La curvatura de la córnea

11 julio 2006

La Senda Vilas

Demetrio y su compañera decidieron dejar de luchar porque estaban exhaustos de pinchazos, secreciones y botecitos esterilizados. Fue durante una mañana indeterminada de uno de los millones meses de los últimos lustros, en una cafetería del Paseo Bona Nova de Barcelona dónde las bulliciosas enfermeras desayunaban café con leche y tostadas. Casi no hubo palabras, sólo miradas. Las palabras ya no tenían significado, se habían agotado de tanto usarlas y eso que nunca las utilizaron como misiles de meiosis múltiple, estúpida y egoísta.
En los pasillos blancos e impolutos de la nueva generación de investigadores se sintieron, más que humanos, cobayas. Jeroglíficos incomprensibles, estadísticas frías, decoración neutra y al final del peregrinaje una caja de supermercado dónde sólo se podía pagar en efectivo. Demasiada tristeza para algo que debería bullir alegría, generosidad y entrega.
La preocupación por la decisión tomada tuvo sus altibajos con noches de pesadillas y manantiales de lágrimas para calmar la conciencia y asumir la lotería biológica de lo desconocido. Al inicio de Vía Crucis creyeron que el camino elegido terminaría en una ristra de lamentos nocturnos, ¡qué ilusos! Nada es tan sencillo cuando toda la planificación de tu vida se viene abajo, se desploma, humo gris, niebla y ceguera.
Los brotes de tristeza se fueron espaciando cada vez más, la virulencia disminuía con el tiempo y la normalidad anormal se instaló en sus vidas. Incluso teorizaban sobre el destino y se contentaban justificando su situación con extrañas teorías sobre la ausencia, la soledad y el amor. Estos disparaderos filosóficos solían transcurrir en los nuevos restaurantes de diseño que habían proliferado en la ciudad, con mesas pequeñas de manteles estrechos y platos de las más extrañas formas y colores. Después de la tercera copa de Alquezar o la segunda de un rosado Merlot del Somontano venía el punto álgido de tenemos lo que nos merecemos o me cago en todos los dioses del Olimpo y en la madre que los parió por dejarnos en la estacada que nunca merecimos porque somos unos tipos cojonudos y brindo por nuestro zarandeado amor que nos lleva a las más altas cumbres y a las más profundas simas, allí dónde todo es oscuridad, mezquindad y olvido.
Menos mal que todo se dulcificaba en los postres caramelizados entre helados de queso y un par de cortados pre chuipitos de hierba para él y colores rojos, muy rojos, en las mejillas de ella. Vuelta a casa, a la depredación del sexo más salvaje y creativo, a la mordedura del orgasmo clitoriano primero y vaginal después. Pijama de franela para las noches de invierno y seda sideral para el verano. Un equilibrio de delicada porcelana china, peligroso por ser un camino desconocido, resbaladizo, frágil pero funcional y duradero. Tan duradero que duró hasta ayer.
La nueva senda de la duda vino de la mano del autor Manuel Vilas y su relato “Sombra del paraíso” Demetrio se descojonaba porque el autor estuviese parado en un semáforo, a bordo de un A4 y pretendiese escribir una tesis doctoral sobre el padre del poeta Vicente Aleixandre, no sobre el poeta, sino sobre el padre. La descojonación terminó tras un punto y seguido: “Un hombre sin hijos es sólo hijo de otro hombre: esta idea me parece muy triste.” Se armó de valor y continúo leyendo aún a sabiendas que le dolería: “Cuando un padre se acerca a la cuna de su hijo recién nacido, se acercan también el padre del joven padre, y el padre del padre del joven padre. Es increíble ver cuántos padres se acercan cuando se acerca un solo padre a la cuna de su hijo recién nacido: cónclave de la memoria hecha carne” Y ese fue el golpe bajo que Demetrio no supo encajar porque sólo se había preocupado de justificar a la biología y había olvidado lo más importante: La memoria.
Nadie iba a dar continuar a su memoria, nadie iba a transmitir la memoria de sus antecesores. La cadena rota traería silencio y olvido. ¿Quién coño se iba a acordar de ellos para permanecer siempre vivos?

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6 Comments:

At 11 julio, 2006 23:41, Blogger Gubia said...

Demetrio tiene mucho que contar, que lo escriba y así siempre habrá alguién que recuerde sus batallas...al final es lo que hacemos la mayoría.Un abrazo

 
At 12 julio, 2006 02:02, Blogger Cleo said...

Las personas son trascendentes por definición, no por descendencia (o por la ausencia de ella). Que Demetrio lo tenga presente.


Un abrazo interocéanico

La Reina del Nilo

 
At 12 julio, 2006 16:34, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Gubia.
No estoy seguro. ¿Demetrio contando sus propias cosillas? No creo jajajajaaja, eso, el muy ladino, lo deja para mi, entre otras cosas, porque siempre le pareció un poco cutre ir contando batallitas :-)
Eso si, ese abrazo tuyo, se lo hago llegar.

 
At 12 julio, 2006 16:38, Blogger Javier López Clemente said...

¡Mi querida Reina del Nilo!
Me has dejado sin palabras. Y cuando lo lea Demetrio le va a dar un soponcio. ¡¡Tienes más razón que un santo!! Las personas son trscendentes por definición.
Ay, y ese abrazo interocéanico suena tan inmenso.

 
At 12 julio, 2006 21:00, Blogger Luis Rivera said...

Yo, en el islam, me llamaría Luis hijo de Amadeo padre de David. Luis Ben Amadeo Abu David. Es una forma sencilla de llevar a la memoria más directa en la propia denominación.

 
At 13 julio, 2006 07:04, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Luis y bienvenido a esta bitácora. Es todo un honor tenerle por aqui.
Ya estoy viendo a todos los lectores de esta entrada siguiendo su consejo.
Así que todos los Ben y Abu que escuchamos en las noticias son hijos y padres. Vaya como nuestra terminación en -ez, o la de Uderzo-Goscini con -ix y un montón más que ahora mismo no recuerdo.

 

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