La curvatura de la córnea

30 junio 2009

Carta abierta al Sr. López Clemente


Madrid, 30 de junio del 2009

Estimado Sr. López Clemente

El pasado fin de semana asistí a las tres funciones que el grupo número uno del Teatro de la Estación, al que usted pertenece, hicieron de “Un cadáver en el salón”, una aceptable adaptación de la obra de Jardiel Poncela titulada “El cadáver del señor García”
Mi nombre es Mirabeau, efectivamente Sr. López, soy el personaje que usted interpretó. Le escribo esta carta porque considero de suma importancia que usted conozca mi punto de vista sobre como me ha construido en el escenario.
Empezaré por la parte externa. Reconozco que su salida a focos me sorprendió, llevaba usted una barba como para llamar la atención pero que estabas más cerca de un enterrador de película del Oeste que de un ciudadano español del primer tercio del siglo pasado. El corte y el estilo de los pantalones dejaban ver las habilidosas manos de alguna modistilla, sin embargo, es impensable que yo acompañara a mi prometida a casa de sus vecinos ataviado con una pajarita tan poco vigorosa, tirantes pinza en lugar de abotonados y una camisa de manga corta, cuando lo correcto hubiese sido la utilización de de la manga larga, gemelos de oro en los puños y una chaqueta como mandan las más mínimas normas de urbanidad, por no hablar de esas ridículas gafas de seguridad que, si estoy en lo cierto, son de uso obligatorio en las actuales instalaciones industriales pero que nada tiene que ver con la época histórica de la obra.
Una correcta elección de vestuario es fundamental para perfilar el personaje, le recuerdo que la vestimenta es lo primero que llega a los ojos del espectador, que son esas sensaciones inmediatas las que configuran de manera intuitiva el personaje y usted, en ese terreno, se equivocó.
Sin embargo lo peor de las tres funciones fue su falta de definición en el terreno de la personalidad. Mirabeau se puede abordar desde diferentes lugares, es un personaje que se puede pintar como el pánfilo más pánfilo, el iluso que no se entera de lo que ocurre a su alrededor pero que termina por caernos bien de tan pánfilo que es. También se puede dibujar un Mirabeau endomingado, estiradote, tan seguro de sus conocimientos que no le importa gastar verborrea sin sentido, un tipo ajeno al rubor, incansable en la confección de párrafos que no dicen nada o, aún peor, que solo dicen lo obvio.
Pero usted no se decidió por ninguno de los perfiles posibles, por eso fue imposible que su personaje respirarse, esa evidente falta de personalidad le impidió construir un armazón sólido, reconocible y con la solvencia de la que hicieron gala la mayoría de sus compañeros que trazaron las líneas básicas de sus personajes, y con ese boceto trabajaron desde principio hasta el final con coherencia, consistencia y continuidad. Usted, sin embargo, se dedicó a ser pánfilo de solemnidad de salida, excesivamente temeroso en la parte intermedia de la obra y, para rematar el desaguisado, intentó convencernos de una solidez masculina apoyada en unos estrógenos que no venían a cuento.
Se dedicó, en resumen, a ejercer de veleta, a ir de aquí para allá sin definición, deslavazado y cometiendo el peor de los errores: Mirabeau es un orador, un rapsoda, para él escribió Jardiel algunos párrafos que así lo identifican y que usted olvidó en más de una ocasión para regalarnos algunas deplorables morcillas de su propia cosecha, esos cambios en el texto de la obra dejaron desnudo al personaje de la brillantez del autor y al amparo de su dudosa capacidad para la creación sobre las tablas.
Sr. López espero que mis apreciaciones no le hayan sumido en la tristeza, la depresión o el odio, al fin y al cabo, son críticas que le lanzo desde el cariño y el respeto debido a las personas que se lanzan a la difícil tarea de interpretar sin tener muy claro la responsabilidad que adquieren para con el público que paga, para con los personajes que sufrimos estos desaires y para con los actores de verdad que tanto esfuerzo les cuesta mantener a flote ese ancestral oficio de procurar el entretenimiento de los demás.
Me despido con la esperanza de que esta carta sea un acicate más que una losa. Continúe en este camino de la interpretación Siga esforzándose como me consta que lo hace en los ensayos, en el camino del trabajo tal vez pueda encontrar los brotes verdes de aquellos que carecen de talento.

