La curvatura de la córnea

13 junio 2006

Sábados de niñero

Empecé a trabajar durante el invierno que cumplí once años. Era un empleo fijo discontinuo que desarrollaba los sábados por la noche en casa de mi hermana. No logro recordar el salario que percibía porque mis motivos para aceptar aquella ocupación estaban muy alejados del dinero.
Siempre llegaba un poco antes de la nueve al portal número cinco de la calle de San Vicente de Paúl y, aunque tenía llaves me gustaba esperarlos sentado en las escaleras. Colgaba los pies sobre un futuro que nunca vislumbré porque sólo soñaba con bailarines, cantantes y actores.
Llegaban puntales del periplo social del sábado por la tarde, de eso se ocupaba mi cuñado, y cenábamos en la cocina, de eso se encargaba mi hermana. Siempre lo hacíamos en animada tertulia y alrededor de una esponjosa, consistente y sabrosa tortilla de patatas. Natalia se dormía en un periquete, los adultos se iban a la sesión nocturna del Cine Las Torres y yo me quedaba al cargo de la casa y de la bebita
Mi sobrina siempre durmió como un angelito y jamás dio problemas. Ese comportamiento fue fundamental para vivir aquellos sábados de niñero con una excitante sensación de libertad que se materializaba en un ritual repetido semana tras semana.
No pasaba un segundo desde que se cerraba la puerta de la calle y ya me había abalanzado sobre el último cajón del mueble que presidía el cuarto de estar. Allí, fiel a su cita, aparecía por arte de Birli Birloque un botecito de apertura fácil con cacahuetes pelados. Sacaba dos posavasos con vistas de Paris — en uno de ellos colocaba un vaso de Dúralex y en el oro una botella de Coca-Cola de litro y medio —, conectaba la caja tonta y me tumbaba en el sofá. Era como llegar al séptimo cielo. Televisión Española entretenía a todo el país menos a mí. ¡Qué mi padre siempre me mandó a la cama cuando las cosas de las 625 líneas se ponían verdaderamente interesantes! Por eso, aquellas sesiones catódicas eran el mejor de los regalos.
***
Mis sueños de estrella del pop germinaban durante el otoño de 1979. El frío del escalón había traspasado hasta el culo, tenía más hambre que un perrico ciego y decidí esperarlos dentro de casa. Conecté el equipo estereofónico y el dispositivo que suministraba sonido a los altavoces diseminados por todas las habitaciones. No tenía muchas alternativas y me decidí por Manolo Otero. Su voz edulcorada y pringosa me conmocionó hasta el delirio de mirarla con desatada pasión.
Estaba sobre la encimera, acostada en un plato de porcelana, sensual y voluptuosa. La tomé entre mis manos y danzamos como si aquella balada susurrante fuese el centro del Universo. Tras el baile, la dejé dónde la había encontrado, me senté a su lado y la miré.
Mis ojos recorrieron su intachable perímetro sin encontrar la más mínima imperfección. Una circunferencia que pronto sería mancillada por el cuchillo: Noventa grados para mi cuñado, otros noventa para mi hermana, veinte para mi sobrina, sesenta para mi y el resto para ir pinchando.
Tuve un insólito arrebato creativo, artístico y pasional. Coloqué cuatro dedos de pan sobre el objeto de mi deseo y ajusté el corte al contorno del cuscurro. El resultado fue un espectacular cuadrado circunscrito en tortilla de patatas. El cuadrado exento del manjar pasó a componer un apetitoso bocata que me comí sin más remilgos.
La andorga llena me dio otra mirada. El hueco perpetrado en la tortilla de patatas se me reveló como un magnicidio. Pánico. ¿Qué hacer? ¿Cómo explicar aquel comportamiento estrambótico? ¿Sería capaz de encontrar algún motivo que justificase la sustitución del tradicional reparto angular de la cena sabatina?
