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18 abril 2026

Alonso Q. Una lectura dramatizada


 

El Enjambre Lab y Teatro Bicho han unido fuerzas para construir una función titulada ‘Alonso Q.’ El método de trabajo para su producción sigue su particular forma de entender las artes escénicas: poner en valor el proceso creativo como el primer paso para que reclamar el interés del público.

La directora María Aladrén y el actor Fran Martínez citaron a una serie de personas para mostrar por primera vez el texto sobre el que va a trabajar la puesta en escena. La idea era realizar una lectura dramatizada con dos objetivos fundamentales: Comprobar si la peripecia se comprendía perfectamente. Evaluar si el texto traspasaba la idea conceptual sobre el que se levanta la función y aterrizaba en la realidad que necesita el escenario.

Patrice Pavise considera la lectura dramatiza como un género situado entre la lectura de un texto y su escenificación, y que cuenta con dos modalidades. La puesta en espacio de una obra sin los aditamentos de vestuario o decorados. La puesta en voz como preámbulo al principio de los ensayos para buscar diferentes tonos de enunciación y entonación cuando los movimientos aún no han sido fijados.

El actor y poeta Mariano Anos escribió en 2018 un artículo sobre cómo hacer una lectura dramatizada. El texto se centra en lo que hemos llamado ‘puesta en espacio’ sin embargo, aunque el evento al que asistí lo podemos considerar como una ‘puesta en voz’, me gustaría rescatar una cita que subraya la importancia de este tipo de trabajo: «La acción de leer es de algún modo, en toda su sencillez y complejidad la acción teatral por excelencia»

Una mesa tras la que se sienta el actor y la directora. Fran Martínez lleva un libreto de papel, María Aladrén un portátil. Él busca los accidentes geográficos del texto para subir, saltar y volar sobre ellos, ella lee las acotaciones con frialdad. Los dos llevan gafas.

Durante los primeros momentos de la lectura temí perderme. Pero solo era la introducción necesaria para establecer las bases de lo que iba a venir, y tras ese puntito de miedo, comprendí que me había precipitado porque la premisa de la historia funcionaba perfectamente. En la cabeza de Alonso Q. irrumpían sin orden ni concierto Quijote, la verdulera, Sancho, un vecino, Dulcinea, y como le pasaba al caballero de la Triste Figura hasta el propio encantador Frestón se pasaba por allí.

La situación enseguida me enganchó y ya no pude salir hasta que de un sopetón llego el final. Ocurrió sin darme cuenta. La historia terminaba en lugar donde la peripecia podría seguir, y eso ya es un buen síntoma.

Pero volvamos al principio, cuando Fran golpeaba la mesa. No estoy seguro si lo hacía por inseguridad o en busca de la energía necesaria para sentir a cada uno de los personajes por los que transitaba. Quizás era la indicación de ese salto. Un alehop, el impulso para vencer la distancia de uno a otro, esa inmensidad entre la ficción literario que coloniza nuestra cabeza, y la realdad que va de un kilo de tomates al rellano..

Los golpes cesaron cuando puso sus manos una sobre otra. Entonces solo se movía el pulgar de la mano izquierda. Arriba y abajo como marcando el ritmo del soliloquio. Él cambiaba de voces pero el ritmo del pulgar seguía ahí, marcando el ritmo. La frecuencia era inferior a la de los golpes y el gesto era mucho más delicado. Comenzaba al inicio de una frase y se quedaba en suspenso. A veces bajaba al final de esa frase, pero otras veces se quedaba ahí, a la espera de la palabra de alguno de los personajes, o para llenar el vacío del silencio.

Cuando Fran cambiaba de voz para mudar de personaje, la expresión de su cara lo seguía. Los labios se retorcían, las cejas se arqueaban y el purgar seguía ahí con su acción de metrónomo caprichoso hasta que se detuvo definitivamente. Entonces supe que tenía que cerrar los ojos. Los abrí de golpe cuando la lectura terminó. Lo supe porque le gesto suave con el que Fran pasaba las hojas devino en un golpe. Abrí los ojos pero no aplaudí inmediatamente porque mis manos se entrelazaron detrás de la nuca para preguntar ¿ya se ha terminado?