Reciba un cordial saludo.

Mirabeau

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27 junio 2009

Donde me Río

La tarde de ayer me invitó a pasear por la margen izquierda del Ebro. Junto al Puente de Hierro me encontré con un podium al que, instado por una bella azafata, podrías subirte y decir todo lo que te diera la gana, un lugar para la libertad de expresión con una sola norma: No vale insultar, un speaker corner´s river a imitación del famoso rincón londinense.
El señor que encabeza con su foto esta entrada estaba dando un discurso para promocionar la AVATA, Asociación anti vegetariana y anti tala de árboles, explicaba lo irracional del desmesurado aumento de vegetarianos en nuestra sociedad y como ese nuevo movimiento afectaba a los números de la carnicería de su tío. En un arrebato amoroso nos invitó a abrazar a algunos de los árboles que nos acompañaban para sentir el fluir de la savia, escuchar todo lo que nos tienen que decir y apreciar que ellos también son seres vivos. Varios de los congregados seguimos sus instrucciones y, para mi sorpresa, abrí un canal de comunicación con un álamo de ribera, tanto me impactó el encuentro que he quedado en volver esta tarde.
Luego subió una señora para protestar por esa costumbre tan zaragozana de no hacer fila en la parada de los autobuses urbanos, en lugar de una cola de ciudadanos responsables, los usuarios del transporte público ya estamos habituados a sufrir esas aglomeraciones desordenadas de picaros que no respetan el turno.
Y me animé. Subí al estrado que se me ofrecía y conté la tristeza con la que había recibido la noticia de la muerte de Michael Jackson, tuve miedo de provocar la risa o que alguno de los que me escuchaban hicieran mofa de mi dolor, sin embargo sentí calorcito humano y eso me llevó a formular una petición a modo de homenaje, dicho y hecho, la azafata, el fundador de la AVATA, la señora de los autobuses, tres señores muy amables y yo mismo nos situamos en posición de baile de los zombies de Thriller. Los altavoces de Le Pastis, una de las terrazas ribereñas del Ebro, nos trajeron las notas de Jacko. La coreografía fue perfecta porque las imprecisiones propias de la improvisación quedaban ocultas tras la humanidad de tan humilde homenaje al desaparecido Rey del Pop.
A mi la experiencia me sentó de maravilla y por eso te recomiendo un gesto de deshogo para decir lo que quieras, protestar, lanzar a los cuatro vientos las palabras de amor que nunca te atreviste a recitar, para todo eso y para todo lo que se te pueda ocurrir, solo tienes que acudir a las 19 horas de cualquier viernes o sábado de julio a la margen izquierda del Ebro, junto al Puente de Hierro.

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26 junio 2009

Michael Jackson ha muerto

Un pakistaní que trabajaba en las minas de Utrillas grabó con una cámara de video de 1979 una de mis imitaciones favoritas de aquellos años: Con pantalones blancos y multicolor camiseta a rayas verticales bailé con el alma “Blame it on the boggie”


Mi sobrina Natalia, desde sus diez años, me contó como la alegría y el miedo se mezclaron cuando vio el estreno televisivo del video de Thriller. Era la nochevieja de 1982 y yo estaba de pachanga verbenera.


La primera vez que vi a Jacko en directo fue en el Estadio Olímpico de Barcelona. Un crío de seis años me dejó embelesado con un Moonwalker de ensueño. Migue y yo pasamos la noche bajo las estrellas en los jardines junto a la estación de tren, allí diseñamos un futuro que nunca fue.


Ahora que volverán a las tribunas los exegetas de lo blanco y lo negro, de lo bueno y de lo malo, ahora te quiero dar las gracias por los buenos momentos que me has hecho pasar en la pista de baile, frente a los altavoces y en las noches de insonmio que he pasado viendo tus videos.