La puerta de la calle hizo sonar su cerrojo. No había tiempo que perder y creí morir. El terror me ayudó a actuar con rapidez y, sin pensarlo demasiado, escondí el desaguisado en uno de los armarios de la cocina.
— ¡Javi, Javi, Javi! — gritaba Natalia — ¡Lo he hecho, lo he hecho, lo he hecho!
Puse mi mejor cara de disimulo y la sonrisa del tío-hermano-cuñado más enrollado
— Nada más verme se ha puesto a ladrar como hace siempre, pero esta vez te he hecho caso. He esperado a que estuviese bastante cerca y le he gritado como me enseñaste.
— ¿Y…?
— ¡Se ha largado pitando! ¡He vencido a Pulga! ¡Yupi Yupi! ¡He vencido a Pulga!
— Eso es una gran noticia — abracé a mi sobrina. — Por fin le has dado su merecido a esa perrilla de tres al cuarto. Ya verás como no vuelve a molestarte.
— Te has dejado encendida la luz del recibidor — dijo mi hermana.
— Es que estaba bailando y he venido a la cocina a beber agua.
— ¿Ensayando con Manolo Otero?
— Si, quiero empezar con las lentas.
— ¿Con las lentas? ¿No eres muy jovencito para pensar en las lentas?
— Es que como el repertorio de cintas es bastante escaso… pues tengo que…
— ¿Qué ha pasado con la tortilla? — Bramó mi hermana.
Mi cuñado desplegó la mesa de la cocina.
— ¿Qué tortilla…? — balbuceé con cara de acusado.
— ¿Qué tortilla? La que he preparado esta tarde y he dejado ahí. — Su dedo índice señaló hacía el plato vacío que descansaba sobre la encimera.
Mi cuñado sacó las servilletas.
— Es que esta tarde no he merendado y…
— ¿…Y qué? — La rigidez se había adueñado de todo su cuerpo.
— Pues que como tardabais un poco…
— Hemos llegado a la hora de todos los sábados.
—…Y yo tenía un poco de hambre.
— ¡Javi! ¡Dime de una vez por todas que ha pasado con la tortilla de patatas! ¡Qué te estás jugando el regalo de cumpleaños!
— Vale, te lo digo pero no te enfades.
— No se si te has dado cuenta pero ya estoy bastante enfadada. Vamos, ¿qué ha pasado con la cena de hoy? Responde si quieres llegar a cumplir los catorce.
— Me la he comido. — Mentí.
— ¿Qué te has comido la tortilla?
— Si
— ¿Qué te has comido toda la tortilla?
— Ya te he dicho que tenía mucha…
— Antonio — miró boquiabierta a su marido, — que se ha comido toda la tortilla.
Mi cuñado colocó los cubiertos.
— ¿Pero en que estabas pensando? Qué hay que tener mucha hambre para comerse una tortilla de seis huevos, mucha hambre o estar un poco atontado. ¿Qué te has comido toda la tortilla? No me lo puedo creer ¿Y que vamos a cenar nosotros? ¿Has pensado que vamos a cenar nosotros?
— Seguro — me atreví a sugerir — que hay algo de embutido en la nevera…
— Pero, ¿lo has escuchado?
Mi cuñado dispuso los vasos.
— ¿Será posible? Pues claro que hay embutido en la nevera y tu tienes una cara que te la pisas ¿Te parece bonito dejarnos sin la cena?
— Mamá — dijo Natalia. — Yo me puedo comer un bocadillo de queso.
— Muy bien hija, muy bien, pero tu tío no necesita que lo defiendan. Vamos Javi, sólo quiero que me digas porque te has comido toda la tortilla… ¡qué te vas a poner malo! Es que no me lo puedo creer ¿Te has comido toda la tortilla?
Mi cuñado distribuyó un plato en cada uno de los lados de la mesa y, en medio, un quinto con la tortilla de patatas transformada en obra de arte.
— ¿Qué significa esto? — preguntó mi hermana.
—Cuadrado circunscrito en tortilla de patatas. — Acerté a decir.
— Sin cebolla — puntualizó Antonio mientras esbozaba una sonrisa.

