La curvatura de la córnea

27 agosto 2006

Procesión

Los sonidos procesionales eran de charanga. Me asomé al balcón. Era una procesión de verdad, no una procesión de las que suelen ir detrás de una charanga, no, una procesión con peana, beatas, mirones de acera y la Policía Municipal cortando el tráfico. La santa, creo que era santa, era portada por cuatro señoras de mediana edad y cuando descansaba la música lanzaban vivas que no logré entender; yo, por participar gritaba mi ¡viva! con mucha convicción. Regresé a la cama cuando doblaron la esquina y me quedé solo con el cierzo. Sabía que no iba a volver a conciliar el sueño.

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