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24 junio 2009

LaMima

Cuando Nacho Escuin me ofreció coordinar Las Tardes de Blog en El Pequeño Teatro de los Libros no tuve dudas sobre quien sería la primera invitada.
Quedé con ella vía correo electrónico en una cafetería y, aunque no nos conocíamos, nos reconocimos a la primera. Recuerdo la amplitud de su sonrisa, de esas sonrisas que te abrazan y ya no te sueltan, como sus palabras.
LaMima comenzó a hablar y todo fue un no parar, ella de parlotear y yo de admirar tanta pasión comunicadora para hacerme comprender que significa ser madre de una niña con acondroplasia.
En medio de aquellas maravillosas parrafadas, LaMima alargaba su mano derecha y tocaba mi antebrazo, creo que lo hacía para cerciorarse de que estaba vivo, que no había caído en un estado de catalepsia, que todavía respiraba entre el maremoto de anécdotas graciosas, términos médicos y chascarrillos domésticos, mediáticos y educativos.
Después de dos horas, mi cortado seguía enfriándose sobre la barra cuando ella miró su reloj, se dio cuenta que llegaba tarde al trabajo, me dio dos besos, se fue volando y antes de salir de la cafetería gritó: “Tenemos que volver a quedar que no me has contado nada de ti”
LaMima no inauguró Las Tardes de Blog en El Pequeño Teatro de los Libros por algunos problemas con las fechas, lo hizo mas adelante. Fue un día memorable con
una maravillosa conversación, como esa otra que tuvimos en un bar del Centro Comercial de Grancasa cuando descubrí en su mirada que, aunque ella estuviese dispuesta, había preguntas que yo no tenía derecho a formular.

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23 junio 2009

Antes y después de la tecnología

“Los Premios Romper Barreras son una iniciativa de Toshiba y BJ Adaptaciones para premiar aquellos proyectos que ayuden a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad mediante el uso de la tecnología.”

“Antes y después de la tecnología” es el proyecto que el Centro de Educación Especial Rincón de Goya ha presentado Los Premios Romper Barreras. Un mensaje audiovisual para evidenciar que el uso de la tecnología puede mejorar la calidad de vida del alumnado, hacer de la tecnología algo sencillo que nos ayuda en el día a día, un guiño que homenajea al cine para explicar las diferencias entre el antes y el después de la tecnología.

Bajo esas premisas, el Centro de Educación Especial Rincón de Goya se ha presentado al concurso con el video titulado “Antes y después de la tecnología”. Un excelente trabajo audio visual que nos muestra como el uso de la tecnología puede mejorar la calidad de vida del alumno, lo hace utilizando guiños al mundo del cine, de una manera divertida y amena nos explica el salto cualitativo que significa el uso de la tecnología a la hora romper barreras:



Espero que te haya gustado, porque la finalidad de esta entrada es invitarte a votar este proyecto y, entre todos, hacer que los alumnos y profesores del Centro de Enseñanzas Especiales Rincón de Goya se lleven la dotación económica del premio para ampliar y mejorar los medios con los que cuentan.

El sistema es muy fácil.
1º Pincha aquí.
2º Solicita la contraseña
3º Comprueba que te llega un mensaje con la contraseña. Tienes que estar atento porque a veces el mensaje entra como spam.
4º Vuelve a la página del concurso y vota usando la contraseña que te han enviado.

Informa a todos tus contactos de este proyecto y anímales a votar.