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12 Comments:

At 14 junio, 2006 11:17, Blogger Gubia said...

Lo tuyo con la tortilla de patatas ya viene de lejos,jajaja. Si algún día nos conocemos ya sé que pinchito tomaremos para rememorar estos momentos de risas al leerte..TORTILLA DE PATATAS.

 
At 14 junio, 2006 12:44, Blogger Ana C. said...

Sé de un sitio, aquí en León, que hacen una tortilla rellena...mmmmm y de otro, en un pueblo no muy lejano, que hacen una tortilla guisada mmmmmmmmmmmmm :-)

 
At 14 junio, 2006 23:15, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Gubia.
Es lo mejor que me podían decir: "Momentos de risas al leerte"
Gracias

 
At 14 junio, 2006 23:18, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Ana C.
En Zaragoza, y creo que en media España, esta el Mesón de la Tortilla. En su anterior ubicación y sin saberlo, estuve cenando el último día que permaneció abierto.
¿Tortilla guisada? eso merece una explicación o un post con la receta.

 
At 15 junio, 2006 00:54, Blogger Ana C. said...

Tortilla guisada

Ingredientes
Patatas, cebolla, huevo y aceite (tortilla)
Vino blanco (1 vasito)
Cebolla, ajo, pimentón
Perejil, azafrán, laurel
Harina (1 cucharada)
Tomate frito (1 cazillos)
Aceite de oliva, sal

Preparación
En primer lugar se prepara una buena tortilla de patatas con cebolla, bien cuajada, para que no se deshaga en la cocción.
En un poco de aceite se pone a freír un poco de cebolla picada, 2 dientes de ajos y 2 hojas de laurel.
Cuándo la cebolla este casi frita, se le añade 1/2 cucharada de pimentón, una cucharada de harina, el vino blanco y el tomate frito.
Después se pone agua, perejil, azafrán y sal.
Se coloca la tortilla en un recipiente amplio y se le añade el guiso, dejándola cocer en esta salsa unos 20 minutos.

 
At 15 junio, 2006 10:59, Anonymous Clarisa said...

Hola Javier,
Me ha gustado lo que has escrito con sabor a infancia y aroma a tortilla de patata. Fíjate que en Madrid está de moda la tortilla, ya que un Restaurante que ha cobrado mucha fama últimamente es "Las Tortillas de Gabino", que te puedes imaginar su especialidad, pero tipo "El Bulli", aunque para mí, que como las tortillas de patata de mamá...

 
At 15 junio, 2006 12:31, Blogger Javier López Clemente said...

Gracias Ana C. por esa receta, no prometo nada pero supongo que ahora debería intentar cocinarla, ¡o mejor!:
Lectores de esta Bitácora, un poco de ánimo y venga... a cocinar la tortilla guisada de Ana C (Ruego nos cuenten sus experiencias en este mismo lugar)

 
At 15 junio, 2006 12:38, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Clarisa, me alegro que te gusten los aromas que circulan en esta bitácora. Gracias.
Ferran Adriá es un genio, y no lo digo tanto por su cocina que, jajajaja, no he probado. Hablo de esa forma de vender, tanto el producto elaborado como la importancia que da a todo lo previo a cocinar, a relacionar otros campos (física, matemáticas, química, filosofía) con la gastronomía.
Supongo que te refieres a su famoso proceso de Deconstrucción de la Tortilla y que no extrañaría qe algún listomuylisto lo este llevando a la tasca y a la taberna.
Como los huevos estrellados de Lucio que ahora se pueden probar en cientos de garitos.
Y con tanta comida me voy que tengo que trabajar de tarde y aún debo elaborar el menú de hoy: Ensaladilla Rusa y filete (grueso) de ternera a la plancha. ¿O debería decir, para quedar mejor, Deconstrucción de Ensaladilla?
jajajajajajajaja

 
At 16 junio, 2006 08:50, Blogger Eva said...

Mmmmm se me hace la boca agua con sólo pensarlo... Me apasiona la tortilla de patatas. Lo mejor es que te la puedes comer a todas horas, caliente o fría. Aunque mi preferida es la de mi madre, pero unas horas después de hecha, está en su punto.


Un beso

 
At 16 junio, 2006 11:28, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Eva y bienvenida.
Lo cierto es que no conozco a nadie que no le guste la tortilla de patatas ( y eso que en esta frase he metido dos "noes" jajajaja)

Caliente, fría ¡¡¡y guisada!!! mira, mira la receta que nos ha dejado Ana C. un poco más arriba de tu post.

jajajaaj, todos preferimos la de nuestras madres menos mi sobrina que, ya ves, prefería la de su abuela, jajajajajaaja
Gracias por la visita.

 
At 16 junio, 2006 21:17, Anonymous Anónimo said...

Leerte es como comer tortilla, ensaladilla, lomo, pollo frito, porron de cerveza con gaseosa y sandia, en Domingos veraniegos bajo los pinares de Albarracin.

Me agrada que tus escritos me alimenten y me devuelvan a una infancia a la que no quiero regresar casi nunca.

Escribir bien es evocar, no te quepa duda.

Retruecano.

 
At 17 junio, 2006 01:04, Blogger Javier López Clemente said...

Hola Retruecano.
Gracias por tus palabras, aunque he tenido un segundo de terror al leer todos esos manjares,-mira que si ahora me exige un texto de cada uno de ellos- he pensado.
Escribir bien... ya sabes mi terror, mi miedo.
Un reto es escribir desde la pura invención, nada de evocación, quizás ese sea el más grave de mis errores a la hora de enfrentarme a esa carpeta verde que tengo escondida... tal vez sea un proyecto demasiado grande para ahora.
La verdad Retruecano es que si tengo alguna patria, es la infancia. La infancia vista desde aqui, tu lo dijiste: La evocación.
Graoias por la visita.

 

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