La curvatura de la córnea

17 marzo 2006

Contenedores

Eleodoro recogió los platos, la fuente de la ensalada, los cubiertos, los vasos, el mantel y las servilletas. Con la misma parsimonia con la que circulaba por la vida fregó la vajilla, limpió la encimera, abrillantó la vitro, recogió todos los enseres y fue a poner su trasero en el trocito de sofá que Elvira no ocupaba. Estaba contento porque había terminado justo antes de que empezara su serie favorita de clase media televisiva.
« ¿Has bajado la basura? » Le preguntó su esposa antes de acomodarse. Eleodoro lo había pensado hacer durante la primera pausa publicitaria que ocupaba más de doce minutos de parrilla. «Bu…bu…bueno, lo iba…lo iba» «Venga, venga, bájala ahora que después te da más pereza»
Obedeció como siempre lo hacía, en silencio y cabizbajo. Cerró la bolsa, bajó las escaleras de tres en tres y cruzó la calle. Al pasar por delante del Bar Miguel comprobó que Tele 5 todavía emitía publicidad y en dos zancadas se plantó delante de los contenedores.
Allí estaba, era muy parecida a la que todavía guardaba en el trastero. Nada que ver con los nuevos troleys que había comprado Elvira, muy prácticos para los modernos aeropuertos pero impropios para ir y venir al pueblo de los suegros.
Tiró la basura y sintió la necesidad de cogerla. Pesaba mucho. Venció la curiosidad de saber que contenía pero no pudo evitar escapar. Dobló la esquina en pijama, con zapatillas de andar por casa y acarreando una maleta que imaginó llena de sueños.

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