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21 junio 2009

Cristina Verbena en El Pequeño Teatro de los Libros

Cristina Verbena llegó con sus pasos de tierra que a veces parecían de aire, se sentó delante de la mesa que sueña con ser escenario y esperó a los niños entre adivinanzas de cama, sol y luna.
¿Cuándo fue la última vez que estuviste en un bosque? La pregunta de la cuentera sería retórica pero a mí me dejó suspendido en un pensamiento: No supe contar, ni ayudado por los dedos, cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que estuve en un bosque. Tras esta reflexión urbanita, no me extrañó que los habitantes de los bosques del siglo XXI hayan cambiado tanto como para que entre sus sombras convivan, además del tradicional lobo feroz, una gallina que corren detrás de una oveja, que a su vez corre detrás de un cerdo.
Bosques con caminos de tierra que atraviesan la espesura y llegan hasta una casa de piedra donde una vieja revieja parecía lo que no era con verrugas en la nariz, ropajes negros y los andares renqueantes de quien ha vivido muchos años. Ella aprovechó el miedo que le tengo a las brujas, me paralizó, se acercó hasta mis orejillas y me contó la historia muda de un dragón que soñaba con el oficio de tobogán.
Bosques que se desparraman sobre un acantilado, o descansan al borde de una playas donde una barquita me invitó a navegar entre las preguntas a las que todo buen detective se tiene que enfrentar ¿Cuándo, cómo, quién y por qué puso sal a la mar?
Bosques habitados por mega súper madres chillonas, de esas que siempre quieren tener la razón, madres con libros en las manos que ellas creen collares, cinturones y acordeones. Libros mutantes que se despliegan, se estiran y encogen, libros juguetones para cubrir la calva de los papas, historias dobladas que terminan en cualquier página y comienzan en cualquier lugar. Libros que no lo parecen pero que si lo son.
Bosques habitados por elefantotes con ritmo de tambaleo, jirafas de cuello largo y elefantitos tambarileros, chispas de trabalenguas cortitos, largos y de postín y entre unos y otros, María Sarmiento que fue a cagar y se la llevo en viento.
Cristina Verbena guarda todos esos bosques y unos cuantos más en una caja de madera que lleva de aquí para allá. El sábado pasado estuvo en El Pequeño Teatro de los Libros con sus andares saltarines de aquí para allá y a la pata coja, con sus ojos de anemia que irradian felicidad y la jacarandosa virtud de una garganta que habla como las liebres, protesta como un hipopótamo y canta con la dulzura oriental de quien disfruta con cada una de las palabras que conforman sus cuentos, que uno no sabe muy bien si nacen verbeneros, africanos o bajo el delantal de su abuela.
Dicen por ahí que si estas atento, se la puede ver debajo de las choperas a la vera de los ríos, a la sombra de los pinos mientras refresca el gaznate con agua de búcaro, o en el centro de un corro formado por niños con orejas de escuchar, ojos de ver y latidos del corazón para imaginar bosques con gallinas, viejas enlutadas por mil historias y un capitán barbudo capaz de salar el mar.

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20 junio 2009

Pandora, un poema de Paula Martínez

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19 junio 2009

ETA NO ETA EZ


17 junio 2009

Un minuto con Pedro Andreu


Aproveché el intermedio entre la actuación de Gush y el ídolo Adanowsky para ir al ambigú del Teatro de la Estación y pedir unas cervezas. Yo solo era el transportista, David Ramón era el que invitaba.
Pedro Andreu apuraba trago mientras el camarero abría los cinco quintos que yo le había pedido. Estuve a punto de callarme pero, con la normalidad que negaba las pulsaciones de mi corazón, pregunté al batería de Héroes del Silencio que le había parecido la actuación acústica de los franceses.
Estaba encantado, habló sobre la importancia de mantener la esencia, la sencillez, el lugar donde todo comienza, un material frágil y muy difícil de trasladar desde el local de ensayos hasta un escenario. Fue entonces cuando confesó que era la primera vez que visitaba el Teatro de la Estación, y cuanto le había gustado aquel recinto tan cercano, sencillo y acogedor.
El murmullo de la sala fue la señal de que el concierto iba a continuar pero, antes de regresar a nuestras butacas, Susana Mazo tuvo la amabilidad de disparar la foto que encabeza esta entrada.