Era evidente que tenía ganas de más sobre el devenir de Alonso Q.. una necesidad que voy a saciar en breve. María y Fran va a dar más pasos para compartir el proceso creativo, y han decidido realizar ensayos abiertos a todo el que quiera verlos, para conocer los horarios solo tienes que escribir a teatrobicho@gmail.com. Yo ya he enviado mi solicitud.

2 comentarios:

  1. Hola Señor Clemente.
    Mire, estoy preocupada.
    Leo esta publicación suya, y me hace pensar en que, tal vez, no debería haber estado usted ahí. Me explico: Si luego le toca hacer una crítica de la obra, ya no será usted objetivo e imparcial, y ante todo, debería ser neutral y no estar influenciado por nada previo. Me pregunto qué rigor tendrán sus palabras cuando critica. A veces creo que se le olvida que es el único crítico teatral de Zaragoza. Y no debería ser amigo de nadie porque, a veces, se le ve el plumero. A veces leo sus críticas y creo que les falta bastante criterio, a veces. Pero rebosan literatura, en cambio. Lo digo como lectora, y como público. Usted, no puede estar influenciado por nada, porque se le paga por criticar y por tanto, de algún modo, influenciar. Y entonces ¿A quién creemos? ¿Al que influye, o al que influye al influencer?

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    1. Hola señora preocupada.
      Gracias por expresar su opinión en este blog y vayamos al asunto.
      Le confesaré que no soy ni objetivo, ni imparcial, ni neutral. Lo siento pero eso es imposible. Todo lo que escribo está influenciado por todo lo que veo en el presente y he visto en el pasado, y cuidado, también estoy influenciado por lo que no he visto.
      Creo que ver parte del proceso de producción de una obra es una buena herramienta tanto para el espectador como para el crítico. Ya lo le hecho en otras ocasiones cuando solo escribía en este blog, y me parece un aspecto interesante que me ayuda a conocer el mecanismo de fabricar las funciones, y por lo tanto a comprenderlas mejor, otra cosa es que sea capaz de contarlo o expresarlo.
      Estoy más preocupado por el rigor, en el sentido de acercarme a la máxima precisión para que lo que escribo sea fiel a lo que pienso. En realidad eso es lo más difícil de conseguir, aunque creo que poco a poco me estoy esmerando un poco más, entre otras cosas porque ya me estoy habituando al formato que me exige el periódico, así que bueno, sabiendo que ese aspecto es mejorable, lo seguiré intentando.
      Con respecto al criterio supongo que tiene razón, tal vez tenga poco con respecto al suyo y a otros muchos espectadores, eso sí, procuro aumentar la calidad de mi juicio y discernimiento con algunas lecturas… supongo que ese es un camino que nunca se acaba.
      Le agradezco que aprecie la literatura que pueda encontrar en mis textos, ese es uno de los objetivos cada vez que me siento a escribir, y aunque soy consciente de que muchas veces se queda lejos de lo que me gustaría, también es un camino por andar.
      Discrepamos en cuanto a mi función de crítico, usted utiliza el término influenciar y, no sé, tal vez ejerza alguna influencia, pero en cualquier caso ese no es mi objetivo. Con estos texto solo pretendo explicar (o explicarme) los aspectos de la representación que me han impactado y los que no lo han hecho, y a partir de esas sensaciones personales intentar buscar una explicación. Ese es mi estilo, o mi objetivo, hay otras maneras de enfrentarse a las obras de teatro para hablar de ellas, pero en este caso, esa es mi elección y por ahí voy a seguir.
      Por otro lado, y para terminar, creo que es positivo que me vea el plumero, así ya sabe cuándo tiene que hacerme caso y cuando no tiene que hacerlo. Eso es lo que yo hago cuando leo a mis críticos favoritos.
      Creo que no me dejo nada. Reitero el agradecimiento por enviarme su opinión, y nos vemos en el teatro.
      Un saludo.

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