la confianza en ti mismo, las drogas, lo efímero o lo eterno de la amistad, pero se pasa sobre ellos de una manera superficial, acudiendo en exceso a los tópicos más evidentes y a momentos más o menos graciosos. Ese es el factor que dejó a Fama – El Musical en algo lineal y falto de emoción.
Aunque tal vez esta percepción de la obra – visto lo mucho que se aplaudió - sólo sea el resultado de mi cabreo caprichoso porque nadie dijo eso que tanto me gustaba oír cuando se iniciaba la década de los ochenta, ¿recuerdas?: “Queréis la FAMA, pero la FAMA cuesta y aquí es dónde vais a empezar a pagar con sudor” Ay, esa FAMA con mayúscula que ahora sólo se puede escribir con la minúscula de frikis, grandeshermanos y mediocres copando el prime time. Así que, ante semejante panorama, les invito a un baño de nostalgia:
Mi relación con la escuela de artes escénicas fue televisiva porque visioné la película de Alan Parker mucho más tarde, así que Fama es sinónimo de Coco, Leroy, el profesor Shorofsky, Bruno y el horario de sábado por la tarde. Con ese espíritu acudí al Teatro Principal de Zaragoza.
El musical empezó con algunos problemas técnicos en varios micrófonos, un fallo que se repitió a lo largo de la representación y que impidió seguir con claridad la palabra y las canciones de algunos actores. Y si de actores hablamos la cosa se pone un poco fea. Vimos a grandes bailares ejecutando excelentes coreografías – la sesión de claque que inició la segunda parte fue memorable - , aceptables cantantes defendiendo letras que no eran precisamente un alarde de originalidad, pero actores…, los actores no se dejaron ver en las tablas de Principal. Nada se puede objetar al elenco de artistas que mostró una gran versatilidad sobre las tablas, con capacidad para cantar y bailar en estilos muy diferentes y variados. El problema radicó en la dificultad que conlleva sacar adelante una interpretación cuando el libreto de la obra tiene tan poco cuerpo literario, esa es la mayor carencia de este musical. Los aspectos técnicos de iluminación, música en directo y desarrollo escénico alcanzaron una cota muy alta de calidad, sin embargo la obra se fue al traste porque le faltó musculatura literaria, los números musicales no están enlazados con un desarrollo narrativo convincente, con un argumento que arrastre al espectador, que lo atrape.
Se plantean muchos temas a lo largo de las tres horas que dura el espectáculo: Lo agridulce que puede resultar la vida de los artistas, el duro trabajo que es necesario para alcanzar altas cotas de calidad artística, los prejuicios raciales, la lucha por la identidad sexual, la confianza en ti mismo, las drogas, lo efímero o lo eterno de la amistad, pero se pasa sobre ellos de una manera superficial, acudiendo en exceso a los tópicos más evidentes y a momentos más o menos graciosos. Ese es el factor que dejó a Fama – El Musical en algo lineal y falto de emoción.
Aunque tal vez esta percepción de la obra – visto lo mucho que se aplaudió - sólo sea el resultado de mi cabreo caprichoso porque nadie dijo eso que tanto me gustaba oír cuando se iniciaba la década de los ochenta, ¿recuerdas?: “Queréis la FAMA, pero la FAMA cuesta y aquí es dónde vais a empezar a pagar con sudor” Ay, esa FAMA con mayúscula que ahora sólo se puede escribir con la minúscula de frikis, grandeshermanos y mediocres copando el prime time. Así que, ante semejante panorama, les invito a un baño de nostalgia:
4 Comments:
Hoy, se valora lo rápido y fácil. Lo del sudor no se entiende. Mientras, ahí estamos, peleando porque sepan los chavales que el triunfo, se suda.
Hola Mamen.
Es cierto y creo que va a ser un problema en el futuro. Esa idea de radicar el esfuerzo como parte del aprendizaje me parece un error. Además después de sudar de lo lindo, lo habitual es que el triunfo tampoco llegue... y esa es otra: la definición de triunfo.
Salu2 Córneos.
Joer...la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar!!!
Entonces no lo sabía...
¿Tú de qué quinta eres?
Hola María Manuela.
¿La quinta? pues no estoy muy seguro del año que me tallaron como mozo para inscribirme en las filas del ejército, pero nacer, nací en 1965, ya ves, a puntito de cumplir 42 añazos.
Salu2 Córneos.
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