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15 junio 2009

Adanowsky, el ídolo

Fotografías de Javier López con la cámara de Carolina Kuhl


El Teatro de la Estación de Zaragoza albergó en el día de ayer la actuación del Adanowsky, una marca que ya es toda una declaración de principios al mezclar, Dios mediante, el nombre del primero de los hombres, y un apellido paterno con tanta repercusión mediática.
La fiesta comenzó con el grupo francés Gush. Cuatro voces, una guitarra y palmas. Eso fue todo lo que necesitaron, además de toneladas de talento, para desgranar la esencia de la música pop con melodías tan sencillas como eficaces a la hora de conectar con el público. Cuatro tipos bien juntitos frente al micro o al otro lado, entre el publico para regalarnos calidez sin amplificadores y la esencia destilada de quienes disfrutan con el oficio de emocionar a través de una canción, un excelente recordatorio del poder balsámico de la música, de esa extraña corriente que circula entre quienes nos regalan una melodía y quienes estamos dispuestos a dejarnos llevar por la incomprensible magia de mecernos al arrullo de las notas. Pero lo mejor aun estaba por llegar.
Los chicos de Gush cambiaron su aspecto ataviados con unas chaquetas blancas de lentejuelas que —y no me pregunte como se destiló esa imagen en mi mente — me recordaron a los momentos mas gloriosos de Tequila. Adanowsky se hizo dueño y señor de la escena. Empezó potente con petición de amor incluida, nada de simbolismos, besos para todos los presentes, uno por uno y desde ese gesto todo fue comunión con el público.
El concierto tuvo tantas variantes que es imposible definir una sola línea, fue una invitación para inventar etiquetas del tipo rock cabaretero, crooner funky music y boleros incestuosos para no dormir. Adanowsky nos contó el mundo desde el prisma irreverente de su mirada y nos invitó a entrar en sus sueños a través de miradas cómplices, el ejercicio del voodoo y el despliegue de sobradas facultades interpretativas, un espectáculo en el que colaboró un personaje mutante muy cercano al Popotxo de la Orquesta Mondragón. Mecanismos de representación que parecían frutos de la locura, la improvisación o un evidente y anárquico desparrame escénico, pero eso eran solo las apariencias porque durante mas de dos horas no hubo ni una sola nota discordante. Adanowsky y los chicos de Gush ejecutaron con brillantez y eficacia todos y cada uno de los temas, nos mostraron la contundencia del que tiene un suculento tesoro musical para navegar sin problemas por todos los ritmos que nos ofrecieron, y me temo que por cualesquiera otros que se propongan, nos regalaron notables solos de batería, guitarra y piano, rock-pop-funky-bolero y soul bajo la patina desenfadada de quien se lo esta pasando de perlas y, por lo tanto, consigue que el público se lo pase cañón, abandone las butacas del teatro para bailar, saltar y desembarcar sobre las tablas del escenario para conseguir que la fusión entre artistas y mortales sea mucho mas que una frase.
La actuación de Adanowsky fue una gozada, apabullante, sudorosa y energética, una propuesta musical fresca, inteligente y capaz de generar tantos megavatios que podríamos cerrar de una tacada todas las centrales nucleares de este país.

