Para los
muertos
La tensión
crece como una grieta
en la noche
de la gran ofensiva.
La
fisionomía de la ciudad
es el ultimátum
de los degollados
que gritan a
los cielos: No hay rendición.
Un misil se
estrena en el teatro.
Una bomba
mata a un niño en el parto.
En el
infierno de la desesperanza
no hay
refugio seguro para los vivos,
ni bolsas en
la morgue para los muertos.
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