La curvatura de la córnea

02 agosto 2007

Hoy, Júpiter

El reclamo para asistir a la presentación de la última novela de Luis Landero en la FNAC de la Plaza de España fue de muy padre y señor mío. Además de la recomendación del poeta Ángel Gracia, se añadía la presencia siempre magistral de Ramón Acín en labores de maestro de ceremonias.
El evento fue de altos vuelos. Ramón Acín diseccionó el libro con la eficacia de un buen maestro, evocó todas las ambientaciones, mostró el croquis de la estructura, penetró en el alma de los personajes y desgranó con brillantez todas las excelencias de esta obra con la profesionalidad del que ha sido escritor antes que crítico, con el malabarismo hipnótico de mostrar muchas cosas sin desvelar casi nada, una técnica excelente para atraer al lector hacia la novela.
Luis Landero agradeció a Ramón Acín el vendaval de elogios que había enumerado en torno a la consistencia de su obra en general y al de esta novela en particular. El extremeño comenzó su disertación con algo que me parecieron balbuceos, pero no tarde mucho en darme cuenta de lo equivocado de mi apreciación, lo que interpreté como dudas o extravíos, eran en realidad una manera peculiar, personal e intransferible de comunicar pasión, no sólo por la literatura, también por la vida y por cada segundo que tenemos la obligación de aprovechar. Un estilo casi teatral de decir sin decir, del si pero no, y en ese vaivén casi de Dj, trazos, brillos y anécdotas de una riqueza deslumbrante, comienzos que no terminan y dar por sentado los lugares comunes, con la automática satisfacción del oyente que se siente halagado por no tener que volver a escuchar lo obvio, lo manido. Y conforme avanzaba aquella marea de sabiduría vital e intelectual, sentía la necesidad de pasar con aquel tipo todas las horas necesarias para escuchar las mil y una historias que contó y todas las que se intuían. Las maneras, las formas y el contenido de lo expresado por Luis Landero aquella tarde me convirtieron en uno de sus fieles lectores incluso antes de haber leído alguna de sus obras, porque lo confieso con resignación, hasta el día de hoy no había disfrutado de la brillantez de este autor.
Lo primero que me gustó de la novela fue su estructura, dos historias sin ningún nexo de unión y un capítulo para cada una de ellas. Esa distancia argumental me hizo permanecer en alerta. La intuición me decía que en cualquier párrafo se produciría la conjunción de ambas historias.
La preocupación por el armazón narrativo quedó muy pronto en el olvido ante la fluidez del lenguaje, una abrumadora capacidad para narrar con frescura y fidelidad todos y cada uno de los ambientes por los que transcurre la novela, desde la tranquilidad en las estampas evocadoras, pasando por la velocidad de crucero en el desarrollo central de las historias hasta llegar al vértigo cuando las acciones se ven abocadas a un inminente final que se remansa en una deliciosa pendiente. Un viaje que recorre la vida de dos hombres entre el campo y la ciudad, el gozo inocente de la infancia y el complejo territorio de la madurez, el apasionante mundo de la literatura y la pasión por vida, la tristeza del desheredado y el gozo de los triunfadores, pero por encima de todo, este libro es un tratado sobre la mujer, ese ser mitológico, adorable e insustituible que ocupa un lugar determinante en todas y cada una de las fases de la vida de los hombres.

6 Comments:

At 02 agosto, 2007 16:44, Blogger Gubia said...

Sabes? me admira la pasión que le pones a las cosas, todo te mantiene despierto e interesado...te envidio.
Un abrazo.

 
At 02 agosto, 2007 17:32, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Gubia.

La única envidia que puedo generar es que todavía vengas a visitarme para decir cosas bonitas, tú, la más veterana visitante que tiene esta bitácora, que a ella llegaste en su inicios y todavía vuelves para alegrar sus líneas.

Gracias Gubia, consigues abrumarme.

Salu2 Córneos y un abrazo de piedras.

 
At 02 agosto, 2007 19:05, Blogger Fernando said...

doy la razón a gubia...por cierto que últimamente sólo leo poesía..;);)..que raro verdad?...bueno poner pasión es bueno y además haces que los comentarios cobren templanza aunque los ateos tengamos que seguir rindiendonos a la realidad de estar rodeados de un mundo de creyentes frívolos..tú no...tú eres una mirada tendida en la noche..abrazos.

 
At 02 agosto, 2007 19:57, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Fernando.

... no me tientes, no me tientes. Creyente frívolo es lo que a mi me gustaría ser: Olvidado el concepto religioso me encanta el boato y la ceremonia, las imágenes, los ritos, las procesiones y el funeral de Juan Pablo II me pareció un hito de la escenografía... aquel viento azotando las páginas bíblicas mientras las púrpuras cardenalicias se agitaban.
¿Sabes? Durante la semana santa sevillana fui a ver a la Macarena bajo su palio, vestida por el manto, adornos de cera y eso que llaman devoción en la cara de la gente. Con todo mis respetos a los creyentes, que lo tengo y mucho (al fin y al cabo todos acabamos siendo creyentes de algo), aquello fue un espectáculo, ahí en esos moméntos es cuando se destapa el frasco del creyente frívolo.


Sobre la pasión y la templanza, en fin, no todo lo que reluce es oro. Me gusta poner pasiòn a todo lo que hago pero, con los añitos, siempre acabo templando mucho más de lo que había pensado o me gustaría.

Estuve muchos años sin leer poesía, últimamente esto ha cambiado, entre otras cosas gracias a los blogs y la bendita influencia de algnos poetas, pero la novela sigue siendo mi sustento, el terreno en el que me gusta perderme.

Salu2 Córneos y abrazos agnósticos ;-)

Esta noche, después de la hora del bocadillo, cuando salga a la calle para ver la luna menguante, recordaré tus palabras y mi mirada ya no será córnea, será una mirada tendida a la noche. Gracias poeta.

 
At 02 agosto, 2007 21:53, Blogger Clarice Baricco said...

Apuntado el libro.
Siempre es un deleite ir a esos eventos. Bien por ti. Y también por mi que ya me enteré de tu crónica.

Saludos soleados.

 
At 03 agosto, 2007 16:48, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Clarice.

Las presentaciones de libros son un excelente escaparate para conocer al autor de la obra, un canal de comunicación directo.

Salu2 Córneos.

 

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