video


Grabación video: David Ramón
Gracias a Susana Mazo

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14 junio 2009

Hellville de Luxe Tour en Zaragoza


El bochorno zaragozano no terminaba de romper en lluvia, así que agradecí el sistema de aire acondicionado del Pabellón Príncipe Felipe. Faltaba media hora para el comienzo del concierto y había media entrada de lo que iba a ser un lleno de esos de no rebosar.
La ronda de cañas de las nueve y cuarto me trajo un presentimiento, esas mariposas que se posan en el estómago y anuncian un buen concierto:
José Ramón estaba en el palco, en frente, Luís Roser bebía cerveza en un vaso de litro, Agustín Martín me deseaba vía SMS una buena velada y Carolina Kuhl hacia lo propio, además de envidiarme, desde un ambigú al otro lado de la ciudad, Félix Valle agitaba la bufanda del Real Zaragoza para celebrar que el equipo de fútbol de la ciudad ha regresado Primera División y Susana Mazo, desarmada sin sus rabiosos rizos rojos, serpenteaba nerviosa dentro de un mini vestido negro.
El concierto comenzó puntual y sin dudas: Imágenes setenteramente psicodélicas en las pantallas, el guitarra con el gorro rojo de un cowboy,
Betty Page subiendo la tensión y en los altavoces música fronteriza, aullidos del desierto, un desierto ocre de capitanas cabalgadas por el cierzo que tan pronto era monegrino como mejicano, viento, arena y rockandroll.
Llegó, como lo viene haciendo desde hace demasiado tiempo, esa transformación cabaretera que tanto emocionaba hace tiempo, que fue un gran descubrimiento pero ahora, por ayer y por todo lo que nos queda, ya no me gustan las cortinas granates, las lámparas de saloon y Bunbury revestido con la boa que ayer fue negra como otras veces fue roja. No, no quiero volver a escuchar el sonido que antaño fue cabaretero, nómada y festivo, y que terminara derivando, al mínimo descuido, en pachanga, porque ayer estuve a punto de hacer la cadeneta como si estuviera en la plaza de mi pueblo. Entonces recordé la máxima que mi sobrina Natalia me enseñó, ella no estaba en el concierto y fue mi garganta la que se elevó sobre el público enfervorizado para gritar con toda mi alma de fan: Bunbury queremos rockandroll.
Y Bunbury me hizo caso porque, aunque con la boa sobre los hombros, las cortinas a la espalda y la lámpara retro colgada sobre su cabeza, la potencia rockera volvió al escenario,“
Infinito” se transformó en un blues y los grandes temas de cuando Bunbury se cuelga la guitarra derivaron en otro homenaje al Oeste, a Las Vegas, al telepredicador tocado por la mano de Dios capaz de elevar el Aleluya de quienes estamos dispuestos a bailar durante todo el tiempo que haga falta.
Casi siempre he escuchado el disco Hellville de Luxe al volante de mi coche, ahí, a ciento veinte kilómetros por horas, esas canciones son asfalto y gravilla. Desde el asiento de conductor, con las manos al volante, he soñado miles de veces transformar esos temas en pasitos de cumbia con la cintura de micielocariñotesoromiamor alrededor de mis brazos. Gracias Bunbury por hacer posible mis sueños.
El sudor amenazaba con deshidratarme cuando entre la marabunta de estrógenos surgió una figura imponente. En su mano un litro terciado de cerveza, en sus ojos el brillo de antes y en su abrazo el coro de la amistad para cantar con el alma en vilo eso que ya sabíamos pero que a veces olvidamos: Solo tenemos que esperar porque siempre llega
el viento a favor. Alejandro Pastor, con su presencia, compañía y complicidad, me hizo un regalo que no olvidare.
Y de ahí todo para arriba hasta que el maestro de ceremonias determinó que un vals suavecito era la mejor manera de terminar otro de sus fastuosos conciertos, una nueva muestra de versatilidad, entrega, pasión, profesionalidad y el sonido brutal de un Hammond.

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12 junio 2009

La Cautiva, una narración de Rabanaque + Al Fandun + Zombra

El poeta Daniel Rabanaque subió el pasado jueves al estrado de la Sala Morrisey de Zaragoza en compañía del dúo de percusionistas Al Fandun, una enigmática bailarina oriental con los cabellos rubios, la guitarra y la voz de Gustavo (Don Nadie) y los aliños visuales de Fernando y Carlos de Zombra, una mezcla ideada para narrar la historia de “La Cautiva” según una creación literaria de Gustavo Martín Garzo.
El evento comenzó con el vaivén de una danza entre telas de seda y piedras preciosas ensartadas en el ombligo. El baile sirvió de puente, de oxigeno, el sinuoso paréntesis para reposar todas y cada una de las historias que a la postre fueron una.
Rabanaque con el pelo rapado por el calor, camiseta azul y pantalones tan negros y amplios que le conferían una silueta oriental, la respetable estampa de quien te va a contar un cuento y, tal vez por eso, su voz de cuando es poeta que recita al amor, exalta la vida y exige los cambios sociales que nunca veremos, se vistió de narradora para, descalzo sobre el estrado, invitarnos a un viaje hasta el reino de los sueños, atrapar nuestros deseos y traerlos de este lado. Un baño que empezó en la planta de los pies y terminó cuando el agua llegó a los hombros y una energía que vaya usted a saber nos hundió entre la olas hasta llegar al otro lado del hilo de seda donde alguien colgó nuestras fantasías.
Rabanaque avanzó por la historia con chispas en sus ojos que nunca me miraron, cadencia en las sílabas, su imponente presencia tan austera en lo formal como potente en el mensaje, los brazos que se alargaban, se encogían y hasta dibujaron alguna pirueta, los requiebros en mitad de la frase que remontaban el tono y daban aire a la historia de “La Cautiva” Un juego de intenciones que me ayudó a recuperar la infancia con noches de verano al cobijo de los plataneros, cuando el verbo de los rudos hombres de las minas se suavizaba al fresco de la luna para contar andanzas que comenzaban reales, crecían inventadas y terminaban en muestrario de sueños, deseos y ambiciones.

