La curvatura de la córnea

25 agosto 2006

Una noche con Falete

Flash fue el primero que me hablo de la música de Falete «Buen disco» me dijo «aunque creo que el cajón tiene demasiada preponderancia» Esa fue una excelente pista porque a mi me encanta el sonido y la rítmica del cajón. Al día siguiente pude escuchar de un tirón los dos compactos que el cantante ha editado hasta el momento. Racial. Ese fue el adjetivo y de ahí no podía salir. Lo pensé a mitad del primer disco. Racial, nada más y nada menos que racial.
Con estos antecedentes no me podía perder la actuación de Falete en el patio del Centro de Historia de Zaragoza dentro del ciclo noches con sol. (Gracias a José Antonio Casillas que adaptó su horario de trabajo al mío y asistir al evento con comodidad)
Todas las sillas y las mesas ocupadas, unos pocos permanecíamos de pie en mitad del recinto y otros apoyados en la barra. Cierzo flojo y fuerte aplauso con la aparición pausada, gustándose, ajustado a tablas, paradita lateral junto a los guitarristas, desplazamiento con sentido hasta los medios, majestuosa inclinación de cabeza. ¡Olé Falete! así sale al escenario una estrella. Aún no había abierto la boquita y ya me tenía de su parte.
El sonido iba como un tiro aunque el volumen estuviera un poco alto y las guitarras tuvieran una ecualización demasiado metálica, yo prefiero algo más natural.
Todo giró en torno a la voz de Falete que es capaz de hacer suyo un bolero y llevarlo del más puro clasicismo hasta el flamenquito fresco. Canciones desprovistas de filigranas, de arreglos que en vez de tapar huecos ocultan la verdad. Era como si Mónica Molina o José Manuel Soto hubieran abandonado la senda de los violines y los teclados para desmelenarse. Falete dota a su interpretación de una personalidad arrolladora, sin gestos estridentes, contenido en las formas y desbordante en los tonos, en las caricias, en las cadencias. Porque Falete no sólo canta, Dios mío como canta, además siente todo lo que dice y hace participe al público de las emociones que traslada del corazón a la garganta. Se da, y eso siempre es de agradecer. En uno de esos momentos cumbres hizo una revolera con el mantón, el micrófono se fue al suelo y el cantaor continúo sin amplificación en la voz. Impresionante. Yo no había visto cosa semejante desde que la Orquesta Manci tocaba en Utrillas con el Chapito como testigo. Una trompeta en la balconada municipal, la otra en frente, en una ventana de la antigua Fonda del Belles, y todo el público disfrutando de el tema El Silencio con el juego sonoro que iba de un lado para otro de la Plaza del Ayuntamiento.
Hubo dos momentos entrañables que coincidieron con el homenaje a dos de las más grandes mujeres que ha tenido el mundo de la canción. A La Faraona se la alabó en una estrofa añadida a “Ay, pena, penita, pena” y para La Jurado hubo frases de agradecimiento y respeto antes de cantar uno de los temas clásicos en el repertorio de la de Chipiona. “Señora”, con sólo voz y piano, sonó extraordinario hasta en los silencios, silencios de sabiduría, de pararse allí dónde ahí que hacerlo, dejar al público suspendido y retomar la canción.
El tramo final del concierto se convirtió en una fiesta flamenca y gitana. Fue lo que menos me gustó, sin desmerecer las excepcionales voces del coro que dio muestras de un gran nivel, no fue por eso. Fue porque yo quería más Falete, más de esa cadencia que hace de “Teatro” una versión imponente, escuchar todas esas canciones que me arrebatan en disco para disfrutarlas en directo.
El arte de Falete esta a la altura de los grandes de la canción española, de la copla y del flamenco. Con esos tres elementos juega, los combina a la perfección para crear una personalísima visión de la música, del cante y de los sentimientos.

2 Comments:

At 26 agosto, 2006 09:08, Anonymous Anónimo said...

Sonoba increible. La mula ya cabalga hacia mi bajandome su voz. Estoy impaciente.

A la cronica le falta literatura.No es de las mejores que has hecho.

Retruecano.

 
At 27 agosto, 2006 02:07, Blogger Javier López Clemente said...

La crónica se ha quedado muy alejads de lo que vi esa noche. Podría culpar jejejeje a la resaca.
Y claro, claro que le falta literatura, tanta como Javier López talento, snif. Otra vez será, tal vez el próximo 16 de sèptiembre.

 

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