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11 junio 2009

Olga Román & LIPA en el Teatro de la Estación

Hubo un tiempo al comienzo de los años ochenta donde rockanrolear era la norma y era una delicia que tu novia tuviera querencia por los canta autores, así descubrí discos como “Entre amigos” de Aute, surcos dónde ya se escuchaba la voz de Olga Román, diez años después — tras afianzar sus estudios musicales en el Berklee College of Music de Boston —se la llevó Sabina de gira y aún esperamos otra década para que sacara al mercado el primero de sus dos discos, con el tercero en la cocina.
Olga Román se presentó ayer en el Teatro de la Estación de Zaragoza dentro de la programación de Artistas en Ruta, lo hizo acompañada por un combo de nueve alumnos del Liverpool Institute for Performing Arts en lo que ha resultado ser un excelente experiencia de trasfusión musical y generacional que cada año une a un artista español con un grupo de músicos de la citada escuela, alumnos jovencísimos que ejecutan con brillantez los temas de Olga Román.
El primer sobresaliente de la noche fue para los técnicos que nos regalaron una excepcional calidad en un sonido limpio, agradable, modulado con gusto y dejando a cada uno de los instrumentos su espacio. El segundo para los alumnos, cuatro cantantes a los coros, guitarra española, bajo, batería, teclados y guitarra eléctrica que demostraron una excelente capacitación musical. El tercero fue para la inspirada voz Olga Román, diáfana en el fraseo, con cuerpo, una gran voz que nos regaló pasajes de la vida cotidiana, caminos abiertos a los sueños y la esperanza de que, pase lo que pase, la solución siempre esta en el camino. Preguntó varias veces por la situación emocional y hasta por el confort del público que respondió lo agustito que allí estába hasta que la cantante, bregada en mil batallas, confesó esa mínima inquietud de ver, pese a su miopía, al público tan cerca, respirando con ella. Pero esa preocupación pasó al recuerdo cuando, cansada de sus tacones, descendió de ellos para regalarnos sus pies desnudos y dos canciones extras, durante las cuales me pregunté que ocurriría si alguna vez Olga Román, en lugar de escondernos su mirada, nos contara sus historias, además de con la brillantez de su voz, con la sabiduría de su mirada siempre oculta, concentración con párpados cerrados y el público hechizado con las manos rotas de tanto aplaudir.

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10 junio 2009

Has deslizado un beso, un poema de Miguel Angel Yusta

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07 junio 2009

Pánfilo

Mi profesor de teatro me dijo «Eres un pánfilo» Vaya novedad, pensaran algunos lectores de esta nota. Jesús Bernal no se refería a mi persona, él trataba de fotografiar a Mirabeau, el personaje que tengo entre manos, un tipo con el que he jugueteado durante varías semanas. Los martes lo hacía estirado y endomingado, los jueves engolaba la voz con resultados tan nefastos como gallear en cazurro y mariposear con dudoso gusto; y en mi casa, frente al espejo del baño, lo imaginaba cegado por el orgullo del que se cree guapo y conquistador, ensimismado en la pedantería barata de un barrio de clase media o como el tonto que hace tontear aunque a la postre, como en la obra, no se entere de nada.
«Eres un pánfilo al que le gusta recitar versos, no es tan difícil» La ampliación era innecesaria, pero mi profesor aprovechó la afición del personaje Mirabeau a “recitar párrafos” para lanzarme una puyita a costa de los paseos que dan algunos versos por esta bitácora.
Yo escucho la palabra pánfilo e inmediatamente pienso en el actor Gabino Diego y su papel en la película “El Rey Pasmado”. Así que me sumergí en andares zangolotinos, expresiones bobaliconas y los gestos pavisosos de un arenque. Jesús Bernal me dejó hacer durante el ensayo de los dos primeros actos y resumió «Eres un pánfilo, no un tonto de tomo y lomo»
Desde entonces he probando otras alternativas pero el resultado sigue siendo poco satisfactorio. El último día de clase tuve un ramalazo a lo Antonio Ozores, cuando me había propuesto destilar la esencia de Steve Urkel.
Estoy preocupado. Llevamos mucho tiempo de ensayos, faltan pocos días para la representación y aún no he encontrado el perfil con el que enfrentarme a Mirabeau. La situación es incómoda, en esta indefinición pierdo confianza, pienso demasiado en como construir la mecánica de los movimientos, en como dar sentido a mi situación en escena, entonces el texto se traba más de lo habitual, pierde ritmo y la poca gracia que puedo aportar.
La situación era insoportable y esta mañana he tomado una decisión con la esperanza de captar el alma de mi personaje. El experimento ha consistido en cambiar mi proceder diario por el lenguaje que Jardiel Poncela escribió para el pánfilo de Mirabeau.
El debut fue en la panadería. Estaba nervioso, la primera frase siempre es la que más me cuesta, así que, cuando me tocó la vez, la dije de tirón mientras me embarullaba con las monedas para pagar los setenta y cinco céntimos que cuesta la barra de pueblo «Mucho y muy elogiosamente he oído hablar del pan de esta hermosa tahona del barrio de Las Fuentes, pero por mucho y bueno que haya oído, espero que la realidad superará a todo cuanto de bueno y de mucho me dijeron.» La panadera no se inmuto, simplemente me dio las gracias con la misma sonrisa de todos los días.
«Buenos días Vicente» le dije al camarero del Bar Miguel. « ¿Javi, un cortado? » me respondió. «Si, un cortado. Un cortado de esos que merecen las fanfarrias de las trompetas que preceden a la fama de los hosteleros, aunque los grandes camareros como tú, Vicente de los almuerzos copiosos, las cañas fresquitas y las fiestas del Que Pues , van por delante de la fama» Vicente dejó el cortado sobre la barra y me preguntó lo de casi todos los días de la semana del turno de tarde «¿Panceta con pimientos, o tortilla de chistorra?
Estaba claro que mi plan no funcionaba, así que decidí ser mucho más agresivo. Sopese las posibilidades. Mi última esperanza era el quiosquero al que abordé por sorpresa «Entro a su humilde morada con el ímpetu del agua que conforma la corriente de los ríos. Alguien busca noticias, yo busco noticias, aquí encontraré noticias ¿y qué? ¿Qué son las noticias sin los arabescos floridos que adornan la puerta de este precioso quiosco, de la sin par distribución estética del escaparate mejor surtido de la ciudad con revistas juveniles, libros de ocasión y esa noble caja de blandiblú? ¿Qué tiene este hermoso lugar donde conviven el rumor contrastado, la apasionante crónica rosa y el despliegue mayestático de los políticos con su inteligencia moral, económica y social? ¿Qué son las noticias? Las noticias no son nada sin su presencia, sin su constancia, sin la permanente abnegación que tanto adoro en usted señor quiosquero, el hombre del barrio a quien yo más quiero»
El quiosquero dejó sobre el mostrador la habitual triada de periódicos deportivos, me devolvió el cambio de diez euros y se zampó de dos bocados un donuts de chocolate.
La falta de resultados tras la ejecución de mi nuevo comportamiento fue una decepción que duró hasta que me caí del guindo. ¡¡La novedosa conducta en busca del proceder de Mirabeau no había dado resultado porque, ay Dios mío, era el mismo comportamiento que yo gastaba con mis vecinos!!
Tan negativa revelación me disgustó por poco tiempo, al fin y al cabo me facilitaba las cosas: No necesito actuar para hacer el papel de pánfilo, tan sólo tengo que subir al escenario y ser yo mismo.

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03 junio 2009

Faros 4, un poema de Fernando Sarría

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